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12 Sep 2020 - 7:37 p. m.

“Entre tú y Milagros”, el cortometraje colombiano que ganó en el Festival de Venecia

“Entre tú y Milgaros”, de Mariana Saffon, fue premiado como mejor cortometraje en el Festival de Cine de Venecia, que se inauguró el pasado 2 de septiembre. Recuperamos esta entrevista con la directora, que profundizó sobre un imaginario común e invisible en nuestra sociedad: cuando la mujer se convierte en madre, deja de ser mujer.
El cortometraje "Entre tú y Milagros" fue protagonizado por Sofía Paz y Marcela Mar.
El cortometraje "Entre tú y Milagros" fue protagonizado por Sofía Paz y Marcela Mar.
Foto: Porducción Entre tú y Milagros

A mí mamá siempre la vi como una mamá. Después de que cumplí 30 años, entendí que además de ser mi madre, era mujer, y que anularle las demás posibilidades que pudo tener, pero que jamás exploró, fue fragmentarla. La dividimos y lo hicimos todos: mis abuelos, sus parejas, sus hermanos, sus amigas, la religión, la ley y yo, su hija. Ella misma lo pensó y, por voluntad propia, seccionó su vida. Y hasta ella me enseñó que su presencia permanente era una señal de un amor. Aprendí también de ella que, su rol de mamá, era su único rol. Que no tenía opción y que no quería tenerla. Nunca nos preguntamos si le dolía, si extrañaba su antigua vida, si tenía tiempo para vivir sus anhelos. Ni lo pensamos.

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El anterior párrafo pudo ser escrito por cualquiera, ya que el imaginario del deber ser de una madre está formado e impuesto desde hace años. Mariana Saffon, la directora de “Entre tú y milagros” se preguntó por lo que era su madre antes de que ella naciera. Por sus otras alternativas. El filme rodea la relación de Milagros y su mamá, un nexo que se desarrolla entre tensiones, caricias y uno que otro gesto de afecto. Marcela Mar interpreta el papel de Lorenza, la mamá de Milagros. Es una mujer de unos 30 o 35 años que, tal vez y según sus comportamientos, fue madre muy joven. Fue madre sin querer serlo y tuvo una hija con un hombre que recuerda con dolor. Por su parte, Sofía Paz interpreta el papel de Milagros, la jovencita de 15 años que, desesperadamente, busca la aprobación de su mamá.

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Cuando Saffon cumplió 30 años recibió la nueva década con preguntas. ¿Cómo habría sido esa fecha para su mamá? Y se dio cuenta de que ya estaba divorciada y con una hija de dos años a la que tendría que educar. De ese interrogante nació esta historia en la que Milagros busca el afecto de una mujer que, además de ser su madre, carga con una vitalidad que la sobrepasa.

¿De dónde salió la historia de este cortometraje?

Esta película es la tesis de mi maestría en guion y dirección de cine. Yo cumplí 30 años hace año y medio. Justo en ese momento me di cuenta de que a mi edad mi mamá ya tenía una niña de dos años, que era yo, y ya estaba divorciada. Pensé que yo nunca vi a mi mamá como algo más que mi mamá, y ahora que tengo 30 años pude verla como la mujer que ella nunca dejó de ser. Reflexioné sobre el hecho de que cuando una mujer da a luz a un bebé, la sociedad le exige que se apropie de ese nuevo rol como el único de su vida a partir de ese momento. Se deja de pensar que, por ejemplo, son seres sexuales y que además de la maternidad, necesitan de otras cosas para sentirse plenas. Ahí fue que también comencé a revisitar la relación con mi mamá y todo mi pasado.

¿Y la historia la basó en la relación con su mamá?

No, no es la misma pero sí la basé en lo que me pregunté cuando cumplí 30. También tuve en cuenta mi contexto: mi consciencia sobre el privilegio y mis relaciones con lo que común y erradamente llamamos “el servicio”. Todas estas dinámicas que hemos creado con la diferencia tan abismal de clases que hay en este país.

Milagros pide afecto y atención constantemente, pero parece que ella a su madre le estorba, que no tiene tiempo para cumplir con esos pedidos...

