Publicidad

Elena Poniatowska sobre el rol de las mujeres: “Ha cambiado mucho, pero puede cambiar más”

La escritora mexicana habló sobre las mujeres que han marcado su literatura y cómo ha visto que ha evolucionado el movimiento feminista. Esta entrevista hace parte de una alianza con Tinta club del libro. Entérese al final cómo obtener un descuento en este servicio.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sandra Pulido Urrea
04 de marzo de 2026 - 11:00 a. m.
Elena Poniatowska ha sido galardonada con importantes premios literarios como el Rómulo Gallegos y el Miguel de Cervantes.
Elena Poniatowska ha sido galardonada con importantes premios literarios como el Rómulo Gallegos y el Miguel de Cervantes.
Foto: EFE - Sáshenka Gutiérrez
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Elena Poniatowska ha sido una de las que ha dejado ya su nombre en la historia del periodismo y la literatura. Ha recibido importantes reconocimientos a lo largo de su vida como el Premio Rómulo Gallegos y el Premio Miguel de Cervantes. Sin embargo, muchas otras mujeres ni siquiera han tenido la oportunidad de mostrar su talento a raíz de un sistema que, durante muchos años, privilegió el talento masculino sobre el femenino.

Aun así, la escritora mexicana siempre ha tenido el ojo puesto en su género y, a lo largo de su carrera, ha logrado poner en primer plano grandes historias de grandes mujeres. En esta segunda entrega de la entrevista a Poniatowska, publicada en alianza con Tinta club del libro*, la autora habló sobre este tema y cómo ha visto que ha cambiado el rol de las mujeres, tanto en los libros como en la vida.

“Lo que se aprende de niña permanece indeleble en la conciencia…”. Esto lo dijo en el discurso de aceptación del premio Cervantes. ¿Cómo era usted de niña?

De muy niña viví con mi hermana. Éramos las dos pequeñas con una educación muy estricta, de buenas maneras, en París. El trato con nosotras era severo. Tuvimos una nana y luego una institutriz, una señorita que sabía mucho más. Fue una educación de obediencia. Incluso las vacaciones eran con la institutriz. Mi madre trabajaba en una casa de alta costura. Mi padre también trabajaba mucho, viajaba mucho, en especial a Bélgica. Entonces, vivimos con esta mademoiselle gajad. Ya en México, fue una educación de escuela, con otros niños y niñas.

¿Cómo recuerda esa niña que era?

Jugaba mucho al avión. Julio Cortázar hizo un libro sobre este juego. Jugaba a policías y ladrones, a correr en el patio. Siempre tenía las rodillas cubiertas de costras porque me caía con muchísima frecuencia. A los 10 años aprendí el español. Lo aprendí en la calle, con las muchachas que estaban en mi casa. Decía muchas palabras equivocadas y muy populares. Esto me llevó a acercarme a personas como Jesusa Palancares que fue una soldadera en la revolución mexicana.

¿Qué le diría a la niña Elena?

Le diría que ha sido leal a su vocación. Lo que ha hecho es lo que empezó a hacer desde niña: leer y escribir; y sobre todo admirar a otras personas. A todas las que tuve el privilegio de hablar, entrevistar, conocer: Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro. Tuve muchísima suerte de entrar a un mundo que me abrió las puertas gracias al periodismo. De no ser periodista, no tenía ninguna excusa para acercarme, entrar a sus casas, que me dieran su teléfono o dirección.

Las mujeres son un tema central en su obra. A Leonora Carrington le dedicó su novela Leonora, a Elena Garro, Paseo de la Reforma, a Rosario Castellanos la retrató en ¡Ay vida, no me mereces! ¿Cómo ha querido hacer historia resaltando la vida de las mujeres?

Siento que viví en un país que ha cambiado. Cuando yo empecé era muy machista. A las mujeres no se les tomaba mucho en cuenta. Claro, hacían escándalos como Pita Amor para que volvieran a verlas, pero en general se hablaba de Octavio Paz mucho más que de Elena Garro; de Ricardo Guerra que de Rosario Castellanos, quien le ayudaba a escribir todos sus artículos. Empecé por eso mismo a hablar y entrevistar a muchísimas mujeres, a acercarme a grupos feministas como el de Marta Lamas al cual todavía pertenezco. Comencé a preocuparme por los problemas de las mujeres. El primero libro Hasta no verte Jesús mío que es una soldadera. Se decía que las mujeres eran colchones de tripas de los soldados, galletas de capitán. Y yo quise explorar lo que era ser una soldadera: una mujer que sigue a la tropa. Un aprendizaje de la revolución mexicana desde los soldados rasos, los más pobres, a través de la voz de Jesusa Palancares. Una mujer que sí vivió, conocí y a la que tengo que agradecerle todo lo que me enseñó.

Usted se considera feminista. Incluso se ha autodefinido como la “Sancho Panza femenina” y ha sido testigo de una lucha histórica, ha resaltado el papel de las mujeres, por ejemplo, en la revolución mexicana. ¿Cómo ve esa lucha feminista hoy? ¿Qué piensas sobre el futuro de las mujeres en Latinoamérica?

