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La definición del término “orquesta de cámara” nos habla de una formación menos grande que una orquesta sinfónica. ¿Cuáles son las ventajas de trabajar con un número reducido de instrumentos?
La gran ventaja radica en lo que indica su nombre: música de cámara. Cuando tocamos música de cámara nuestra actitud cambia; podemos escuchar al otro más atentamente. Cada músico se vuelve esencial y tiene un rol importante. Una vez que encontramos el balance ideal, cada intérprete puede ver claramente su papel dentro de la estructura. No quiero decir que este tipo de interacción no suceda en una orquesta grande, pero hay cosas que tienden a ser más poderosas en una orquesta de cámara, como la química interna, la atención y la conexión emocional. A su vez, esto lleva a una mayor libertad y entusiasmo cuando interpretamos obras maestras.
Su instrumento es el violonchelo. ¿Cómo cree que esto ha influenciado en su papel de director de orquesta?
El repertorio para violonchelo está, por supuesto, muy cercano a mi corazón. Todavía lo interpreto, incluso en el interior de la Orquesta de Cámara Franz Liszt. Sin embargo, una de las razones por las que empecé a dirigir es porque quería explorar otras maravillas y dimensiones de la música. Mi experiencia como violonchelista y profesor de violonchelo en Viena me ha dado una riqueza de la que puedo sacar provecho durante los ensayos, cuando estoy dirigiendo.
Hace unos años ganó el “Premio Pierre Fournier”, llamado así por un famoso violonchelista del siglo XX. ¿Lo conoció personalmente o a través de sus grabaciones?
Ese premio lo recibí en 2008 en Ginebra. ¡Hace mucho tiempo ya! Tengo todavía gratos recuerdos de ese concurso, donde aprendí mucho acerca de Pierre Fournier (quien también vivió en Suiza). Sin duda fue uno de los grandes chelistas del siglo pasado, por esa manera de tocar noble y elegante que tenía, y que aún vive en sus grabaciones. Esas grabaciones siguen siendo profundamente inspiradoras hoy.
Su instrumento es un Stradivarius. No mucha gente sabe que el famoso fabricante de violines también hizo algunos violonchelos. ¿Qué nos puede contar de esta historia?
Es cierto. Stradivari hizo también unos chelos excepcionalmente buenos, de los cuales sobreviven hoy día unos 60. El instrumento que tengo fue fabricado en 1673, y es el más antiguo conocido de los que él hizo. Fue tocado por Jacqueline du Pré y, años después, por Lynn Harrell. Entonces, además de ser una pieza artesanal extraordinaria, tiene un sonido que ha sido configurado por estos grandes artistas. Ha sido un privilegio tremendo tocar ese instrumento durante los últimos nueve años.
En 2020, los críticos describieron su llegada a la Orquesta de Cámara Franz Liszt como una oportunidad para explorar nuevo repertorio. ¿A qué se referían ellos con esto?
En los últimos cinco años hemos aprendido e interpretado una gran cantidad de repertorio recién descubierto, o con arreglos nuevos, lo cual nos ha permitido explorar otras direcciones. Hemos hecho arreglos de la “Sonata Kreutzer”, de Beethoven; la “Chacona”, de Bach, o el “Octeto”, de Enescu. También los cuartetos de Mendelssohn o algunas obras de Janácek, Schubert o Pavel Fischer. Todas estas obras han llevado a los integrantes a alcanzar niveles muy altos, que ayudan a conformar el sonido de la orquesta. De paso, estos proyectos nos llevan a compartir experiencias únicas con nuestra audiencia. Y, finalmente, todo esto nos lleva a repensarnos y a reinventarnos.
Pero, al mismo tiempo, la orquesta representa una tradición. De hecho, ha sido nombrada “Orquesta Nacional de Hungría”. ¿No es difícil seguir estas dos corrientes?
La orquesta fue fundada hace 60 años y, por supuesto, ha tenido varios cambios de integrantes. Existe una tradición que está demarcada por varias generaciones de instrumentistas excepcionales y por la presencia, en calidad de invitados, de algunos solistas sobresalientes. Desde esa perspectiva, diría que nuestra tradición es la excelencia, un compromiso que enriquece nuestra vida y la de nuestro público. El título de “Orquesta Nacional” viene del apoyo del gobierno húngaro hacia proyectos que han demostrado mantener una tradición y, al mismo tiempo, brindar experiencias culturales significativas a las nuevas generaciones. Creo que esto es esencial para el bienestar de una sociedad.
Finalmente, esta gira los trae a Cartagena. ¿Qué piensa de América Latina en términos musicales?
Estoy emocionado de presentarme en el Cartagena Festival de Música, que tiene una reputación destacada en términos de calidad artística y de una programación vibrante. Para un músico europeo es fascinante ver cómo difieren las culturas musicales en cuanto a interpretación y expresión. Esta gira por Suramérica nos permitirá no solo compartir nuestra herencia musical, sino también contagiarnos por la vibración y el calor de esa vida local, algo que le agrega una dimensión maravillosa a todo concierto.
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