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Evelio Rosero: “Mi ideal era escribir una novela con mi propia selva”

“Lluvia de frailes en la selva” es el nuevo libro del autor colombiano, uno de los invitados al Hay Festival de Cartagena, que empieza mañana.

Andrés Osorio Guillott

28 de enero de 2026 - 07:00 p. m.
Evelio Rosero, escritor bogotano y autor de libros como "Los ejércitos", "Toño ciruelo" o "La carroza de Bolívar".
Foto: Santiago Ramírez Marín
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Casa de furia había sido el último libro de Evelio Rosero. Ahora, nuevamente con una novela, reaparece el autor bogotano con una historia que plantea una mirada al genocidio indígena en la conquista de América, a la idea del desarrollo, a la religión e incluso a la relación del ser humano con la naturaleza o, para ser más específicos, con la selva.

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En palabras de Rosero, Lluvia de frailes en la selva es “sobre todo un parangón con la conquista de América. Para eso empleé a unos frailes que llegan al Amazonas, pero en la novela finalmente termina difuminándose y es mi propia selva, mi propio río, el que invento allí. Y con base en estas aventuras hago el parangón al que me refería con la conquista de América, que pretendió sobre todo acabar con la raza indígena, acabar con las culturas indígenas, y todo por la codicia, el oro, en fin. La novela incluye una compañía petrolera internacional que tiene el propósito de sacar a los aborígenes de su ámbito e imponer el negocio del petróleo.

En entrevista para este diario, Rosero recordó que los viajes al Amazonas o a Putumayo, que hacía con su familia siendo un niño, le despertaron una pasión por la selva, así como por las historias de los misioneros que murieron alanceados por comunidades indígenas. “En los años cincuenta, cinco misioneros del Instituto Lingüístico de Verano fueron muertos por los indios a lanzazos y también con flechas. Y en los ochenta, el padre Alejandro Labaka, un misionero vasco que vino a Ecuador, y en compañía de una monja, Inés Arango, colombiana, fueron a adoctrinar, a llevar la religión con los indios huaorani, y allá los mataron también a los dos. Esas historias despertaron en mí mucha curiosidad, sobre todo de adelantar algún día una novela sobre ellos en especial. Finalmente, la novela cambió de dirección y ahora está la lluvia de frailes en la selva, y esa fue toda la causa de la novela”.

Tiene que ver, sí, con la conquista de América, pero también con una idea de desarrollo que implica destrucción. ¿Quería usted incluir una crítica o una mirada sobre esto?

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La novela tiene una evolución no muy convencional. No programo nunca mis argumentos, y van saliendo al paso diferentes motivos que se van consolidando en la novela. No pensaba terminar con unos frailes en la selva exactamente, sino pensaba en otras historias. Y se fueron imponiendo los personajes: Mardoqueo Vanin, que se cree representante de Dios en la tierra; el estratega agrícola, que es un general cuya función es matar, exterminar a todos los pueblos indígenas. Todos esos son personajes simbólicos que creo que existieron en la historia, no solamente de Colombia, sino en la historia del mundo, desde que el hombre es hombre y mata a su semejante para imponer sus ideas o su riqueza.

Ya que lo menciona, conversemos sobre ese personaje, de Mardoqueo, que se concibe como “El Señalado” o “El Elegido” de Dios en la tierra. Es interesante esa relación que propone entre la vanidad y el liderazgo…

No solamente en la religión católica han existido estos personajes. En todas las religiones hay personajes que se consideran representantes de Dios en la tierra, o incluso el mismo Dios. Son los que profetizan que en tal día se va a acabar la historia de todos los países, tanto en Europa como en Norteamérica, en fin, y han llevado a la catástrofe a muchos de esos adeptos. Este tipo de personaje es el generador de ese Mardoqueo Vanin, que se considera a sí mismo Dios y que finalmente termina entendiendo la vida con un misticismo que le entregan los indios con los que convivió. Ese misticismo proviene más de los indios que de la lectura de la Biblia y de todo lo que antes mostraba este sacerdote.

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La selva es muy importante en el libro. Pensaba en “La vorágine” y en otras novelas que han retratado a la naturaleza como personaje. ¿Por qué quiso darle esa importancia a la selva, casi como protagonista?

A mí la selva siempre me avasalló. Desde niño íbamos al Amazonas. Vivíamos en Pasto, pero de ahí hacia más al sur. La selva empezaba en La Cocha y siempre me determinó el asombro del color verde espeso, vegetal total alrededor de uno. Me imaginaba perdido en la selva, fabulaba cuentos sin ser escritor, era un niño, y eso más tarde desembocó en una novela. Tengo novelas donde los protagonistas son los pueblos de Nariño o la ciudad, cuando es Bogotá, urbana, pero nunca se me había ocurrido que terminaría escribiendo una novela con ese protagónico, ese personaje: la selva, alrededor de la cual giran todas las vidas de estos misioneros.

Hablemos del papel de la compañía petrolera. Hay un fragmento donde se dice que la compañía exige protección del gobierno, en nombre del desarrollo del país, y que se acude a las fuerzas militares…

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Ese fragmento es definitivo, porque da aviso de la columna vertebral de la novela. En realidad se trata de acabar una cultura indígena mediante la fuerza, mediante los militares, que han sido una presencia muy significativa cuando llegan a avasallar, a oprimir.

