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El paisaje en cinco pintores, desde sus flexiones estéticas

Los artistas John J. Bedoya, Paulo César David, Ilvar Josué Carantón, Germán Benjumea y John Jairo Muriel hablan sobre su vida dedicada al arte y reflexionan sobre su vínculo con los paisajes.

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Óscar Jairo González Hernández
16 de febrero de 2021 - 02:00 a. m.
Para John J. Bedoya, el paisaje se muestra desde la libertad de creación artística, que permite la representación de la naturaleza, y desde el concepto como una construcción cultural, donde se pueden reflejar las percepciones.
Para John J. Bedoya, el paisaje se muestra desde la libertad de creación artística, que permite la representación de la naturaleza, y desde el concepto como una construcción cultural, donde se pueden reflejar las percepciones.
Foto: Cortesía John J. Bedoya
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Del momento de la necesidad y la provocación de inclinar su vida hacia el arte: ¿en qué momento se le revela a usted esa condición y le da ese carácter?

John J. Bedoya: esa necesidad del arte, que se inicia con dibujar, rayar o tomar un pedazo de barro y hacer figuras, se dio desde niño. Pero esa condición de artista es para mí una construcción en el tiempo. Con el paso de los años se va formando el carácter, especialmente en lo referente a la técnica, que es la que va revelando quién es uno como artista y qué elementos se quieren revelar en la obra.

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Paulo César David: la inquietud se originó con el encuentro de los materiales plásticos que se trabajaban en la escuela primaria (plastilina, colores, témperas, crayones, papeles, etc.). Con ellos pude experimentar y desarrollar ideas desde la intuición y los sentimientos.

Ilvar Josué Carantón: la vida con el paso de los años, al menos en estas sociedades llamadas de tercera y cuarta categorías, va develando la ausencia de prospectivas y el desencanto se torna en el estandarte para enfrentar la parca. En ese trayecto que queda por transitar necesitamos expresar el malestar que nos han ocasionado el vivir, el ocupar un espacio geográfico, el compartir unas características culturales, el haber sido dóciles y estúpidos ante los abalorios y los espejitos que nos brindaba la sociedad de consumo. Tal vez sea una rendición de cuentas por el desencanto que produce la farsa en la que estamos imbuidos, una sociedad vacía de contenidos y mínimos para la convivencia, una sociedad individualizada y egoísta donde la inmediatez y la ganancia económica son los factores de éxito.

Ya no hay nada que perder, por eso echamos los restos. Con el desencanto a cuestas, comencé a recorrer los caminos y los senderos de los bosques andinos y los páramos como una forma de oxigenar la mente, pero también con la posibilidad de dejar un registro fotográfico como testimonio de que esos parajes existieron y como un relato de su importancia para los ecosistemas.

Esa mirada a las imágenes fotográficas se fue transformando al entender la complejidad del recorrido que hacen las aguas que nacen allí y van dando vida en su camino al mar. Entonces, la pintura reaparece con un cromatismo fuerte y con unos contrastes de color que la hacen llamativa. No son obras miméticas que intentan representar la realidad sino una excusa para construir reflexión y contenidos de lo que nos está pasando. Desde el arte se pueden comenzar a construir las trincheras para la batalla final, para devolverles el campo de batalla a las expresiones artísticas que fueron secuestradas y coaptadas para darles beneficios y frutos a los poderes hegemónicos. En esa reflexión entendí que si no es desde allí, todo se perdió.

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Germán Benjumea: definitivamente, muchos de nosotros tenemos génesis similares: comenzar desde temprana edad, descubrirse con el paso del tiempo, rotar por diferentes experiencias y superar las frustraciones. Cerca a los 16 años comprendí que eso era el arte: expresión y libertad. Tomé la decisión entonces de “revelarme”, o mejor dicho “rebelarme”, y dedicarme al arte, la cultura, la educación y la creatividad.

John Jairo Muriel: esa condición se me revela desde mis primeros años de la existencia, en la vereda nativa, donde la observación y la comparación de los espacios naturales me van mostrando caminos de interpretación del paisaje local. Luego, en la academia, comienza un proceso de indagación con las herramientas, los lenguajes y los símbolos que ofrece la pintura en los procesos artísticos e investigativos.

De la indicación del paisaje: ¿dónde se le muestra? ¿Cómo lo dimensiona y por qué?

John J. Bedoya: el paisaje se me muestra de dos maneras: desde la libertad de creación artística, que me permite la representación de la naturaleza, y desde el concepto como una construcción cultural, donde podemos reflejar nuestras percepciones. Ahora bien, el paisaje es siempre cambiante, móvil y fugaz. Busco la representación de “un lugar” donde pueda convertir la contemplación en un carrusel de emociones adversas, de atracción y repulsión.

