29 Apr 2018 - 2:00 a. m.

El samurái que amaba el fútbol

A través del programa “El competidor integral” y el libro que lo fundamenta, “111 hitos de Kiso”, niños del país han aprendido a través del fútbol a ser más autónomos y entender que el éxito no depende de la victoria.

Juliana Muñoz Toro *

Una de las imágenes del libro 111 hitos de Kiso, presentad en la Feria del libro de Bogotá.  / Cortesía
Una de las imágenes del libro 111 hitos de Kiso, presentad en la Feria del libro de Bogotá. / Cortesía

Esta es la historia de un samurái que no quería guerras, ni quería armas. De un samurái que entrenó a 11 hombres y construyó un arco con el beso de dos ramas de bambú justo debajo de un cerezo. Era el mismo arcoíris que reflejaba ese momento en que veían el mejor y el peor día posible, sol y lluvia, luz y oscuridad. El arco del fútbol, por donde tendría que pasar un balón, o lo que este samurái llamaba “orbe sagrado”.

Kiso, el samurái, realmente existió y Carlos Alberto Plata —abogado, amante del fútbol, creador— retomó su figura para recrear a este nuevo héroe que sirviera para unir la tradición y la modernidad, un héroe que simbolizara binomios que no sólo debería tener un buen guerrero o jugador de fútbol, también un ser humano común: poder y compasión, disciplina y servicio, concentración y apertura.

Sí, un balón, un “simple” balón como cuerpo celeste, como orbe sagrado capaz de reunir a la familia, de generarnos curiosidad e interés de participar, de concentrar al más distraído, de hacernos olvidar por un momento lo que nos pueda distanciar: “cuando juega la Selección Colombia pensamos por una vez en algo que nos une. Tenemos foco”, comenta Plata. El balón como lenguaje universal.

En la historia escrita por Plata en los 111 hitos de Kiso, el orbe sagrado guía al guerrero en una cruzada para salvar a su pueblo, para convertirse en la máxima expresión de sí mismo: el competidor integral.

Las vivencias de Kiso se vuelven las vivencias de niños reales gracias al programa El Competidor Integral, iniciativa de Carlos Alberto Plata en asociación con la Federación Colombiana de Fútbol. Una de las estrategias fundamentales es el Torneo de Penaltis. Andrés Muñoz, gerente del programa, asegura que, a diferencia de un torneo de fútbol, para cobrar un penalti no necesariamente hay que saber jugar bien. No se trata de eso, como no se trata de ganar o perder, sino de crear un ecosistema para optimizar emociones, hacer una socialización pedagógica y generar pensamiento crítico: ¿estamos alineados entre lo que sentimos, pensamos y hacemos? ¿El propósito final es hacer un gol o, por ejemplo, tener foco y tomar decisiones propias?

Plata recuerda una de las jornadas de penaltis que más lo han impactado. Un niño en muletas quiere participar en el torneo. Lo hace, patea el balón con escasas fuerzas y éste llega directo a las manos del portero. ¿Le importa hacer el gol? No. El chico está feliz por el hecho de competir. Todos ganan cuando comparten. “La aceptación del error se asocia con el fracaso, cuando es una de las grandes fortalezas humanas, es una demostración de liderazgo”, asegura.

También comenta el caso de un conocido arquero que lo llamó después de un partido en el que se dejó llevar por la ira y reaccionó mal. Plata le aconsejó que se grabara el hito de Kiso sobre saber esperar: “Si no encuentras el camino tienes que forjarlo y ser paciente para aprender a transitar sobre él: luego volarás y entenderás lo importante que es saber esperar”. Años después, el arquero le dijo que ese hito le había cambiado la vida.

Se trata de vivir los procesos, el trayecto vital, la construcción. Así en la vida como en el fútbol. “La gente quiere conclusiones pero sin premisas. Se vive en un embotellamiento por la urgencia de generar resultados. Somos una sociedad desconfiada e impaciente y la impaciencia nos lleva a ser intolerantes, sobre todo con nosotros mismos”.

