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En el tercer piso del centro de convenciones Ágora en Bogotá, una de las salas alberga varias de las obras y estudios que la artista bogotana Fanny Sanín ha creado a lo largo de su carrera. Esta muestra hace parte del homenaje que se le ha rendido en la vigesimosegunda edición de Artbo. Durante cuatro días, los asistentes a la feria se han acercado a las pinturas abstractas de Sanín en la muestra “Fanny Sanín: deslumbrar gradualmente”, curada por José Roca, en la que convergen formas y colores, los dos elementos clave de su obra.
Nacida en 1938, la artista ha vivido en Nueva York durante las últimas décadas y es considerada como una de las representantes del arte abstracto y geométrico en el país. Su obra ha estado marcada por el color, la simetría, el balance y la armonía. Estudió en la Universidad de Los Andes entre 1956 y 1960 y continuó sus estudios en el extranjero. Desde entonces, dedicó su vida al arte y sus pinturas han pasado por muestras nacionales e internacionales en Estados Unidos, México, Francia, Reino Unido, entre otros.
La artista habló para El Espectador a propósito del homenaje que se le rinde en esta edición.
En una biografía publicada en 2020 se mencionó que “De lo espiritual en el arte”, de Wassily Kandinsky, fue un libro fundamental para usted. ¿Cómo se ha relacionado con este libro?
No ha cambiado mi concepto de lo que pregona el gran Kandinsky en su libro “De lo espiritual en el arte”. Como gran seguidora de él, sus escritos me han seguido enriqueciendo a lo largo de todos estos años, al igual que el mundo del arte en todas sus formas, como los artistas, los museos que he recorrido, los libros y mi experiencia de vida.
¿Cómo fue su proceso para llegar al abstraccionismo?
Mis estudios en la Universidad de Los Andes fueron vitales. Fue una etapa inicial muy académica, pero importante y necesaria para llegar años más adelante a la introducción del arte abstracto. Además de la lectura, tenía en Colombia las exhibiciones de artistas como Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Omar Rayo, Guillermo Wiedemann y otros anteriores. Sus obras fueron una gran revolución en el arte colombiano y latinoamericano. En la Universidad de Los Andes tuve después profesores como Manzur, Villegas y Roda. Ellos tres fueron los que me introdujeron al arte abstracto y que se convirtieron en mis primeras influencias.
Ha expresado que crea su propia paleta. ¿Cómo opera este proceso?
Te confieso que no sigo muchas reglas. Mi paleta es un estudio muy espontáneo. Los colores que uso no salen directamente del tubo de pintura al lienzo, siempre van mezclados con otros para lograr mis propios tonos. El color siempre ha sido el principal elemento de mi obra y lo trabajo en conjunto con la forma. Cuando estoy creando, estoy pensando constantemente en estos dos elementos. Van unidos.
¿Cómo ha cambiado su relación con el color?
Ha habido muchos desarrollos a partir de la época abstracta expresionista de los años 60, en la forma y el color. Lo llamaría una evolución. Del óleo con el que trabajé en la década de 1960, pasé al acrílico. En los 70, introduje la simetría, que se ha mantenido hasta ahora. Hubo una etapa, en la década de 1980, en la que Germán Rubiano Caballero se refería a la pintura de estos años como “asordinada”. Es como cuando se está interpretando algo de música con un instrumento de viento y se introduce una sordina para que el sonido sea tenue sin perder su resonancia; eso también pasa con los colores en la pintura.
¿Su proceso creativo se ha transformado con el tiempo?
Sí. Cuando trabajaba con óleos, no hacía muchos bocetos. Hacía algunos pequeños o trabajaba directamente sobre la tela. Para la década de 1970 cambié al acrílico y, entonces, empecé a hacer unos estudios en papel. Eran estudios preliminares que hacía hasta llegar al que va a ser reflejado en el lienzo.
¿Cómo han influido sus viajes y los lugares en los que ha vivido en su obra?
Mayer y yo hemos vivido fuera de Colombia por aproximadamente 60 años. Salí en 1962. Por un tiempo viví en Estados Unidos, luego en México, que fue un país muy importante para mí porque allí hice mi primera exposición individual. Mi primera exposición en Colombia fue en 1965 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, cuando Marta Traba lo dirigía. Después de eso viví en Londres, regresamos a Monterrey un tiempo y, finalmente, llegamos a Nueva York en 1971, donde residimos actualmente. Los viajes y estadías en estos lugares fueron muy importantes, como experiencias y vivencias; los amigos, las exposiciones a las que he ido y las que he presentado, y los lugares que he visitado, todo ha hecho parte de mi personalidad. Cuando alguien me pregunta qué hay detrás de mi obra, creo que ahí se refleja quién soy y lo que pienso. Esto está relacionado con lo que hablábamos de Kandinsky; en mi obra hay una gran espiritualidad.
¿Cómo ha mantenido presente a Colombia en su práctica y obra?
Colombia siempre ha estado presente. Yo nunca me he desligado de Colombia. Desde que salí, participé en muchas exposiciones individuales y colectivas, manteniendo siempre el vínculo con mis amigos; a muchos de ellos los vi en la entrega del reconocimiento. A Nueva York va mucha gente latina. También estoy muy en contacto con las noticias de Colombia. Si me preguntan si soy una pintora colombiana o americana, diría que soy ambas. Colombiana porque nací aquí, pero he estado mucho tiempo en Estados Unidos. Pero por todo el arte que he vivido y he apreciado, me siento una pintora universal.