Paulo César David: el concepto de paisaje lo comencé a indagar cuando estudiaba artes plásticas en la universidad. Me empezó a interesar la idea de la tridimensión y el juego ilusorio que diferentes artistas han desarrollado a lo largo de la historia del arte para dar la idea de espacio. Veo el paisaje como un pretexto para aplicar conceptos plásticos (color, forma, armonía, etc.). Es una plataforma para dar mi versión de espacio ilusorio, pero alejado de la copia fiel.

Ilvar Josué Carantón: la dimensión estética que produce el caminar por los páramos es una sensación única. Te sientes en el techo, miras hacia arriba y solo está el cielo, ya sea azul o con la niebla, que no permite ver más allá de dos metros. También se tiene la posibilidad de observar los frailejones que aparecen y desaparecen bajo el manto lechoso, y mirar hacia abajo y observar que allí hay nubes, pues no todas están arriba.

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Comprender lo ecosistémico cromático producto de las aguas que caen y ruedan por las montañas, llenando de colores a las flores, las aves y las demás especies, hace necesario replantear lo cromático evidente y conocido para llevarlo a lo que pudo o no ser posible. Observar cómo el agua se torna en ese recurso de la vida que cotiza en bolsa, mirar con desdén a esos miserables que gobiernan estos países, y quienes venden y negocian con los recursos al postor que sus actividades corruptas les indiquen. Los recorridos de las aguas han sido alterados y negados, ya sean por supuestas concesiones mineras, por represas o por potentados que se apropian de lo público y hacen uso exclusivo de los recursos. Hay que devolverle al arte ese rol cuestionador, contestatario y visceral que le quitaron las mismas corporaciones que lo consumen, para desligarlo de cualquier carga política que contenga y negarlo en las sombras de la palabrería y el comentario soso de los medios masivos y en la cabeza de las generaciones para las que todo está bien y todo podrá mejorar.

Germán Benjumea: la geografía humana, el paisaje cultural, la apropiación del territorio, el canto de la montaña, el color del camino que araña el suelo, las improntas de las historias sobre la corteza de la ladera, del valle y de las piedras, porque vivo el territorio, lo siento y lo interpreto en función de las personas. A pesar de que soy consciente de otras existencias, como la flora y la fauna, me atrapa la gente, así como el viento, el olor, el sabor y los acontecimientos dentro del territorio representado.

John Jairo Muriel: ese paisaje se revela en la esencia de un trabajo plástico que funge como metáfora de nosotros mismos, de nuestra naturaleza humana y de profundas inquietudes existenciales. En los gestos y caligrafías podemos reconocer la pintura como reflejo de la existencia humana, que de un modo analógico se debate entre lo corpóreo sensorial y lo emotivo espiritual. Estas pinturas devienen de mis experiencias vitales y trascendentes, operan como expresión poética del tiempo, del espacio y de las formas. Mi pintura, al igual que el ser humano, tiene su propio cuerpo y su propia alma, sus propias metamorfosis, sus propios cambios o reinvenciones.

¿Qué puede decirnos de su estética y de la manera como aborda el paisaje? ¿Es necesario estetizar el paisaje?

John J. Bedoya: el paisaje es ya una estetización, pero también es la emergencia de otros paisajes que enfocan la mirada, como lo son el paisaje social, cultural, político y la psiquis humana, donde lo bello no es necesariamente el enfoque. El paisaje se posee de manera obsesiva y en Colombia son muchos los ejemplos donde el paisaje es protagonista de nuestras más grandes tragedias como sociedad, pues es el “lugar” donde ocurren los asesinatos, las fosas, las guacas, las desapariciones, los restos, los escondites y las emboscadas. Asumo el paisaje de manera obsesiva, porque busco representar “el lugar” para dar cuenta de una realidad que a mí me conmueve: la violencia. Para mí, “el lugar” es encontrar belleza donde no la hay, para así evidenciar el paisaje que somos.

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Paulo César David: el paisaje lo siento como límite, como una pregunta. Implica indagar acerca de lo que está afuera de nosotros como espectadores. Es un encuentro, un desencuentro.

Ilvar Josué Carantón: el paisaje representa una amalgama de subsistemas que se armonizan y cohabitan en un aparente equilibrio. Tratar de entender los lenguajes que establecen las distintas variedades nos da un ejemplo de solidaridad, pero a su vez de formas parasitarias de existir, de establecer alianzas, de definir lugares y condiciones mínimas para sobrevivir; nos brindan en formas, colores y en cantidad de variables las estrategias que requieren para reproducirse y conservarse como especie. Entender los ritmos aparentemente caóticos, o las presencias de las series Fibonacci, nos lleva a adentrarnos en movimientos y formas que ayudan y potencian la expresión plástica y cromática. Esta simbiosis de color y de contrastes revitalizan los lenguajes plásticos y las maneras de utilizarlo, creando una variedad infinita de usos y abusos.