Por eso el Torneo de Penaltis busca que los niños se abran, que ganen confianza y paciencia. De hecho, el mismo Kiso (o una personificación del samurái) les da una charla para entender cómo la confianza lleva a la creatividad y ésta lleva a la autonomía. Antes de cada jornada, el guerrero practica con ellos rituales como saludar al rival con una venia y así fomentar el respeto, el juego limpio.

También se realizan los Talleres Interactivos de Liderazgo, en que los participantes ven algunos cortos animados de Kiso (que el Canal Caracol incluso ha transmitido en su franja infantil) y realizan pruebas cognitivas para determinar qué tan autónomos son. Luego llega el esperado momento de los penaltis.

El fútbol para entender lo humano

Jugaba fútbol en el colegio y en la universidad, “me encantaba todo lo que se respira en la cancha, cómo se transforma la gente jugando, lo importante que es el trabajo en equipo”. Ahora Carlos Alberto Plata es aquel que se queda mirando al jugador en la banca, su expresión, lo que hay detrás del fútbol, lo que eso nos dice de la condición humana. Sobre todo piensa en cómo puede transmitir ese mensaje a las nuevas generaciones. De ahí que (re)naciera Kiso.

Recuerda el Mundial del 86, cuando Colombia declinó a ser la sede: “¿por qué no nos ponemos de acuerdo en lo básico?”. Habla de la importancia de que el país tenga la capacidad para convocar al mundo. Busca una bitácora que hizo de cómo la selección de fútbol de Uruguay fue a los Juegos Olímpicos de París en 1924. Plata quería saber cómo hicieron eso que los demás decían que no se podía. Abre el álbum, señala fotos antiguas de cómo se preparaban, cómo celebraban, cómo se vestían. Fueron días históricos, fue “cuando empezó a existir Suramérica para Europa”. Claro, como en todo, no se trataba de jugar bien, ni siquiera de ganar. Era cuestión de confianza, determinación y disciplina. El fútbol como hecho estético, dice Plata.

Esa bitácora, como otros objetos que bien podrían ser patrimonio, hace parte de una colección que él inició hace cerca de 40 años. Cada balón, camiseta, guayo, apunta a estudiar cómo el fútbol le cambia la cara a un país. Una muestra de ese “museo personal de fútbol” está exhibida a propósito de la Feria del Libro de Bogotá en el stand de la Universidad Sergio Arboleda (pabellón 3, piso 2). Se pueden ver tesoros como los primeros balones sin tiento (una boca por donde se introducía la cámara de aire y la boquilla para inflarla), hechos por emprendedores argentinos que revolucionaron el diseño de la pelota en el mundo; diferentes balones Tango (usados en los mundiales de Argentina 78 y España 82), y un homenaje a Eva Perón por ser la primera mujer en Suramérica en liderar un torneo para la formación de líderes a través del fútbol.

En el stand también puede conseguirse el libro 111 hitos de Kiso, que fue premiado como mejor conjunto gráfico en los Premios Andigraf 2017 y que, de acuerdo con Plata, es un trabajo que nació a la par de su colección, un trabajo de años de hablar con muchas personas, visitar lugares, ver y analizar el fútbol para demostrar cómo a través de este deporte, y en especial del penalti, cualquier persona, en cualquier campo, puede tener mayor enfoque, pensamiento crítico y autonomía.

El programa trasciende la lectura del libro. El camino del samurái tiene que pasar por distintos escenarios. En el futuro viene la Ruta de Kiso (un camión que llevará por toda Colombia el Torneo de Penaltis), el documental Los demonios del fútbol (para confrontar científicamente las supersticiones que hay en la cancha), Kisopedia (para aprender de historia a través de los viajes de Kiso) y la Real Academia del Fútbol (para empezar a entender este deporte como un lenguaje universal).

Mientras tanto, dice Plata, “lo primero es rescatar la majestad de la verdad”.

* @julianadelaurel

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