Me gustaría que las personas se preguntaran un poco más el por qué siempre creemos que las mamás solamente pueden ser mamás. ¿Por qué creemos que si la mamá no es exactamente como creemos que tiene que ser una madre, lo está haciendo mal? También quería que vieran cómo una mujer como Lorenza, siendo tan linda y estando tan llena de expectativas, quería rehacer su vida. Quería que se entendiera que sí, Milagros la necesita y está dolida, pero esta mujer también quiere tener su vida sin que la fragmenten. No quería que resultaran juicios en contra de la mamá, sino más bien mostrar que las dos están buscando el amor pero en lugares muy diferentes.

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Esos juicios puede que dependan del imaginario que cada espectador tenga de lo que debería ser una madre. Que el público se sensibilice con la posición de Lorenza es un desafío para el corto: es común que se crea que la madre solo tiene que ser madre...

Claro. Eso era lo que buscaba desde el inicio y no sé si se logró, pero era el objetivo.

Hay otra imagen en el cortometraje: Milagros ve un muerto. Unos días después, al salir de una piscina, imita la posición en la que estaba el cadáver...

Milagros, después de que es nuevamente evitada por su madre, se comienza a cuestionar su existencia y si propio valor. Ella no pertenece al entorno de su mamá, pero tampoco al de Laura, la hija de la señora que las atiende en casa. Está sola y no se siente parte de nada. Cuando ve el muerto, se pregunta qué pasaría si fuese ella. Para mí, lo más importante del corto no es lo narrativo, sino lo acumulativo, y en este corto hay una suma de señales que revelan lo que a Milagros le pasa. Por eso está esa imagen en la que pretende hacerse la muerta: es su forma de llamar la atención de su mamá, que no llega a auxiliarla.

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¿En qué formato fue rodado este cortometraje?

Fue rodado en 16mm. Fue una parte muy grande del proceso y lo complicó un poco. También fue más costoso, pero tenía la sensación de que era la decisión correcta. Siempre había querido trabajar con 16 mm porque para mí es más real. Las películas que vi cuando comenzó mi pasión por el cine fueron hechas en celuloide, algo que para mí cuenta con una verdad que no tiene el digital.

Es común hablar de largometrajes en carteleras de cine, pero ¿dónde se ven los cortos?

Primero se ve en festivales, que exigen que haya cierta privacidad durante el recorrido del corto. Son más o menos dos años los que tarda un corto en viajar por estos eventos. Después de que pasan esos dos años, puede haber iniciativas para mostrarlo en su país de origen o en plataformas VOD. Ya hay varias y están adquiriendo los cortos para que sean accesibles al público. Por ejemplo, existe Criterion Channel que es una de las plataformas más importantes para los cinéfilos, tiene su sección de cortos y normalmente los juntan con largometrajes que puedan tener similitudes. También hay muchos canales que están adquiriendo cortos para proyectarlos. Otro ejemplo: en algunos aviones hay una gran biblioteca de cortos, que son a los que generalmente les va bien en festivales. Bogoshorts también ha hecho una muy buena labor durante los últimos años con los cortometrajes. Los ha promovido y ha fortalecido la cultura del corto, que ahora tiene una audiencia gracias a ellos. Sus sesiones han sido fundamentales.

¿Para qué un director de cine hace un cortometraje?

Porque desde el principio no tienes la financiación para hacer un largometraje. Haces un corto para que una productora vea que eres capaz de manejar unos actores y un equipo de producción. Para que vea que puedes sostener una película y que hay algo en tu voz que es importante.

¿Qué significa para “Entre tú y Milagros” estrenarse en el Festival de Venecia?

Es un sueño estar ahí. Es muy importante para el corto porque hace que crezcan las oportunidades de que tenga una vida en muchas pantallas. Además de que es el festival más antiguo del mundo y uno de los más importantes, tiene una curaduría muy exigente. Es un reconocimiento absoluto para el equipo y la cinematografía colombiana. Este año, el 44% de la selección la componen mujeres, otro mensaje muy potente para el gremio en estos tiempos. Deberíamos hablar mucho más de eso: hay muchas mujeres que ya estamos logrando hacer cine y que lo hacemos muy bien.

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