Se ha ganado muchísimo. Si vas a la facultad de Filosofía en la Universidad, la mayoría son mujeres. En todo América Latina se habla de mujeres que han llegado al poder, que reciben un trato de respeto y admiración que antes no recibían: presidentas, alcaldesas de ciudades principales y gobernadoras. Hay facultades en la UNAM que tienen una población femenina enorme, en los periódicos.

En varias entrevistas ha mencionado a empleadas, profesoras, a Magdalena Castillo, por ejemplo. Hábleme de esas mujeres que han marcado su vida.

Está el grupo de feministas de Marta Lamas. El gusto de católicas por el derecho a decidir, su directora María Consuelo Mejía. También Celia, la hija del dr. Ignacio Chávez, el fundador de la cardiología en México. Desgraciadamente muchas amigas de la infancia, mujeres con los mismos intereses, han muerto ya. Sí tengo tendencia a que muchas mujeres se acerquen y yo misma a sentir cercanía por mujeres que trabajan. Quise muchísimo a Leonora Carrington que fue una mujer difícil, no era accesible y, sin embargo, la vi hasta el día que murió.

¿Qué ha significado para usted ser madre?

Ha sido fácil. En México y en toda América Latina ser mamá, sobre todo de niños muy pequeños, es fácil en mi caso desde cierta economía o cierto estatus social porque siempre tuve una nana que me ayudó a cuidarlos. Durante el día podía ausentarme unas 2-4 horas y sabía que estaban a salvo, que no corrían ningún peligro. Eso fue una enorme ayuda. Hay que pensar que estas mujeres sobre las que he escrito en incontables ocasiones, finalmente le ayudan a alguien, a universitarias y profesionistas, quienes se sienten muy agradecidas con estas mujeres, llamadas nanas a veces, quienes suplen durante horas y les da libertad para ejercer su vocación.

Encontré una entrevista que le hizo Margarita García Flores en marzo de 1976, donde usted enuncia su angustia por la vida de las mujeres mexicanas, que podría extenderse a las mujeres latinas. Esa angustia se ha retratado en su escritura y en sus lecturas. ¿Sigue vigente la angustia? ¿Qué le sigue?

¡Margarita fue mi gran amiga, entrañable! Llevaba a mis hijos al circo. No, ha disminuido. En primer lugar, porque ya no estoy tanto en contacto con los problemas, pero a través de amigas, de especialistas como Marta Lamas, o a través de mi propia hija que fundó en Yucatán una casa de cultura, veo que la situación de ellas es muchísimo más fácil que hace 60 o 70 años. Una de mis grandes tristezas es no ser universitaria pero aprendí en la universidad de la calle, de la vida.

115 hombres y 17 mujeres han recibido el premio Nobel de Literatura; 41 hombres y 6 mujeres han recibido el premio Cervantes de Literatura. ¿Qué opina sobre los reconocimientos a las mujeres en las artes y en la literatura específicamente?

Como soy una privilegiada y recibí el Cervantes, para mí fue una manera de que lo recibieran muchas mexicanas también. Quizá otras escritoras no piensen lo mismo. Pero fue un reconocimiento tan grande con tanta repercusión en mi país y en América Latina, pienso que cubrió un sector femenino muy amplio, muchas mujeres me acompañaron hasta España a recibirlo. Fue como una fiesta. Por ejemplo, vi en París, en el aeropuerto, unas mantas blancas donde aparecía el nombre de la astrofísica mexicana Silvia Torres. Ella estaba por todo el aeropuerto, se le estaba rindiendo un homenaje. Esto muestra que hay más posibilidades para las mujeres, siento ella madre y abuela. Ahora hay muchas ayudas, posibilidades de que tus hijos estén bien cuidados, mientras tu trabajas.

¿Cómo invitar a los hombres a que lean a las mujeres?

Pablo Neruda obviamente leyó a Gabriela Mistral. Octavio Paz tenía una admiración enorme por la novelista y cuentista Elena Garro, su esposa. La de Borges por todo el grupo de mujeres de Argentina. Ahora sí es muy importante que otras mujeres se destaquen. Pero eso depende también de la tenacidad de cada autora y escritora. Por ejemplo, en México, una escritora que murió demasiado joven, María Luisa Puga, una novelista. Toda su obra, sus diarios y papeles han sido adquiridos por la Universidad de Austin, Texas. Elena Garro también está en una universidad en Estados Unidos.

Hay silencios que se deben convertir en palabras. ¿Cree que hay temas exclusivos a tratar por las mujeres?

No. Creo que hay hombres que han tocado temas como la maternidad, el abandono de los niños… Claro, la mujer aporta una sensibilidad especial. Si lees el El segundo sexo de Simone de Beauvoir, imaginas en Francia que está tan adelantada, donde estuvieron los grandes filósofos como Diderot o Voltaire, ella denunciaba una sociedad que mantiene a la mujer en la cocina, apartada. Pero eso ha cambiado muchísimo, pero puede cambiar más, claro.


(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

Si quiere ser parte de Tinta, tiene un 20% de descuento en el primer mes del plan mensual o del anual pago mensual con el código ElEspectador y un 15 % de descuento en el plan anual pago único con el código ElEspectador1. Para acceder, entre a la web de Tinta: www.tintaclubdellibro.com y redímalos.

Por Sandra Pulido Urrea

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.