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Más de medio siglo después de que Fernando Botero comenzara a abrirse camino en la escena artística neoyorquina, la ciudad vuelve a convertirse en escenario para revisar uno de los momentos decisivos de su carrera.
Sotheby’s inauguró en su sede Breuer, en el Upper East Side de Manhattan, la exposición Botero in New York, una muestra organizada junto con la Fundación Fernando Botero que reúne más de 35 pinturas, esculturas y pasteles realizados durante el período en el que el artista colombiano vivió en esa ciudad y consolidó el estilo que terminaría identificando su obra.
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La exposición estará abierta al público hasta el 7 de septiembre y constituye la primera dedicada a un solo artista en la nueva sede de Sotheby’s en Nueva York. También representa la primera colaboración entre la casa de subastas y la Fundación Fernando Botero, creada por la familia del artista tras su fallecimiento en 2023.
El recorrido se concentra en las décadas de 1950, 1960 y comienzos de los años setenta, una etapa en la que Botero residió en Nueva York, entre 1960 y 1973. Desde allí desarrolló un trabajo que dialogó con algunos de los movimientos artísticos más influyentes de la época sin abandonar la figuración, un rasgo que se convertiría en una constante de su producción.
“Fue aquí donde terminó de consolidar su lenguaje artístico y donde, pese a enfrentarse a las corrientes dominantes de la época, decidió mantenerse fiel a sus convicciones”, señaló Fernando Botero Quintana, nieto del artista y uno de los organizadores de la muestra. Según explicó, el proyecto comenzó a gestarse en febrero de 2025, cuando Sotheby’s invitó a la familia Botero a organizar una exposición dedicada a ese período de la obra del pintor.
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La muestra reúne piezas procedentes de la Fundación Fernando Botero, de la colección de la familia y de colecciones privadas internacionales. Varias de ellas vuelven a exhibirse después de varias décadas y otras nunca habían sido presentadas públicamente.
Entre las obras incluidas se encuentra Monalisa a los trece años (1959), una reinterpretación de la pintura de Leonardo da Vinci que, según Sotheby’s, se exhibe por primera vez. También hacen parte de la selección Picnic (1973), Apotheosis of Ramón Hoyos (1959), homenaje al ciclista colombiano Ramón Hoyos Vallejo; Sunflowers (1977), inspirada en Vincent van Gogh y ausente de exhibiciones desde 2012, y Still Life with Watermelon (1976), una de las naturalezas muertas más representativas del artista.
En total, la exposición presenta 37 obras, diez de ellas prestadas por la Fundación Fernando Botero. Las demás pertenecen a coleccionistas privados y galerías internacionales. Aquellas que no hacen parte de la colección de la Fundación estarán disponibles para venta privada una vez concluya la muestra.
Para Nick Deimel, director de ventas privadas de arte moderno para las Américas en Sotheby’s, uno de los objetivos de la exposición es mostrar la singularidad de Botero dentro del panorama artístico de su tiempo. Explicó que el artista colombiano aportó “un ángulo totalmente nuevo tanto a la historia del arte como a la producción de su época” y destacó su manejo del color, que relacionó con su herencia colombiana y latinoamericana.
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La exposición también reconstruye el diálogo que Botero sostuvo con artistas como Paul Cézanne, Vincent van Gogh, El Greco, Peter Paul Rubens y figuras del pop art estadounidense como Roy Lichtenstein y Andy Warhol. Según Deimel, aunque el pintor incorporó referencias de esos creadores, nunca abandonó la figuración. “Ese fue siempre su lenguaje. Se mantuvo fiel a su visión, aunque abierto a lo que le rodeaba”, afirmó.
Ese camino comenzó a ser reconocido muy pronto. En 1961, Dorothy Miller, entonces curadora del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), visitó el estudio del artista y recomendó la adquisición de una de sus obras. Con esa compra, el museo se convirtió en la primera institución estadounidense en incorporar una pieza de Botero a su colección.
Una de las pinturas que resume el espíritu de la muestra es La exposición de Botero. En ella aparecen distintos personajes —entre ellos una monja, un cardenal, un empresario y una niña— observando cuadros del propio artista dentro de un museo. Bajo cada obra se distinguen pequeños círculos rojos, un recurso que en las galerías indica que las piezas ya han sido vendidas. Entre los cuadros representados figura Picnic, una de las pinturas incluidas en esta exposición.
Más que una retrospectiva completa, Botero in New York propone volver sobre el período en el que el artista colombiano definió el lenguaje que desarrollaría durante las décadas siguientes y que lo convertiría en uno de los creadores latinoamericanos de mayor reconocimiento internacional.