En el turbulento y gélido mar del norte navega un barco que solo puede tocar puerto cada siete años. Daland, un marinero, se encuentra con el capitán de este navío fantasmal, que le ofrece todos sus tesoros a cambio de una mujer que le sea fiel. Él, obnubilado por la idea de una riqueza que parece infinita, ofrece la mano de su hija, Senta. Así comienza una de las historias que más ha marcado los programas de ópera a nivel mundial desde su estreno en 1843. El viento y las olas son el escenario para la historia de “El holandés errante” que ha sobrevivido a la prueba del tiempo y que esta semana llegó por primera vez a Colombia.
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La ópera de Richard Wagner, que se estrenó el pasado 19 de febrero y tendrá su última función hoy en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, es protagonizada por Valeriano Lanchas, Betty Garcés, Gustavo López Manzitti, Hernán Iturralde, Hans Ever Mogollón y Ana Mora. La producción cuenta con la dirección escénica de Marcelo Lombardero y la dirección musical de Stefan Lano, con la participación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) y el Coro Nacional de Colombia.
Se trata de un hito en la historia de las artes escénicas en el país, pues es la primera vez que esta se podrá disfrutar en su totalidad en un teatro en el país. Según relató Lombardero en entrevista para EL ESPECTADOR, fue una de tantas iniciativas que frenó la pandemia, pero que ahora por fin logró materializarse. “Este proyecto nació como una producción del Teatro Municipal de Santiago de Chile, que iba a estrenarse antes de la pandemia, pero que finalmente solo se logró hacer hasta noviembre de 2024. A partir de eso, hemos querido llevarla a otros lugares del mundo”, explicó.
“El holandés errante” ha pasado por otros lugares como Tenerife, en España, e incluso Lombardero explicó que la mitad de su equipo se encuentra actualmente en Palma de Mallorca, donde se está llevando a cabo el mismo montaje que aquí. Se trata entonces de un movimiento internacional que ha requerido la movilización de alrededor de 400 personas, entre actores, directores, músicos, técnicos, vestuaristas, etc., y que esta semana por fin vio el telón levantarse frente al público.
Ahora, esta ópera que se presenta en el Teatro Mayor es la misma que el compositor alemán creó en 1843, pero según expresó el director hay varios elementos que quisieron impartirle para guiar la experiencia del público en otra dirección. “Nos parecía que no teníamos que contar la historia del holandés, sino la de la protagonista femenina, de Senta. Es a ella a la que le pasan las cosas. Entonces para nosotros esta obra no habla de un pobre marinero perdido, sino de una mujer que se niega a crecer y vive aferrada a una fantasía porque no soporta el entorno patriarcal, violento y machista que la rodea”, contó Lombardero.
Este punto requirió de un trabajo psicológico del director con cada uno de los artistas. Por ejemplo, Valeriano Lanchas, el encargado de interpretar a Daland, contó que el director le pidió “un lado más oscuro” de su personaje. “Marcelo (Lombardero) convierte esta leyenda en toda una disertación psicológica y un problema humano para cada uno de los personajes, todo esto de la mano de la música y de la mano del texto. Porque no se trata de cambiar la obra, sino de leer más allá de ella”, contó Lanchas.
Y este no es un punto menor, pues según coincidió también el director escénico, la música no es simplemente un acompañamiento de la obra, sino que es la que lleva la fuerza dramática todo el tiempo. “La música aporta subjetividad; aporta un ‘condimento psicológico’. ¿Qué quiere decir esto? Que los personajes no solamente dicen lo que dicen, sino que eso está complementado por una subjetividad que está dentro de la música, porque en ella está precisamente todo lo que no dicen”, afirmó Lombardero.
Este fue un reto que tuvo que asumir Stefan Lano, director musical de “El holandés errante”, pues debía lograr que su dirección no solamente hiciera que la orquesta tocara las notas correctas, sino que fuera capaz de imprimir esa emoción y de complementar las voces de los cantantes en todo momento. “Un director de orquesta no es solamente alguien que toma una batuta y marca el tempo. A veces hay que ponerse en frente de la orquesta, llamar la atención y darles un impulso. (...) Mientras más grande sea, más emoción se va a poder exprimir de la audiencia”.
Lano también explicó que no se trata simplemente de tocar más fuerte, porque parte del trabajo de la orquesta es acompañar las voces de los artistas sin llegar a opacarlas. “La dificultad no está solamente en la partitura, que ya es difícil para la orquesta, sino en lograr un sonido masivo, grande, y a la vez transparente. Si la orquesta toca así, el público va a poder entender las voces”, agregó el director musical.
