Publicidad

La educación financiera pensada en clave femenina

Andrea García y Valentina González crearon Feminario, un espacio diseñado para que mujeres puedan aprender sobre herramientas financieras y autonomía económica.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Andrea Jaramillo Caro
19 de enero de 2026 - 01:05 p. m.
Valentina González (i) y Andrea García (d) crearon Feminario tras estudiar un pregrado y maestría en Economía.
Valentina González (i) y Andrea García (d) crearon Feminario tras estudiar un pregrado y maestría en Economía.
Foto: Jonathan Velasco
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

¿Cómo surgió Feminario?

Andrea García: Nació en mayo de 2023. En ese momento nos sentamos juntas a pensar en esto y sentíamos inconformidad con el camino laboral que estábamos llevando y que no nos permitía trabajar en pro de las mujeres. Empezamos a pensarnos Feminario como un espacio que nos permitiera cambiar ciertas estructuras. La idea de crear una consultora con enfoque de género. Así empezó este proyecto y trabajábamos diferentes temas y con diferentes empresas y entidades. Así nos fuimos dando cuenta de que hay muchísimo para cubrir en temas de género.

¿Cómo transformaron el proyecto a lo que es hoy?

García: Nos sentamos a repensar qué era lo que queríamos trabajar. Nos preguntamos cuál era el dolor que nos atravesaba en nuestros círculos cercanos de mujeres; por ejemplo, mi mamá, la hermana de Tina, hasta nuestras amigas. Nos dimos cuenta de que algo que nos preocupaba a todas era la inseguridad económica en la vejez. Entendimos que, con ese problema, las mujeres se quedan a esa edad sin posibilidades o proyecto de vida. Pensamos entonces en hacer un fondo pensional, pero vimos que era muy difícil llegar a ese lugar, por lo que decidimos atacar el problema desde la raíz: la educación. Ahí fue cuando empezó toda la apuesta de Feminario como empresa que se dedica a la educación financiera que quiere promover la autonomía económica de las mujeres.

Valentina González: Para nosotras nació de ese dolor conjunto de ver cuál era la situación de la mamá de Andrea y mi hermana, pero luego, cuando salimos a contarle al resto de mujeres, cuando tuvimos la apuesta en redes sociales, eso se fue reafirmando y se ha ido alimentando de las voces de todas las mujeres que nos confirman que este tema es importante, que de este tema hemos estado lejos históricamente, y que hay mucha más tela por cortar además de la seguridad económica en la vejez.

¿Qué fue lo que más las sorprendió cuando empezaron?

García: Fue la reafirmación inmediata que tuvimos apenas salimos con nuestro primer video en redes. Nosotras no estábamos preparadas para todo lo que empezaría a demandar la audiencia. Salimos con el primer vídeo y desde ahí nos pedían un taller o un curso, algo que las pudiera acercar a obtener estas herramientas y adquirir el conocimiento. En ese momento nuestra apuesta era solo poner el tema sobre la mesa y caminar hacia construir esos espacios educativos. Nuestra sospecha era cierta, ahí había un vacío y una necesidad de educación financiera que le hablara a las mujeres en los términos en los que necesitamos que nos hablen. En ocasiones no se tienen en cuenta las realidades y las barreras a las que nos enfrentamos durante toda nuestra trayectoria laboral y de vida.

González: Algo que a mí me marcó mucho y me ha venido marcando mucho con el proceso que hemos tenido es, además de la reafirmación, entender cómo la autonomía económica está interconectada con muchas otras dimensiones de la vida de las mujeres. Acercarnos a una asesoría personalizada con una mujer y reconocer cómo los temas de autonomía económica pasan por violencia económica en algunos casos o tienen mucho que ver con lo que aprendieron de su familia desde pequeñas, no solo respecto al dinero, sino respecto a cómo es soñarse una familia o un trabajo, las barreras que enfrentamos a la hora de estudiar y competir laboralmente, es un tema que toca muchas áreas de nuestra vida. Hay que reconocer eso y el reto que implica desaprender todas esas cosas y luchar porque las estructuras cambien.

Ustedes estudiaron economía, ¿qué las llevó a decantarse por una visión social de este campo?

González: Creo que entré a la carrera de Economía un poco más ciega frente a lo que significaban las herramientas que iba a aprender. Durante la carrera estuve en varios espacios como voluntariados y de activismo feminista donde me preguntaba mucho si lo que estaba aprendiendo servía para transformar esas realidades que estaba viendo en esos otros lugares. Ahí empezaron los cuestionamientos: ¿qué puedo hacer con estas herramientas y con esta carrera que voy a tener en el futuro para cambiarlo? En clase empecé a buscar referentes mujeres y en ese momento nos encontramos y vimos que teníamos las mismas preguntas y reflexiones.

