Publicidad

¡Gracias, Piero!

Un melómano e historiador le rinde homenaje a la vida y obra del ya legendario cantante argentino, con nacionalidad colombiana, que murió la semana pasada.

Por: Petrit Baquero* / Especial para El Espectador
Muerte de Piero: artistas despiden al autor de ‘Mi viejo’. Confirman cómo será su funeral
NUE17. BOGOTÁ (COLOMBIA), 07/10/2026.- Fotografía de archivo del 25 de abril de 2010 que muestra al cantante argentino Piero durante un concierto en el Lincoln Center, en Nueva York (EEUU). El cantautor argentino Piero, una de las grandes figuras de la música popular latinoamericana, falleció este miércoles a los 81 años en Buenos Aires, informaron amigos y familiares del reconocido artista, quien vivió en España. EFE/ Miguel Rajmil ARCHIVO
Foto: EFE - Miguel Rajmil

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿Cómo puedes llamarte artista y no reflejar lo que está pasando?

Nina Simone

Era finales de marzo de 1976 y en Argentina no se vivían tiempos felices. El famoso cantautor Piero de Benedictis, conocido simplemente como “Piero”, sabía en gran medida lo que estaba pasando, pues la dictadura militar acababa de montarse y las amenazas, los hostigamientos, las persecuciones y, según se decía, los asesinatos y desapariciones de aquellos considerados “peligrosos” o “incómodos”, se tornaban cada vez más frecuentes. Esto, por supuesto, no era nuevo, ya que, desde años anteriores, con gobiernos supuestamente democráticos, la persecución a quienes se oponían al régimen, fuera el que fuera, o manifestaban ideas consideradas “subversivas”, se había hecho constante. Sin embargo, con los militares en el poder las cosas parecían ser aún peores, incluso para quienes eran considerados figuras influyentes que podían expresar públicamente lo que otros no.

A altas horas de la noche timbraron en el apartamento del cantautor. Se trataba de su hermana, quien le dijo que había preferido no hablar por teléfono, sino personalmente, ya que se trataba de algo urgente. Al ver la cara de angustia de su hermana, Piero supo que la visita no era por una razón grata.

Obviamente, muchos veían con preocupación el difícil clima político de la época, pero un artista como él suponía que tenía cierto margen de acción, pues su fama y reconocimiento, labrado durante varios años de carrera, lo podían proteger. O, bueno, eso es lo que pensaba, al menos si se comparaba con los muchos individuos anónimos que sí estaban en una situación mucho más difícil, lo cual le hacía solidarizarse dándoles, de cierta manera, una voz, a través de sus canciones y declaraciones públicas.

Le puede interesar

Pero rápidamente se dio cuenta de que la situación requería de acciones inmediatas, pues su hermana, que salía con el hijo de un comisario de la Policía Federal, le dijo que su pareja vio por casualidad la lista de próximos detenidos y que Piero figuraba ahí. Por eso el mensaje claro y duro era que el cantautor tenía que abandonar su casa esa misma noche “antes de que lo chupara la Policía”.

Piero inmediatamente hizo un par de llamadas y, al cabo de pocos minutos, salió con el mayor sigilo posible al piso 14 de un edificio donde vivían unos amigos, situado al frente de su apartamento. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, se asomó por la ventana y vio parqueado al frente de su casa un vehículo Ford Falcon sin placas, el cual, vale recordar, se convirtió en símbolo de las fuerzas represoras y los escuadrones de la muerte de la dictadura militar argentina. De ese automóvil se bajaron varios agentes armados listos para llevarse al cantautor, pero no lo pudieron encontrar.

Esto le demostró a Piero que las fuerzas represoras estatales ya lo consideraban un “enemigo”, por lo que tuvo claro que, como estaban haciendo muchos, tenía que irse de su país.

Ellos nacen ancianos y van enniñeciendo a través de la vida
Los americanos
Y nacen convencidos que no hay nadie en el mundo que sea más importante
que los Americanos

A mediados de los años setenta, la voz de Piero era tremendamente relevante artística y políticamente, al haberse consolidado como uno de los cantautores más reconocidos de lo que se conocía en esos tiempos como “canción social”, en un contexto en el que las dictaduras militares y democracias que ya no hacían mucho por esconder su talante autoritario, cometieron tremendos crímenes (crímenes de Estado) que 50 años después no se terminan de esclarecer.