Así como los fiordos noruegos y el mar enfurecido inspiraron a Wagner para escribir esta ópera, la diseñadora de vestuario argentina, Luciana Gutman, tomó como base el frío y el efecto del agua en la ropa para las presentaciones en Colombia. “Nosotros miramos un poco el frío, las geografías, pero tiene algo de latinoamericano este holandés. Es una historia universal, pero decidimos contarla más cerca de nosotros con un giro a esta narración fantástica: algo más de realismo que nos interpele como sociedad”, aseguró.
El “sabor” latinoamericano que quisieron incluir en esta ópera se relaciona con una fábula similar de Chile, el primer país en el que se estrenó esta producción. Para Gutman, en el vestuario, esto se tradujo en las lanas y los tejidos, que hicieron que la historia del marinero errante se sintiera más cercana a nuestras latitudes.
Esta obra que convirtió a Wagner en poeta trascendió las barreras del tiempo y “El holandés errante” se convirtió en una pieza recurrente en los teatros y casas de ópera más importantes del mundo. Ahora Colombia se suma a ellos con una producción en la que hay casi 100 personas en escena.
El mar, la tormenta y el amor: la inspiración de Wagner
Los orígenes de la ópera que se estrenó en Colombia el pasado 19 de febrero se remontan a 1839, cuatro años antes de su estreno en Dresde. Para ese momento, Richard Wagner vivía en Riga y, mientras fungía como conductor del Teatro de la Corte de esta ciudad, adquirió múltiples deudas que no pudo pagar, lo que lo llevó a la fuga con su esposa Minna.
Un primer intento de escape se vio frustrado por las autoridades que decomisaron sus pasaportes antes del viaje, por lo que la huida a París tuvo que ser ilegal. Un capitán accedió a llevarlos en su barco hasta Londres sin identificación y, entonces, el mar arremetió con toda su fuerza, haciendo que un viaje de ocho días se convirtiera en uno de tres semanas que incluyó una parada en Noruega. Durante su corta estancia en la ciudad de Sandwike, Wagner leyó por primera vez la leyenda de este marinero condenado por blasfemia a navegar eternamente.
“El viaje por los fiordos noruegos produjo una maravillosa impresión en mi imaginación; la leyenda del Holandés Errante, que los marineros verificaron, adquirió un colorido distintivo y extraño que sólo mis aventuras en el mar podrían haberle dado”, escribió Wagner en su autobiografía.
La llegada de los Wagner a París no fue la mejor, cayeron en la pobreza y al compositor le costaba encontrar trabajo. Decidió crear una nueva pieza para vender a la Ópera de París. Recordó la leyenda que escuchó en Noruega y la historia satírica contada por Heinrich Heine en “Las memorias del señor Schnabelewopski” y usó esto como base para su nueva obra.
“En su ópera, Wagner adoptó la idea satírica de Heine de que el capitán podía ser redimido por el amor de una buena mujer como una verdad literal. Comenzó con la elaboración del libreto y logró vender la historia a la Ópera de París; sin embargo, la música no les interesó. Wagner continuó componiendo y terminó la ópera completa de un acto en 1841. Luego la dividió en tres actos y finalmente se estrenó en Dresde en enero de 1843, con el compositor como director”, escribió Maureen Buja para Interlude.
El estreno de la ópera con la que Wagner consideró que era el verdadero inicio de su carrera, aunque ya hubiera compuesto otras cuatro, no fue tan espectacular como esperaba. Según describió el Kennedy Center, era una “producción irregular que careció de grandes cantantes. Solo se representó en cuatro funciones. La ópera se estrenó en Berlín al año siguiente, entusiasmando al público y siendo duramente criticada. No fue hasta años después que la ópera comenzó a ser reconocida como una obra maestra”.
A pesar de que el compositor basó esta ópera en su propia experiencia y en el libro que tomó seriamente, la leyenda de un barco fantasma que rondaba los mares ya se había narrado desde el siglo XVII, con la era de la Dutch East India Company. “La primera referencia impresa a El holandés errante aparece en ‘Viajes por diversas partes de Europa, Asia y África durante una serie de treinta años y más’ (1790) de John MacDonald, y aparecen menciones en la literatura durante el siguiente medio siglo, incluso en el poema de Samuel Taylor Coleridge, ‘La balada del antiguo marinero’, y en los escritos de Sir Walter Scott, quien fue el primero en describir el barco como un barco pirata”, reportaron en Opera North.
La ópera de Wagner se convirtió en su composición más temprana en hacer parte de los repertorios globales. Pero, más allá de la música, la historia de un barco fantasma que surca los mares sin poder atracar se trasladó también al cine en películas como “Piratas del Caribe”.
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