En la obra de Vargas Llosa, por supuesto, está presente el ejército permanentemente. “La Casa Verde”, por ejemplo, a mí de niño me hizo sentir la selva. Leí de niño muchas obras de Vargas Llosa y de García Márquez, y creo que también mi ideal era escribir una novela con mi propia selva, inventada por mí, mi propio río, como lo hago aquí.

¿Cuál es el papel de la religión en su vida?

Es importante porque estudié en colegios religiosos. Fui a retiros espirituales en La Candelaria, estudié con los padres agustinos, con los jesuitas en Pasto. Estuve cerca de una educación religiosa donde todos los días teníamos misa por las mañanas. Eso marcó mi vida y por eso aparecen de manera protagónica los curas en mis novelas.

¿Cuál es la idea de Dios que tiene usted?

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Desafortunadamente ya no creo como antes. Soy más materialista. Creo que cuando nos morimos, ahí llega todo. No creo en ningún paraíso, pero respeto a los que creen y a los que tienen esa felicidad.

En el libro se toca un tema sensible: la pederastia. ¿Por qué lo incluyó?

En Casa de furia sí aparece de manera más clara, pero en Lluvia de frailes es una referencia muy de soslayo. No vuelvo a insistir más, pero cómo ignorar ese aspecto que siempre ha estado latente en la religión católica. Hasta hace muy poco comenzaron a reconocer ese delito de lesa humanidad. En otras novelas lo trato de manera más directa.

Hay un fragmento que habla del sacrificio extremo de los misioneros, de dar la vida por una creencia. ¿Cómo entiende usted esa idea?

No se desconoce la labor del misionero. Es alguien convencido de su religión y quiere compartir esa palabra de Dios con los demás. Por eso quiere llegar a los pueblos más apartados. Entre ellos hay filósofos, gente muy importante, así como también hay curas codiciosos. Está el ser humano.

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Bartolomé de las Casas, por ejemplo, fue un gran cronista de Indias y denunció lo que ocurrió. Hoy algunos intentan desacreditarlo, pero no pueden desconocer su crónica. Lo mismo Diego de Landa. Fueron sacerdotes que dijeron las verdades como había que decirlas.

Pensaba en el papel del papa Francisco y su trabajo en lo social.

También en la denuncia de la pederastia en la Iglesia. Eso era lo que apuntaba Juan Pablo I, pero lo mataron a los treinta y tres días de su pontificado. Pretendía acabar con esa pederastia encubierta y con la Iglesia como entidad financiera. Creo que el papa Francisco conocía ese pensamiento y lo aplicó en cierto modo, aunque no de manera tan radical.

Otra frase: “Si hay algo en el mundo que se burla de hombres y mujeres son los milagros”. En el diálogo alguien dice: “Las mujeres tenemos palito con los milagros”. Quiero que hablemos de ese concepto de los milagros.

No, pues ahí sencillamente me refiero a que se están burlando de los santos. Hay una serie de dichos y refranes que hablan de que las mujeres tal vez son muy permeables a los milagros, a creer en los milagros, a que viene Dios y hace un milagro. Pero también son permeables los sacerdotes de la novela. Por eso más bien invito a los lectores a que accedan, a que entren a ese viaje que es la novela.

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Qué opina usted de la relación entre fe y esperanza, que se plantea también en un punto de la novela.

Hay un diálogo, una divergencia que tiene una monja con una prostituta. Están los dos puntos, digamos, opuestos en la vida de una mujer: una monja que decidió ser monja toda su vida y otra que es una prostituta desde siempre, desde niña. Y ambas hablan de la fe, de la no creencia, de la creencia, en fin. Al final, ¿quién gana en esa discusión? No sé todavía, pero ambas se quedan riendo, la una de la otra.

Ya sobre el final hay una frase también muy poderosa, que creo que es Mardoqueo quien la menciona: “Nadie es bueno sino Dios”, en un discurso que hace él. Me parece llamativa esta idea, sobre todo en relación con la moral, esa relación entre la religión y la moral.

No recuerdo ahora quién dijo exactamente eso, porque yo leí muchos místicos, no solamente en la filosofía sino también en la poesía, que reflexionan sobre la idea de Dios. Eso es lo que al final de su vida Mardoqueo muestra: ese conflicto verdadero entre si existe o no existe Dios. La novela misma lo dice al final, cuando ellos son sacrificados: Mardoqueo Vanin y su seguidor, San Pedro.

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Una última pregunta que no tiene que ver con el libro, pero sí con el Hay Festival. ¿Qué opina de toda esta polémica de los escritores que decidieron no asistir por la invitación que le hicieron a María Corina Machado?

Innecesaria. Los escritores deben estar en todas partes, y si hay alguien allí que lo incomoda, pues que se cuestione por qué lo incomoda. De eso se trata: hay que escuchar todas las voces. A mí me parece importantísimo. Qué lástima que no haya ido, que no vaya a venir María Corina, pero es definitivamente un personaje importante, vital en la historia de Latinoamérica. Lo que se ha propuesto, la lucha que viene desarrollando desde hace tantos años, ¿cómo se puede desconocer?

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