Tal vez, la dictadura más violenta de todas las que se montaron durante esos años fue la dictadura militar argentina (claro que hay varias que podrían competir por ese “reconocimiento”), pues llevó a cabo un proceso amplio de combate contra el “enemigo interno” atacando las supuestas bases sociales de la subversión que significó la persecución, el hostigamiento, la prohibición, el asesinato y la desaparición de miles de personas (las organizaciones de derechos humanos hablan de 30.000 desaparecidos, una cifra que la derecha dura actual montada en el poder en Argentina, y en varios casos nostálgica de la dictadura, cuestiona e incluso niega o relativiza). Esto se acompañó de un permanente ambiente de censura, campañas de desprestigio, estigmatización y, en general, terror que se volvieron una constante para una sociedad que observaba que ser joven, por ejemplo, empezó a ser peligroso o, al menos, “sospechoso”. Una muestra evidente de esta terrible situación fue el rapto de cientos de bebés que eran hijos de mujeres y hombres asesinados al ser acusados de subversivos para entregarlos a familias relacionadas directa o indirectamente con la dictadura, lo cual ha generado un poderoso movimiento para encontrar a muchos de esos niños, hoy en día adultos de alrededor de 50 años.

En ese contexto, Piero acompañaba las protestas y los mítines políticos, y, por supuesto, la denuncia sobre los crímenes de Estado que se estaban cometiendo, incluso antes de la llegada de la propia dictadura con expresiones de terrorismo oficiales y estructuras paraestatales y parapoliciales, como La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).

Ya no era simplemente aquel joven cantante que, en compañía del notable letrista José Tcherkaski, había presentado canciones exitosísimas comercialmente como “Juan Boliche”, “Para el pueblo lo que es del pueblo”, “Pedro Nadie” y, por supuesto, “Mi Viejo”, tal vez su tema más famoso que siempre se canta (o, bueno, lo canto yo) en fechas especiales. Mejor dicho, ya no se le veía como aquel hombre lleno de carisma y hermosas canciones que podía competir en las listas de popularidad con sus compatriotas Palito Ortega y Sandro, y extranjeros como Roberto Carlos, Raphael y Nino Bravo, sino que había empezado a ser visto con un agitador (un “agitador comunista”), rebelde y contestatario, y, por ende, un elemento peligroso al que no se le podía permitir que siguiera hablando y, sobre todo, cantando.

Piero durante “La gira de la memoria”, un recorrido por lugares marginados de Colombia a los que llevó su música.
Piero durante “La gira de la memoria”, un recorrido por lugares marginados de Colombia a los que llevó su música.
Foto: Archivo particular - Cortesía de Maureén Maya

Claro, Piero cantaba desde Argentina, pero también desde otros lugares de América Latina que se identificaban con ese clamor frente a una represión oficial que se hacía cada vez más fuerte. En ese contexto, por diferentes razones (“causas objetivas y subjetivas”, se decía antes en ciertos lares), muchos jóvenes se enrolaron en las filas de los grupos guerrilleros que también pululaban por el continente y que, indudablemente, hicieron mucho más cruenta la historia de violencia, muerte, sangre y destrucción de muchos países (y en Colombia sí que sabemos de eso).

Evidentemente, Piero sabía que lo que pasaba no era jugando. Otros artistas ya habían sufrido persecuciones implacables, incluyendo a su gran amiga Mercedes Sosa, quien vivía bajo el constante acoso y las amenazas de las fuerzas de seguridad. Es que el ambiente era letal: pocos días antes, el pianista brasilero Tenório Jr., quien llegó a Buenos Aires en marzo de 1976 para tocar con Vinícius de Moraes y Toquinho, fue secuestrado seguramente al ser confundido con alguien más, siendo torturado y asesinado posiblemente en instalaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada o ESMA, que se convertiría en un centro de detención y tortura por parte de la dictadura (su cuerpo aún no ha podido ser recuperado). Obviamente también estaba muy fresco en la memoria lo ocurrido en Chile con el cantautor Víctor Jara, quien fue detenido, torturado y asesinado al día siguiente del ascenso de la dictadura militar liderada por Augusto Pinochet.

