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“El imperio de la IA”, el libro que expone a los poderes que se pelean por esta industria

Después de siete años de investigación, Karen Hao publicó “El imperio de la IA”, un libro en el que se adentra en las oficinas de los responsables de esta tecnología. En el marco del Hay Festival de Jericó, la autora habló para El Espectador sobre los puntos clave que toca en su obra y cómo el desarrollo de esta industria podría afectar a Colombia.

Santiago Gómez Cubillos

30 de enero de 2026 - 07:22 a. m.
Este año, Karen Hao también estará hablando de "El imperio de la IA" en el Hay Festival de Cartagena, que se desarrolla del 29 de enero al 1 de febrero.
Foto: Jonathan Bejarano / Comfama
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Al lado de su firma, plantó un sello: “Certified 100 % human. GenAI FREE”. Esto podría considerarse un guiño divertido a la extensa investigación que había hecho y que ahora estaba autografiando, pero en un momento en el que cada vez es más difícil diferenciar qué contenidos son creados con inteligencia artificial, lo humano cobra un nuevo valor. Diferenciar su firma así era un acto político.

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Se trata de Karen Hao, periodista e ingeniera mecánica que recientemente publicó el libro “El imperio de la IA: Sam Altman y su carrera por dominar el mundo” (Península, 2025), una investigación con la que se propuso sacar a la luz cómo es que realmente se está manejando la industria de la inteligencia artificial. En su libro, expone la filosofía con la que se había impulsado, cuáles eran sus beneficios al igual que sus consecuencias, y, sobre todo, quiénes eran los multimillonarios que habían asumido esta titánica tarea. La respuesta era obvia: había que mirar dentro de OpenAI.

En 2019, Karen Hao se convirtió en la primera periodista en entrar a las oficinas de esta compañía para hacer una reseña. Hacían falta todavía un par de años para que saliera la primera versión de ChatGPT al mundo, pero OpenAI ya se perfilaba como una de las empresas que más estaba apostando por el desarrollo de esta tecnología. Era el David de Silicon Valley, midiendo fuerzas con compañías cuyo Goliat tenía el rostro de Google y Microsoft —o, al menos, esa era la imagen que querían proyectar al mundo. Competían por ser los primeros en dar el gran paso hacia la inteligencia artificial generativa, la que hoy vemos por todas partes produciendo textos e imágenes de forma indiscriminada.

En ese primer encuentro, según relata Hao en su libro, se sentó con Ilya Sutskever, entonces director científico de OpenAI, y Greg Brockman, presidente de la compañía, con quienes habló sobre cómo iban los avances y la filosofía de que lo estaban impulsando. Brockman respondió: “Nuestra misión consiste en asegurarnos de que la inteligencia artificial general (AGI, por sus siglas en inglés) beneficie a toda la humanidad. Y la manera en que lo queremos hacer es la siguiente: creando la AGI y distribuyendo sus beneficios económicos”.

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Se refería a la meta final de la compañía: la creación de un programa que no solamente fuera capaz de escribir o diseñar como un humano, sino que pensara como uno. Su creación sería el siguiente gran paso para el avance de la sociedad. Todo eso sonaba muy bien y encajaba con la imagen con la que la OpenAI se había proyectado ante el mundo. Sin embargo, Hao muy pronto se dio cuenta de que esto no era del todo así y que, en su percepcion, la cruzada de la compañía no sólo no estaba beneficiando a la humanidad de la manera en la que Brockman afirmó ese día, sino que estaba contribuyendo a su destrucción. Desde ese entonces, y a través de más de 300 entrevistas con funcionarios y exfuncionarios de esta compañía, Hao se dedicó a investigar cómo era que se estaban manejando los hilos del desarrollo de la inteligencia artificial. Esto la llevó directamente a pensar en Sam Altman.

Él es uno de los grandes protagonistas de “El imperio de la IA”, el cofundador de OpenAI y una de las caras más visibles en esta industria. “Uno de mis objetivos era hacerle entender a la gente que la tecnología no es neutral, sino un producto de sus creadores (...) Sam Altman es una persona que piensa mucho en cómo acumular poder”, relató en una entrevista para El Espectador en el marco del Hay Festival de Jericó. Para ella, Altman representa una mentalidad imperialista con la que, hasta el momento, se han manejado estas compañías y que ha causado estragos en el mundo en nombre del progreso, o al menos la visión que su compañía tiene de este.

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Sus denuncias pasan por la sobreexplotación de recursos, el robo indiscriminado de datos y propiedad intelectual y el impulso de la precarización laboral en países del sur global. Para ella, lo que comenzó como un propósito altruista se ha convertido en una inmensa industria que parece no tener límites. “Por ejemplo, Sam Altman dijo recientemente que quiere construir 250 gigawatts de centros de datos para 2033, lo que él imagina costaría unos 10 billones de dólares, lo que ya suena ridículo porque ¿qué son 10 billones de dólares? ¿Cómo se consiguen? Además, 250 gigavatios equivalen a una vez y media el consumo anual de energía del Reino Unido, y él plantea usar esa cantidad solo para su empresa, únicamente para desarrollar la siguiente generación de ChatGPT”, explicó Hao.

Esa es la escala a la que se están manejando estas compañías y, según desarrolla en su libro, son países como Colombia los que muchas veces terminan acabando con sus ecosistemas para alimentar a la inteligencia artificial. “Ahora estamos sentados en Jericó, y es curioso porque hay una compañía sudafricana que está intentando hacer aquí la que sería la mina más grande de Colombia para extraer cobre, plata y oro, tres minerales esenciales para el desarrollo de centros de datos y, por lo tanto, de la IA. Por eso aquí, y en todo el mundo, ha habido un impulso por expandir la minería de estos recursos en particular”, afirmó Hao.

Ahora, para ella todo esto no significa que la inteligencia artificial no tenga la capacidad, como originalmente lo pretendía OpenAI, de cambiar el mundo para bien. En el epílogo de su libro, Hao habla de Te Hiku, una compañía que está desarrollando un modelo de inteligencia artificial generativa que ayude a preservar el te Reo Māori, la lengua de una comunidad indígena de Nueva Zelanda. Para ellos, la IA ha sido un camino para recuperar su cultura y Hao culmina su libro con este caso: el desarrollo tecnológico no ha pasado por encima de la ética. Su libro es la puerta de entrada a un largo debate que apenas comienza, pero que busca preguntarse, no por la creación de un programa, sino por el futuro de la humanidad.

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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