Obsesivo se torna cuando se intenta ir más allá de una simple representación o mímesis. En apariencia es un simple paisaje, pero en realidad es el entrecruzamiento de distintas formas, tensiones y composiciones que se deben dominar para lograr una armonía y un equilibrio que a nivel cromático funcionen dentro de un espacio. Los entramados constituyen un reto, las formas otro y así se llega a seguir experimentando en los vericuetos de las técnicas y las tensiones que hacen que la composición, el ritmo y la armonía adquieran en las formas de aplicar el color los nuevos lenguajes necesarios en la plástica.

Germán Benjumea: creo en la prosaica, en el rizoma de lo cotidiano en el poder del color naranja de la tarde y la frescura de los miles de verdes contrastados con púrpuras y azules. Creo en los colores metalizados que refleja la Luna en la corteza del árbol. El paisaje no le pertenece a nadie, pues se reconstruye cada milésima de segundo, y nunca es el mismo, siempre cambia. ¿Cómo poseer algo tan sublime?

John Jairo Muriel: hay que poseer el paisaje para entenderlo, para reconstruirlo y asegurarlo. Mi paisaje es reflejo de la esencia y el espíritu del artista, es deconstrucción de la naturaleza (macrocosmos) y también de la naturaleza humana (microcosmos), esta última expuesta en múltiples facetas, que surge en el trabajo como reflejo elocuente y poderoso del universo. Todo esto se devela en el crisol de una paleta pictórica, en el andamiaje estructural del dibujo y en la orquestación de conceptos y misticismos plásticos (ideas e ideales, nostalgia, contemplación y meditación).

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¿Qué busca comunicar al espectador con sus piezas? ¿Qué lo llevó a participar en la muestra Open Studio y qué proyecta su obra en ella?

John J. Bedoya: Open Studio es un encuentro entre amigos artistas que busca reactivar el arte y llevar al espectador hacia el taller artístico. El artista está acostumbrado a los confinamientos personales como tarea de creación, sin embargo, la pandemia nos alejó de los espectadores y de su relación inmediata y directa con las obras. Este encuentro lo que busca es volver a retomar esa función del arte, de diálogo y de intercambio de experiencias y de visiones. Qué mejor lugar para hacerlo que desde el lugar mismo de confinamiento: un taller o un estudio de arte.

Paulo César David: con mi obra, básicamente, pretendo abrir campos de comprensión en la relación del ser humano con el paisaje y la manera en la que este es transformado, manipulado y resignificado. La muestra Open Studio la veo como la oportunidad de establecer un diálogo y una reflexión fresca alrededor del paisaje, entre las propuestas de un grupo de amigos.

Ilvar Josué Carantón: los propósitos son comunicativos, reflexivos, pedagógicos y nostálgicos, no por bucólicos sino por ausentes. Tener la experiencia de adentrarse en una chamicera, de no encontrar el camino, de perderse, de sentirse encerrado y sin caminos para salir, hace que el escenario se convierta en un referente para pensar la cotidianidad. Son enseñanzas desde lo que queremos eliminar. La reflexión se da alrededor a la tecno-fascinación y a la lucha perdida de la especie frente a las tecnologías, y sobre la pregunta de si todo tiempo pasado fue mejor a este mundo en crisis y sin sentido.

La muestra es el reencuentro de los amigos para confrontar un mismo tema con distintos lenguajes, es abrir espacios distintos de los municipios a los procesos culturales, es reactivar y entender las dinámicas de la plástica en un escenario no aséptico ni lleno de protocolos sociales, es dialogar en el taller que está abierto para que la comunidad se integre a ese espacio casi siempre hermético para los profanos. Es abrir la casa para la visita.

Germán Benjumea: el espectador – receptor comprende este tipo de eventos desde sus propios presupuestos y acumulados cognitivos y experienciales. Así que mi propuesta es sencilla: quiero compartir con nuestros invitados la experiencia de tener que viajar por las carreteras enclavadas en las montañas de la cordillera. Es decir, que el espectador, antes de entrar al espacio a ver las obras, haya visto, olido y sentido cómo sube los pisos térmicos del Valle de Aburrá para llegar a una bodega industrial que desmitifica el cajón blanco elitista de la galería o del museo.

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Casi siempre las muestras artísticas son excusas del artista (productor de este tipo de bienes simbólicos) para confrontar sus errores y sus aciertos, para celebrar la casualidad del encuentro con otras miradas y para dialogar con propios y extraños en un espacio abierto, gratuito y fresco alrededor del sabor y aroma de un buen café.