Publicidad

Aquella noche de fines de marzo de 1976, Piero tuvo claro que tenía que huir de su país, porque su voz se había vuelto, según los que mandaban, peligrosa, subversiva y enemiga del orden que se quería instaurar. Por eso, el artista, que estaba refugiado en el apartamento de los actores argentinos Selva Alemán y Arturo Puig, salió un par de días después, con mucha precaución y de forma encubierta, a Uruguay, desde donde abordó un avión que lo llevó a España. Allí estuvo casi cuatro años, con excepción de unas cortas estancias en Italia y, en un par de ocasiones, en Panamá.

Nadie, nadie me va a encadenar

mientras pueda cantar

mientras pueda sonreír…

Mientras pueda cantar

alguien va a tener que escucharme

(Chico Buarque)

Es frecuente que los regímenes autoritarios tengan profunda desconfianza hacia los artistas, sobre todo si son independientes y manifiestan posturas críticas frente al poder establecido. Esto, por supuesto, ha ocurrido muchas veces con aquellos cantautores que, a través de su música y letras pueden llevar mensajes poderosos que cuestionan unas jerarquías o determinadas formas de ver y entender la realidad.

Publicidad

Dicha desconfianza radica en que la música es una de las más potentes expresiones artísticas, pues hace llegar mensajes de manera efectiva, ya que va mucho más allá de lo meramente intelectual a través de armonías, ritmos, melodías y sonoridades cuyas características van desde los instrumentos utilizados, los arreglos presentados, los modos aplicados, las tonalidades implementadas y la velocidad (los tempos) de los temas; pasando por la calidad de los ejecutantes hasta llegar, entre otras cosas, a las particularidades de los lugares donde se interpreta, compone o, si es el caso, graba. Y si la obra tiene letra —cuestión muy frecuente en la música popular—, puede contener un mensaje adicional que es, según el caso, sutil, simple, complejo, directo o algo más.

En el escenario de agitación política, social y cultural que se vivía en los años sesenta y setenta, la música fue fundamental para que los mensajes que se querían dar a conocer fueran más potentes, entendiendo que una canción específica podía ser movilizadora, cuestionadora e inspiradora.

Publicidad

Bajo esta premisa, en América Latina surgieron con distintos niveles de difusión, numerosos cantautores e intérpretes “rebeldes” y “conscientes”, los cuales, siguiendo tendencias mundiales, pero también respondiendo a las realidades latinoamericanas en general y de sus propios países en particular, y, obviamente, sus propias tradiciones culturales con ritmos, temáticas, historias y momentos, plantearon musicalmente propuestas que calaron profundamente en diferentes movimientos de muchos lugares. En varios casos, los resultados fueron significativos, además, al permitir a notables artistas de diferentes orígenes presentar obras que, sin desconocer las poderosas tradiciones culturales y formas de hacer autóctonas, plantearon nuevas miradas de la música popular, esas que abordan las sonoridades folclóricas, pero en un nuevo contexto, a veces más urbano, explícitamente político o con nuevas influencias, para asumir las inquietudes, percepciones y posibles necesidades de varios sectores de la población, tradicionalmente olvidados.

Esto deja ver que la música que se encontraba, surgía, acompañaba e inspiraba dichos procesos no era ajena a las complejas situaciones que vivía el mundo y, sobre todo, el subcontinente, que expresaba una fuerte inconformidad frente a realidades concretas como la desigualdad social, la masiva migración del campo a la ciudad de millones de personas, ya fuera por la violencia o la búsqueda de mejores oportunidades; la pobreza que era una realidad en inmensos cinturones de miseria en las ciudades del denominado “tercer mundo” (con sus “techos de cartón”), la violencia sistemática, muchas veces de origen oficial; el ensanchamiento de las brechas sociales, la incapacidad de muchos gobernantes para generar políticas efectivas que permitieran superar estas problemáticas y —prohibido olvidar— la llegada de gobiernos autoritarios que empezaban a imponer percepciones unívocas sobre ciertas formas de ser, actuar, pensar y verse.