¿Qué es lo que más disfruta de su proceso de creación?
Me gusta trabajar en completa soledad, aunque siempre acompañada por la música que me ayuda a concentrarme en crear algo con los elementos que tengo: el color y la forma. Busco armonía, orden y color. Por eso hago estudios, porque voy creando el color y las formas que se van definiendo. No es fácil de describir. Es como preguntarle a un compositor en qué piensa cuando compone, él está trabajando con los elementos que tiene. La obra es el reflejo de la persona, por lo menos en mi caso. No estoy pensando en ninguna historia, paisaje o persona.
Mencionó que le gusta trabajar con música. ¿Qué prefiere escuchar?
Me gustan muchos géneros musicales, pero para trabajar prefiero algo clásico y, especialmente, la música de cámara. Es mi acompañante; no me inspiro en ella. Si es una orquesta, hay muchos elementos y no se puede concentrar, mucho menos con una ópera de fondo.
Tras dedicarse al arte durante más de seis décadas, ¿qué definición podría darle a esta palabra?
Hace poco me hicieron una pregunta parecida. Yo me pregunto, ¿qué sería de un mundo sin arte? No se puede concebir porque has vivido con él por muchos años. Un mundo sin arte sería horrible. Desde pequeña estuve involucrada con el arte por mi familia; veía libros de arte y siempre he vivido en ese mundo. No puedo concebir una realidad sin arte a mi alrededor.
¿Cuál es su visión del mundo actualmente?
En parte, se ha convertido en un mundo terrible; no hay mucha esperanza para el futuro. Es un mundo lleno de crueldad. Aunque toda la vida ha habido guerras, injusticias y desastres, lo que está pasando hoy es algo inverosímil. Hoy en día es muy difícil.
¿Conserva recuerdos de los momentos en los que creó las obras que se exhiben en Artbo?
No tengo un tema, ya que la obra es completamente abstracta. Entre las que están en la muestra, recuerdo en particular una que tiene tres secciones. Fue un homenaje que se hizo en el Museo del Barrio al arte taíno. En este arte hay unas esculturas que se hacen en madera y son pequeñitas. A los artistas que participamos nos dieron a escoger a qué le íbamos a dedicar la obra que haríamos. Yo nunca me inspiro en nada, pero resolví hacer esa pintura con tres elementos, como los tres reyes magos, y está dividida en tres. Son elementos muy etéreos y espirituales. Ahora recuerdo que fue muy emotiva.
Acaba de recibir un reconocimiento en Artbo. ¿Cuál es su relación con este tipo de galardones?
He tenido buenas críticas y un gran apoyo, no solo de artistas, curadores o galerías. Al final de uno de los videos de la exposición de Artbo, hay unas palabras que reflejan un poco lo que he recibido de mucha gente. Ha habido épocas de discriminación. Cuando llegué a Estados Unidos, en la década de 1970, había una seria discriminación contra las mujeres artistas a quienes no exhibían casi, solo por ser mujeres. Ser latina también era otro punto de discriminación en Estados Unidos. Afortunadamente, eso ya ha cambiado. Ni en México, ni en Colombia, ni en Inglaterra había sentido eso. Aparte de ese episodio, mi vida ha sido muy agradecida con todas las personas y colegas que me han apoyado. Es muy satisfactorio regresar a Colombia en estas circunstancias, porque son más o menos 60 años de obra abstracta, con la que algunos jóvenes podrían no estar familiarizados.
¿Cuál es su percepción de la exhibición de Artbo?
Mi visita a Colombia ha sido una bella experiencia y el reconocimiento a mi trayectoria por Artbo y la Joyería Bauer lo recibo con gran gratitud. Agradezco también a la prensa en el país, siempre me han tratado con gran generosidad, al igual que el curador José Roca y Alonso Garcés Galería por su apoyo en la muestra que se presenta en la feria.
¿Qué consejo le daría a una persona que se está acercando a su obra para apreciarla?
Esta es más una recomendación general, no solo para mis cuadros. Siempre que va alguien a Estados Unidos, lo primero que me gustaría que hicieran, aunque no estén relacionados con el arte, es ir a los museos y a las galerías, que se involucren con este mundo. A veces es difícil. Pero mi recomendación no es que vayan una sola vez, sino que vuelvan y le vayan cogiendo cariño al arte. En Inglaterra, sobre todo, llevan a los niños desde los dos o tres años y hay quienes dicen que están muy chiquitos, pero no tienen que estar en el museo media hora, pueden ser diez minutos. Ese tiempo es suficiente para irlos involucrando en un medio que les va a dar una gran sensibilidad. Lo digo porque yo tuve esa experiencia cuando estaba chiquita. Mi papá y toda mi familia eran muy cercanos a la música clásica, él solía ponerla a un volumen alto. A mí me gustaba la música popular y los vallenatos, la clásica no era mi favorita, hasta que un día puso algo de Mozart. En ese momento como que desperté y me empezó a gustar. Por eso digo que llevar a los niños a los museos y familiarizarlos con el arte hace que, más adelante, sientan un gran cariño por él.
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