“Los monstruos existen, pero son demasiado escasos para ser verdaderamente peligrosos. Más peligrosos son los ciudadanos comunes, los funcionarios dispuestos a creer y actuar sin cuestionar”.
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“Si esto es un hombre” (“Se questo è un uomo”, 1947), de Primo Levi, no es una novela, es un relato testimonial con estructura narrativa y trama tan próximas a la novela que sobrepasan la ficción misma. La incluyo en esta sección porque, además de su cercanía con la novela, se acomoda con precisión a las obras que dan cuenta del trauma colectivo.
Es un texto que rompe con el orden de la sociedad, no solo a nivel del ser humano en su individualidad, sino como parte de un grupo social. Asimismo, es uno de los escritos pioneros en la categoría de los estudios literarios llamada “Narrativa de conflicto”, que, aunque es un género que siempre ha existido, se consolidó como categoría específica en los estudios literarios a partir de las narraciones del Holocausto que se centraban en el trauma.
La narrativa hecha por las víctimas, y en general el género testimonial, ha sido constantemente analizada por la teoría literaria, por el psicoanálisis y por la ciencia política. Autores como Shoashana Felman y Dori Laub mencionaron: “La narración hecha por la víctima y el proceso mismo de ser testigo de un trauma masivo, en efecto, comienza con alguien que testifica ante una ausencia, ante un evento que no ha existido aún, a pesar de lo abrupto y la naturaleza real de lo ocurrido” (“Testimony, New York: Routledge”, 1992, p. 57).
El de Privo Levi es un relato narrado en primera persona sobre la experiencia del autor como prisionero en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. Se ha analizado desde varias perspectivas: como testimonio histórico, como un relato de memoria personal y como un ensayo de filosofía moral. No es una construcción de una épica del sufrimiento ni una crítica bélica directa, sino una descripción casi científica de la forma como un régimen totalitario va despojando a las personas de su identidad, humanidad e integridad. Es una reflexión filosófica sobre el ser humano y su capacidad de hacer mal a su misma especie: “Me sorprende constantemente la inhumanidad del hombre hacia el hombre”.
También es una mirada sobre la supervivencia, pero no es la clásica animalización del individuo para tratar de vivir. Es una mirada crítica al mero hecho de salir vivo de un campo de concentración. No se permite redención alguna; la carga de la culpa colectiva de estar vivo pesa demasiado.
Primo Levi nació en Turín, en 1919, en el seno de una familia judía. En 1943 se unió a un grupo de resistencia antifascista y fue deportado a Auschwitz en febrero de 1944. Era químico, y por eso se le permitió trabajar en el campo de concentración en un laboratorio industrial, lo que supuso menos esfuerzo físico. Adicionalmente, hablaba alemán y podía entender órdenes, mientras que otros morían por falta de comprensión lingüística.
Cuando la liberación del campo por parte del ejército soviético en 1945 era inminente, y los alemanes dejaron salir a muchos prisioneros que terminaron muriendo en el camino (las famosas marchas de la muerte), Primo Levi estaba en la enfermería, víctima de escarlatina, y gracias a eso fue después liberado. En su testimonio afirmó que su supervivencia se debió al azar, a la ayuda de algunas personas y a sus habilidades personales. Tanto en “Si esto es un hombre” como en otros escritos posteriores, como “Los hundidos y los salvados”, Primo Levi aseguró que en los campos no sobrevivieron ni los más fuertes ni los mejores, sino los afortunados.
Levi logró con este texto, que amalgama el trauma colectivo, la novela y la narrativa testimonial, generar conciencia crítica sobre el Holocausto y acciones cotidianas que forman a la humanidad y las que la rompen. También cuestionó la necesidad de las personas de buscar felicidad: “Tarde o temprano en la vida todos descubrimos que la felicidad perfecta es irrealizable, pero pocos se detienen a considerar la antítesis: que la infelicidad perfecta es igualmente inalcanzable. Los obstáculos que impiden la realización de ambos estados extremos son de la misma naturaleza: derivan de nuestra condición humana, que se opone a todo lo infinito”.
Cierro con un poema que Levi incluyó como epígrafe del libro cuyo título es “Shemá” (que alude a una oración del judaísmo Shemá Israel, que traduce algo así como escucha o graba en el corazón). Lo que hace el autor es usar la estructura bíblica, no como mandato religioso, sino como mandato de memoria histórica:
“Ustedes que viven seguros
En sus cálidas casas,
Ustedes que encuentran comida cálida
Y rostros amigables cuando regresan a casa.
Consideren si este es un hombre
Que trabaja en el barro,
Que no conoce la paz,
Que lucha por un mendrugo de pan,
Que muere por un sí o un no.
Consideren si esta es una mujer
Sin cabello, sin nombre,
Sin la fuerza para recordar,
Vacíos están sus ojos, frío su vientre,
Como una rana en invierno.
Nunca olviden que esto ha sucedido.
Recuerden estas palabras.
Grábenlas en sus corazones,
Cuando estén en casa o en la calle,
Al acostarse, al levantarse.
Repítanlas a sus hijos.
O que sus casas sean destruidas,
Que la enfermedad los golpee,
Que sus descendencia les vuelva la cara”.