Publicidad

Ante esto, la búsqueda de lenguajes potentes que acompañaran los movimientos populares marcó la parada frente a aquellos sectores, muchos tradicionales y otros emergentes, que, desde distintas instancias pretendieron frenar y reprimir los vientos de cambio, que no eran solo materiales sino también de mentalidades. Y en un contexto en el que, muchas veces como reacción, emergía una nueva ola de dictaduras represivas o democracias que dejaban en evidencia cada vez más su carácter autoritario, ciertos artistas acompañaron los procesos de resistencia que fueron surgiendo, presentando obras que buscaron —y consiguieron— traducir esas complejas realidades que reflejaban a una población que clamaba por cambios culturales, sociales y políticos, al plantear posiciones que los convirtieran en voces que valía la pena escuchar, no solo para el disfrute estético, sino también, y a veces principalmente, la generación de una conciencia crítica que se tradujera posteriormente en cambios políticos.

Es claro que en estos contextos que, sin duda, eran de efervescencia y calor, hubo músicos que, con sus obras, trascendieron conscientemente, no solo desde las letras sino también de las sonoridades, en los procesos de transformación, configurándose como creadores de bandas sonoras para un sector de la población rebelde y un contexto en el que inspiraron y acompañaron con su música procesos de cambio que, hayan sido exitosos o no, dejaron ver otras realidades, otros contextos, otras formas de ser y otras maneras de ver el mundo.

Publicidad

De hecho, a pesar de la represión que en muchos momentos se cebó contra muchos artistas, incluso con trágicos resultados, sus obras, historias, testimonios y reflexiones trascendieron, al menos en algunos casos, y se engrandecen frente a quienes actuaron para reprimirlos, desaparecerlos y callarlos, lo cual los convierte hoy en día símbolos de luchas todavía vigentes por la búsqueda de verdad, justicia y miradas solidarias frente a los demás.

Así que Piero se había tornado peligroso para la dictadura, y por eso mismo tuvo que partir al exilio. Mientras tanto, varias de sus canciones, como “Los americanos”, “Que se vayan ellos” y “Coplas de mi país”, fueron prohibidas.

Publicidad

Para el pueblo lo que es del pueblo
Porque el pueblo se lo ganó
Para el pueblo lo que es del pueblo
Para el pueblo liberación

Piero Antonio Franco de Benedictis, el notable cantautor nacido el 19 de abril de 1945 en Galipoli (Italia), pero residente en Argentina desde los 3 años, a donde llegó con sus padres, regresó a finales de 1981, cuando ya se vislumbraba —o eso quería creer él— el fin de la dictadura militar. Si bien tenía temor, también creía que su voz y figura eran fundamentales para acompañar a una sociedad civil que ansiaba cambios y clamaba por el regreso de la democracia. Y así fue pues volvió a dar conciertos, firmó contratos para grabar nuevos discos y su estampa fue una de las más recurrentes durante ese proceso de transformación que hacía creer que con la democracia todo sería posible. Y no, claro que no fue así, pero gran parte de esa horrible noche que significó el paso de los militares en el poder político en efecto cesó.

Publicidad

Durante ese lapso de volver a la acción, Piero experimentó musicalmente, se acercó al rock que vivía una época dorada con notables artistas y expresiones de rebeldía y resistencia que también fueron fundamentales para cuestionar a la dictadura militar y, en varios casos, franquear la censura que se imponía sobre ciertas letras consideradas “peligrosas”. Y con su música volvió a cantarle a la tierra, la juventud, la rebeldía y, en general, a las realidades sociales, políticas y culturales de la sociedad urbana contemporánea, lo que le hizo continuar siendo una voz relevante, obviamente desde lo artístico, pero también desde lo político.

Las dos versiones que se han publicado de la biografía con los sellos Ícono y Ediciones B.
Las dos versiones que se han publicado de la biografía de Piero, escrta por Maureén Maya, con los sellos Ícono y Ediciones B.
Foto: Archivo particular - Cortesía