García: Llegué al área social desde lo académico. Hubo algo que me marcó durante la carrera y que me hizo buscar este camino y fue darme cuenta de que existía la inequidad salarial. En economía hay una metodología para medir esto y yo pensaba: ¿cómo es posible que este método exista y que en ningún país se haya solucionado el problema? Empecé a investigar un poco más sobre qué llevaba a esta situación a las mujeres, por qué el país y el mundo no están dispuestos a responder a esto y a solucionarlo. Mantener esa inequidad le funciona al sistema. Empecé a rodearme de mujeres que se estaban cuestionando exactamente lo mismo, de profesoras feministas que hablaban de ese tipo de cosas, y así empecé a preocuparme y trabajar por solucionar este tema.

¿Cuál ha sido el concepto o idea que aprendieron en su carrera universitaria que más ha cambiado desde que empezaron este camino?

García: Mi trayectoria antes de Feminario era muy de investigación y estadística. Al empezar con este proyecto, tuve que enfrentarme a conocer de primera mano a las personas que están detrás de las cifras. Detrás de las tasas de desempleo o informalidad hay mujeres reales, y pude ver el otro lado de las estadísticas. Ver estas realidades hace que uno deje de ser tan frío al momento de analizar los números y los lea con un poco más de conciencia. El hecho de que una de cada ocho mujeres en Colombia se pensione es escandaloso, y conocer a esas otras siete que no se pensionan te hace mucho más consciente y le da más propósito a lo que estamos haciendo.

González: En mi caso, el cambio más importante ha sido el reconocer en todos estos espacios masculinizados una herramienta muy potente. En el pasado, durante la universidad, creo que pude haber sido más resistente a esos procesos; me refiero a pensar en trabajar cerca de un banco o en lugares que para mí eran replicadores de muchas dinámicas de opresión o de pobreza, pero hoy los reconozco como una herramienta.

¿Qué las ha retado en este camino?

García: Enfrentarme a los diferentes contextos y realidades de las mujeres, porque así como no a todo el mundo se le habla de la misma manera, no todas las mujeres tenemos las mismas experiencias. En esa medida, no nos sirven las mismas herramientas a todas. Nos ha costado encontrar un lenguaje y unas herramientas que nos funcionen a todas desde el contexto en el que estamos. No es lo mismo hablar con una mujer de Bogotá universitaria con todas las posibilidades, a hablar con una mujer que no ha tenido la misma trayectoria, que seguramente tiene una carga de cuidado mucho más alta.

González: Otro reto tiene que ver con lo masculinizado que está este nicho. Enfrentarse a reuniones donde la mayoría son hombres y explicar esto es un reto adicional, porque no les duele de la misma manera que a nosotras y nos han cuestionado sobre si lo que hacemos tiene sentido. Esto va de la mano con que nos han dicho que nos vemos muy jóvenes y la gente no nos toma tan en serio

¿Cómo han navegado el hecho de pertenecer a una generación joven en un campo que puede sentirse lejano?

García: Ha sido un reto interesante. Tuvimos hace poco una reunión en la que nos decían que rompemos estereotipos por cómo nos vestimos y hablamos. Ese ha sido también uno de nuestros objetivos, salir del molde y de la visión de que estos temas pueden ser muy ladrilludos y que son de nicho, un discurso que no favorece a nadie. Por otro lado, no queríamos continuar con la imagen del “finance bro” que hace que uno sienta que no cabe en ese espacio. Queríamos hacer una suerte de declaración de que, desde la forma en la que nos vestimos y hablamos, cabemos en las finanzas y las inversiones.

González: Somos muy disruptivas en muchos espacios y la verdad es que ahí hay una gran ventaja en que seamos dos y que nos apoyemos y nos retroalimentemos constantemente. Probablemente, no sería tan fácil enfrentarse a un espacio así sola, todo el tiempo, siendo tan observadas y señaladas. Ambas logramos tener ese punto de apoyo, y también la retroalimentación de parte de las mujeres que se sienten acogidas con el lenguaje y la estética que manejamos. Esto, de hecho, fue una de las apuestas que teníamos en la cartelera cuando comenzamos a idear el proyecto; no queríamos replicar cierta forma de comunicar y compartir, sino refugiarnos en lo que somos y hemos sido.

Andrea Jaramillo Caro

Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.