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Germán Córdoba: “No creo en quienes escriben como denuncia. Se escribe solo por necesidad”

El autor de “Cortafuegos” habló para El Espectador sobre esta historia que gira en torno a un hombre que busca recomponer una vida marcada por el desencanto y el abandono con la ayuda de un librero ermitaño y las novelas de su local.

Santiago Gómez Cubillos

21 de mayo de 2026 - 07:00 a. m.
Germán Córdoba Ordóñez también es autor del libro “El fragor de la leña verde” (Ediciones B, 2023).
Foto: Prensa Germán Córdoba
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En “Cortafuegos” la muerte no llega de sorpresa. Se anuncia desde la primera línea, pero es una herida que su protagonista padece hasta la última. “El Mono Vásquez fue mi único amigo y se mató cuando dejábamos la infancia”: así comienza la nueva novela de Germán Córdoba. Pero lejos de pensar que es una historia sobre dónde se perdió la vida, podríamos decir que se trata de todos los lugares donde podemos encontrarla. Para Juan Carlos Morales, el protagonista, eso fue en los libros.

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En su obra se habla mucho de autores y libros, especialmente de aquellos que recomienda Germán Espinosa, el librero de El Aleph. ¿Por qué quiso que este fuera un elemento central de “Cortafuegos”?

Yo sueño con ser librero. Quiero tener una librería en un pueblo y dedicarme a eso. Nada me gusta más en la vida que recomendar libros y esta novela fue mi oportunidad de hacerlo. “Cortafuegos” nació como un homenaje a Mauricio Lleras, que era un gran librero en Bogotá. Él guiaba mis lecturas y a él le debo las mejores de los últimos años. Cuando murió, yo quedé huérfano, y ahí descubrí que tener un librero es un tesoro. Uno de los personajes lo dice: “tener un librero de confianza es más importante que tener un cardiólogo”, y creo que tiene toda la razón, porque me ha hecho mucha falta esa figura tutelar en mis lecturas.

Con respecto a los autores y libros que aparecen en esta novela, ¿sabía desde el principio cuáles eran los que quería recomendar?

Había unos libros que sí o sí tenía que nombrar porque me encantan. Por ejemplo, “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas, que fue algo fundacional en mi adultez. Pero fue difícil porque me preocupaba volverme un poco aburridor con este tema. Hubiera querido recomendar 300 libros, pero claro, hay que encontrarle a cada uno su momento. Entonces lo que hice fue pensar “este me sirve para este momento, este para otro” y al final incluí un listado con todos.

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Además de esto, en “Cortafuegos” hay amistad, hay amor al fútbol (especialmente por Santa Fe), hay mafiosos... En fin, son muchos los elementos que juegan aquí. ¿De dónde salió todo esto?

Para mí esto fue un retorno a la imaginación. La adultez muchas veces consiste en confiar solamente en la razón y desdeñar todo lo demás. Pero la literatura le permite a uno volver a inventar, a jugar con lo que no existe, a crear personajes y a imaginar historias. En ese sentido, así los personajes no tengan nada que ver conmigo, siempre hay esquirlas que se cuelan. Yo soy de Pasto, me gusta el fútbol, soy un santafereño enfermo, me gusta leer... todo muy parecido a Morales, el protagonista. Y, de la misma manera, muchos personajes son como gotas de circunstancias, de personas que he conocido y con las que quise jugar. Pero hasta ahí. En “Cortafuegos” yo quise, más que retratarme, jugar al creador.

En su libro, uno de sus personajes dice: “No se escribe para justificarse ni para escapar. Se hace solo por imperiosa necesidad, porque no hay otra forma de sacar lo que hierve por dentro”. ¿A usted qué le hierve por dentro que lo empuja a escribir?

Yo creo eso profundamente. No creo en quienes escriben como proclama o como denuncia, metiéndole política o género. Se debe escribir por necesidad. Eso se lo leí un día a Cortázar: él decía que si uno puede dejar de escribir y seguir viviendo, mejor que no escriba nunca. A mí me hierven muchas cosas por dentro. Hay muchas cosas de este mundo que no entiendo, muchas de la humanidad que no me gustan. Al igual que hay muchas cosas que me conmueven. Entonces, yo digo que el altillo se me llenó de ideas de tanto leer, y eso me llevó a tejer historias, inventarme personajes y a decirle al mundo lo que pienso sobre ciertas cosas.

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Su libro comienza con un episodio trágico en la vida del protagonista: el suicidio de su mejor amigo. Y, a partir de ahí, toca el tema desde diferentes ángulos. ¿Por qué le dedicó una reflexión tan profunda a esto en su libro? ¿Qué significa para usted que alguien decida quitarse la vida?

Primero, por suerte, en mi vida no conozco a nadie cercano que se haya suicidado. Pero sí quería que el personaje, en su infancia, tuviera un trauma, una gran amistad de esas que son muy lindas, muy puras, muy sanas, propias de la niñez, y que a partir de esa amistad quedara marcado por un episodio muy fuerte. Pensé en el más duro de todos. Un poco también partió de “El mito de Sísifo”, de Albert Camus, que me encanta porque ahí está la gran pregunta: ¿vivir vale la pena o no? No hay nada más importante que eso. Por eso tengo mucho respeto por este tema, y así lo trato en el libro.

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Ahora, aquí no hablo de quienes lo hacen enceguecidos por el fanatismo, porque creo que eso es otra cosa. Preferí abordarlo desde el caso de los escritores, donde hay historias muy llamativas. Pienso, por ejemplo, en Sylvia Plath, que subió al cuarto de sus hijos, les dejó un vaso de leche con galletas y luego bajó y se suicidó. Era algo que me llamaba mucho la atención porque creo que son cosas muy duras y, sobre todo, muy difíciles de entender.

Para usted, ¿qué significa una novela como “Cortafuegos” y qué le gustaría que la gente encontrara allí además de recomendaciones de libros?

Para mí es muy emocionante. El otro día decía que, después de tener a mis hijos, mi mayor felicidad ha sido ver nacer mis libros. Con la primera novela, el solo hecho de que la publicaran ya era un logro: si la compraban o no, si la leían o no, ya no importaba tanto; haber publicado era el sueño. Pero con la segunda da mucho más susto, porque puede que haya lectores que hayan leído el primero y esperen mucho más de este. Eso asusta, pero también lo vuelve a uno más audaz. Al final del día, quiero que con “Cortafuegos” la gente se conmueva, se ría, se asombre, y si de paso se encuentra con un par de libros que le causen curiosidad, habré logrado mi propósito.

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Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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