Vale decir que Piero también tenía nacionalidad colombiana, que le fue otorgada en 1994. Esa cercanía con el país, que se hizo cada vez más fuerte, además del éxito artístico que siempre lo acompañó, se dio porque en su exilio en Madrid fue vecino del periodista Daniel Samper Pizano, lo que lo llevó a involucrarse en una serie de procesos sociales y políticos de gran importancia, como la búsqueda de la paz negociada, el acompañamiento a las víctimas de la violencia, por ejemplo, del paramilitarismo y los crímenes de Estado, y el apoyo a programas de desarrollo social, especialmente a favor de la niñez. En otros momento se quiso acercar a la familia de Pablo Escobar, que se fue a vivir a Argentina, y, sobre todo, a la hija del capo, Manuela, comprendiendo que eran también víctimas de una guerra que les había convertido en parias, lo que le llevó a buscar un contacto solidario y humano, dejando ver que su interés no pasaba simplemente por el “qué dirán”, sino por su genuina convicción de que era necesario extender la mano a quien lo necesitara, así no fuera bien visto por quienes quieren solo venganza y se ponen en un maniqueo pedestal moral.

Publicidad

En ese proceso, entre muchas cosas, Piero volvió a cantarle sarcásticamente a “los americanos”, siguió afirmando que “era pan, era paz y era mucho más”, porque “hay que sacarlo todo afuera, como la primavera” (que simbolizaba todo el optimismo del regreso de la democracia); continuó expresando que tenía “la piel cansada de la tarde”, no dejó de afirmar jocosamente que “de vez en cuando viene bien dormir” y, por supuesto, volvió a decir con convicción que “para el pueblo lo que es del pueblo”, lo cual le generó aplausos, pero al tiempo críticas de quienes formaban parte o simpatizaban con quienes estuvieran del otro lado.

A pesar de esto, en su camino, nunca dejó su mirada rebelde, pero al tiempo amable, alegre y optimista, lo cual siempre quedaba en evidencia con su rostro afable, sus gafas redondas (un poco a lo John Lennon, con quien yo lo relacionaba cuando era muy pequeño), su ondulada cabellera y, básicamente, su pinta de hombre sencillo, de fácil conversación y ningún aire de divismo. Es que Piero dialogaba, conversaba, sonreía y permitía poco espacio para la confrontación y la violencia, pues su impronta fue siempre la de alguien constructivo y propositivo, lo cual dejó ver en los muchos conciertos que dio en muchos lugares del mundo, a veces solo y a veces con otras notables figuras de la canción social que cantaban con él muchas de esas obras que se hicieron inmortales para que fueran “todas las voces, todas”. Al respecto, es diciente que desde muy temprano acuñara el término “canción propuesta” para contraponerlo con el de “canción protesta”, tan en boga en ciertos tiempos.

Publicidad

Eso sí, el recorrido artístico de Piero no estuvo solo en la denominada canción social, nueva canción o canción necesaria (o ahora “canción propuesta”), como también se le llama, pues incursionó con éxito en la música infantil con su inolvidable Sinfonía Inconclusa en la mar (con textos del sacerdote Alejandro Mayol), de 1975, y Cachuso Rantifuso (basado en un cuento del historietista Carlos Nine), de 1993. A la vez, grabó notables baladas que no hablaban necesariamente del amor romántico tradicional, sino de los personajes urbanos de la cotidianidad que viven realidades más complejas, lo cual le daba un plus adicional. Asimismo, interpretó mucha música latinoamericana, sobre todo esa que, en general, tiene un estilo común a veces en compás de 6/8 que nos remite a los que tenemos el corazón y los sentimientos inclinados hacia cierto lado (se entiende, ¿cierto?), a temas como la tierra ancestral, los pueblos originarios, los campesinos, la unidad latinoamericana, el antiimperialismo, la denuncia del abuso de poder, el respeto por la naturaleza, el cuidado del ambiente, la solidaridad y la búsqueda de cambios estructurales (o eso es lo que quiero creer) para estas sociedades tan desiguales.

Si bien sabemos que muchas de esas expresiones —e intenciones— tan válidas han sido instrumentalizadas por algunos personajes que, blandiendo ciertas banderas, han terminado defraudando a quienes creían en ellas, valga decir que, así ciertos líderes no hagan las cosas de la mejor manera, las causas siguen siendo válidas y las luchas seguirán vivas, así mueran físicamente quienes genuinamente, como Piero, las representaban.