John Jairo Muriel: Asistimos al espectáculo de diferentes planos de la realidad, cuyas veladuras y pieles se traslapan o se yuxtaponen. Parcelas de tiempo se entrecruzan, diversas atmósferas colisionan y se combinan con el sentido de vivencias significativas. Misteriosas y rutilantes luces se nos exhiben con su inminente poder de silencio o eternidad. Surgen objetos o formas disímiles cuya existencia callada ejerce sobre nosotros un gran influjo del que no nos podemos sustraer, pues nos conmueven o nos deleitan.

Este es mi aporte al colectivo que se conformó con base en un tema recurrente en la historia del arte (el paisaje), y por la gestión de uno de los integrantes. En la obra de Open Studio, la contemplación es privilegiada mediante impredecibles sensaciones y los sentidos se regodean a partir de la percepción de diversas temperaturas, de matices contrastantes o de cálidos signos.

Reflexiones finales de los artistas

John J. Bedoya: la relación entre naturaleza y paisaje es inescindible, pues el paisaje es móvil y cambiante, se transforma constantemente. En ese sentido, el paisaje hay que buscarlo, construirlo. Este se elabora no solo desde la mirada sobre ciertos lugares de la naturaleza, sino a partir de otros paisajes, entre ellos el social y el político. Yo pinto con todo el cuerpo.

Paulo César David: me parece importante en el proceso creativo la tensión que existe cuando las ideas e intuiciones acerca del espacio, que aún no tienen forma física, comienzan a hacerse reales con un juego entre los materiales que me dirigen a aciertos y desaciertos formales, y van gestando el concepto espacial.

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Ilvar Josué Carantón: las intenciones del arte deben ser desde lo estético, lo ético y lo político: cuestionar, llenar de contenidos las representaciones o imágenes que produce. Si no es así, es solo muñequería e ilustración para potenciar egos y efímeros esplendores. En el barroco, el bodegón se convirtió en el ejercicio pedagógico que permitió a todos los habitantes de la época entender la finitud y la descomposición de la vida. Ahora, lo ecosistémico ha desaparecido para darle paso a lo productivo a gran escala. La eliminación de bosques nativos para ampliar la llamada frontera agrícola ha permitido que grandes extensiones sean destruidas para construir un paisaje monótono y repetitivo con los monocultivos. La conciencia crítica se perdió en los vericuetos de los idiotas útiles amangulados en organizaciones animalistas, vegetarianas, verdes y un sinnúmero de divide y reinarás. Cada uno dice tener la razón, pero solo es una pieza del engranaje que vuelve cretinos a los sujetos.

La relación naturaleza-paisaje está ligada culturalmente a las particularidades que tiene la vida en el campo. Resulta sencillo establecer diferencias entre el modo de vivir de los campesinos o pastores, ya que el entorno natural, el trabajo con la tierra y las labores con animales forman parte de un entorno campestre.

La exaltación de la forma de vida que se lleva en un campo se llama bucolismo. El adjetivo deriva del latín bucolicus que, aunque tiene orígenes en la lengua griega, se refiere al género literario que narra situaciones propias del devenir en las zonas rurales. Esta época de crisis de las formas de convivencia puso en evidencia la estrecha relación de la sociedad con el entorno campestre o rústico. Ese ideal soñado es la principal característica del arte bucólico, es la presentación de la paz propia de las regiones campestres, tranquilidad asociada a la pureza y a la ausencia de vicios característicos de las ciudades.

Germán Benjumea: en cada instante, en cada lugar, en medio del contraste entre el ruido interior y el exterior, la luz y la oscuridad, la mugre y la veladura de la sociedad automatizada y “snobista”, mi libreta se llena de notas, gestos y colores. Es inescindible de mí, porque se convierte en mi bitácora íntima y en mi paisaje emocional, nostálgico, sencillo y rutinario.

John Jairo Muriel: Cada imagen es la materialidad de un momento eternizado que viene de la naturaleza y pasa por el proceso de construcción del artista, dando como resultado un trabajo plástico revelador y sugestivo que se concreta en mi paisaje. Es una voluntad pictórica paradójicamente racional e instintiva que da a luz problematizaciones plásticas, como la representación de analogías visuales de tiempo y espacio, la materialización de estados de conciencia, de paisajes imaginarios, de mapas mentales, la transformación simbólica de la materia o de la realidad y la presentación de nuevas realidades que trascienden la mímesis (ya que se transmuta dicha realidad para crear una nueva). Con frecuencia, estas imágenes instauran mensajes crípticos que aluden a sintaxis y a semiosis ilimitadas. Surgen como umbrales de formas y colores habitantes de un no espacio o no tiempo, que acentúan el carácter evocativo de la pintura.

Por Óscar Jairo González Hernández

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Paulina(40608)16 de febrero de 2021 - 06:19 a. m.
Señores Espectador, sugiero que en éste tipo de artículos incluyan fotos de las obras los artistas...
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