Publicidad

Tengo
La piel cansada de la tarde gris tan gris
Guardo,
guardo los verdes, verdes de tu bosque
Voy, con ramas secas a buscarte
Después llego hasta vos
como la tarde

Supe de Piero desde muy pequeño, pues cada rato lo veía en Colombia en programas de televisión con una imagen tan cotidiana que parecía la de un amigo o familiar cercano. Vale señalar que la estampa y sobre todo la música de Piero me transportan subjetivamente a Medellín, la ciudad donde nació mi madre y estaba la casa de mis abuelos. Allí la música de Piero sonaba permanentemente, sobre todo esos temas de sus primeros años, como “Tengo la piel cansada de la tarde” y “Llegando llegaste”, por lo que, cuando viene uno de esos tíos de ánimo y pasado bohemio, las cantamos y tocamos.

Publicidad

Pero Piero también me remite, obviamente, a ciertas reuniones que se hacían en mi casa en Bogotá en las que, si bien no sonaba muchas veces, los discos andaban por ahí, al menos un par, que me hacían verlo con su pinta particular y aire de tipo buena onda que parecía realmente un amigo querido que poco se ve, pero siempre anda por ahí mandando una postal, haciendo una llamada o visitando una que otra vez.

Eso sí, tal vez la imagen que me hizo tenerlo más presente no fue la de Piero directamente, sino la de un imitador. Y esto es porque recuerdo haber visto con mis padres y Nidia, una amiga de ellos, un sábado por la noche, al grupo argentino Midachi Trio Show cuando se presentaba en el Festival Internacional del Humor que dirigía el también inolvidable Alfonso Lizarazo (y me quedó pendiente hacer un texto sobre él). Aquella vez, el grupo argentino hizo una divertidísima parodia de Mercedes Sosa cantando “Soy pan, soy paz, soy más” de Piero y el letrista Luis Ramón Igarzábal, pero al final de la canción también aparecía el Piero de mentiras cantando y rememorando lo que ocurrió precisamente cuando Mercedes Sosa regresó a Argentina e hizo un inolvidable concierto en el estadio de Ferrocarril Oeste (en Buenos Aires) que muchos en Colombia vimos emocionados en el documental Como un pájaro libre. De ahí en adelante me puse en la tarea de aprenderme la canción que canto a veces, cuando se puede, con Diana Paola, mi “hermana bolivariana”.

Publicidad

La versión de esa canción, que antes se podía ver en YouTube, pero ya no está, es buenísima (Los Midachi eran —son— excelentes músicos), con “Mercedes Sosa” brincando hasta el final para decirle a “Piero”: “¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero! ¡Piero! (—¿Qué?) ¡Gracias!”. Obviamente es mucho más divertido (o realmente divertido) verlo y oírlo, en vez de leerlo, pero sé que muchos de mis compañeros de generación saben de lo que estoy hablando (y escribiendo).

Por cierto, recuerdo un lugar en el que se fabricaban avisos, si no estoy mal, en el barrio Muequeta de la localidad de Barrios Unidos, que se llamaba precisamente “Piero”, porque el dueño era igualitico. He pasado varias veces por esos lares, aunque no recuerdo bien dónde quedaba el local, pero creo que ya no existe. Ojalá esté bien ese otro “Piero”.

Publicidad
Petrit Baquero y Piero en compañía de la docente Ruth Campo y el sociólogo Brian Zuluaga.
Petrit Baquero y Piero en compañía de la docente Ruth Campo y el sociólogo Brian Zuluaga
Foto: Archivo particular

A Piero lo conocí personalmente en la Feria del Libro de Bogotá del año 2023. Esa mañana, el artista fue a firmar el libro (una biografía autorizada) “Piero, mi querido Piero”, de la periodista Maureen Maya. Cuando firmó mi libro, le dije varias veces “¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero!”, aunque él me miraba extrañado, como si no me entendiera o, posiblemente pensando que estaba loco (o que le estaba mamando gallo). También me quedó una foto con él.

Otra historia que recuerdo con cariño fue en 1993, en los tiempos en que era una muy joven promesa del balompié (o eso creía yo en aquellos tiempos), ocurrió en Oslo (Noruega), pues allí se encontraban varios futbolistas argentinos que jugaban los mismos torneos en que yo participaba. Uno de ellos me preguntó si conocía a Piero, a lo cual le dije que sí, porque era “un cantante que estuvo de moda hacía unos 20 años en Colombia”. Él me contestó: “es mi padre”, y yo simplemente le respondí cantando “es un buen tipo mi viejo…” y lo hice emocionar, al punto que todos los que estábamos ahí terminamos entonando la canción (y es que es tronco de canción). Acabo de ver que ese hijo se llama Juan y, evidentemente, es aquel joven que conocí aquella vez (un abrazo para él).

Publicidad

Como se puede ver, el gran Piero de Benedictis o simplemente Piero se encuentra presente en la memoria colectiva de muchos en Colombia y América Latina. Por eso duele tanto su partida, así se supiera de algunos quebrantos de salud e incluso ciertos problemas neurológicos que le habían generado algunas dificultades para hablar (y a él que era tan locuaz y divertido), aunque no para cantar, pues seguía presentándose con éxito en muchos lugares, incluyendo Bogotá, donde estuvo el 19 de abril de este 2026 y nos hizo creer a todos que estaba en perfectas condiciones.

Viejo, mi querido viejo
Ahora ya camina lerdo
Cómo perdonando el viento
Yo soy tu sangre, mi viejo
Soy tu silencio y tu tiempo

Publicidad

En 1969, un joven cantautor llamado Rubén Blades fue a visitar al ya por ese entonces famosísimo cantante argentino Piero, sobre todo por su reciente canción “Mi Viejo”, al hotel en el que se alojaba en Ciudad de Panamá. Con su capacidad de persuasión, en tiempos en que algunas cosas eran más fáciles, consiguió subir donde el argentino se hospedaba, quien aceptó recibirlo. Ya en la habitación, Blades le presentó a Piero, entre otros, el tema “Pablo Pueblo” (por cierto, muy parecido melódicamente a “Valdemar el brasilero” del propio Piero) con la esperanza de que el argentino lo grabara. Pero Piero respondió que no lo iba a hacer, lo cual desconcertó al panameño, quien estaba seguro de la calidad de su composición. Ante la negativa del artista, Blades preguntó el porqué de su decisión, a lo cual Piero le dijo: “es que eso lo debes cantar tú y así seremos dos”, y sí, vaya que fueron dos.

Esta historia, muchas veces contada por Rubén Blades, deja ver que la vida y obra del gran Piero significan un legado inmenso para muchas personas en todas partes. Por eso, sé que no son ni han sido solo dos los que han aportado a soñar aún más, sino muchos más quienes le han cantado críticamente y solidariamente a América Latina, analizado las realidades sociales y políticas; cuestionado la represión oficial y el terrorismo de Estado, y, sobre todo, retratado genuina y agudamente las personas que se levantan todos los días buscando un mejor futuro, así la realidad sea bien complicada.

Publicidad

Piero tuvo muy claro que, como dijo antes la legendaria Nina Simone, no podía llamarse artista si no relataba lo que estaba pasando, y lo hizo asociándose con notables creadores que le ayudaron a dejar obras que le garantizan su presencia permanente en la memoria de quienes con su música y, sin duda alguna, sus acciones, nos inspiramos para seguir adelante, así a veces podamos ser indignos de esas intenciones.

Muchos tenemos el sentir —o eso espero— de tristeza y pesar por la partida, a los 81 años, de este gran cantautor, porque, así los tiempos que vivimos parezcan muy difíciles y sean verdaderamente preocupantes (¿y cuándo no?), también seguiremos (o esa es la idea) cantando, gritando, creando, soñando, creyendo y luchando para que este mundo que nos tocó sea mucho mejor, no solo para unos pocos, sino para todos.

Publicidad

Por eso, y por mucho más, así Piero (Piero, mi querido Piero) no me haya entendido y creyera que estaba loco, volveré a decirle siempre, y si puedo cantando: ¡Gracias, Piero! ¡Gracias, Piero!, ¡Gracias, Piero! ¡Hasta siempre, Piero!

*Petrit Baquero (@petritbaquero) es historiador, politólogo, músico y melómano. Es autor de los libros El ABC de la Mafia. Radiografía del Cartel de Medellín (Planeta, 2012), La Nueva Guerra Verde (Planeta, 2017) y Las guerras esmeralderas en Colombia (Planeta, 2025).

Por Por: Petrit Baquero* / Especial para El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Lo que es tendencia

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido