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Javier Moro: “Redescubrir la literatura fue como reencontrarme con un viejo amigo”

El autor habló sobre su devoción por Tintín, su “desorden” a la hora de leer y la razón por la que dejó el cine para dedicarse a la literatura. Alianza con Tinta club del libro.

Sandra Pulido

23 de enero de 2026 - 06:23 p. m.
Javier Moro estudió Historia y Antropología en la Universidad de Jussieu, en Francia.
Foto: Carlos Ruiz
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¿Cuáles fueron los libros que lo acompañaron en su infancia?

Cuando era niño leía Tintín. Las aventuras de Tintín son mi infancia: no las leía una vez, sino 15, 16, 18 veces. Tenía todos los libros. Luego llegó Asterix, pero fue menos. Fue sobre todo Tintín lo que me influenció. De hecho, siempre he sido un poco tintinesco en ese sentido. Me gustó viajar por el mundo y la parte exótica que se veía en los libros de Tintín. Por ejemplo, cuando estaba investigando para mi libro “Las montañas de Buda”, que es un libro que pasa en el Tíbet, no creas que no tuve presente a Tintín en el Tíbet. Cuando he estado en China, lo mismo. Cuando he estado en la India, lo mismo. A mí Tintín me enseñó el mundo, de alguna manera. No fue lo único, por supuesto, pero de niño era lo que me gustaba leer.

¿Cómo organiza su biblioteca? ¿Es apegado a sus libros?

No soy un lector compulsivo. Yo no leo todo. Tengo amigos que se lo conocen todo, que han leído todas las obras de todo el mundo, que son realmente literatos. Yo no: leo de una manera desordenada lo que me apetece. Leo siempre, es verdad, pero no de una manera ordenada. Llevo viajando a la India más de 30, 35 años y he traído siempre muchos libros de allá. Además, como sabes, he escrito cuatro libros con tema indio, y esos sí que los tengo ordenados, porque es ahí donde siempre voy buscando ideas. Pero lo demás no está ubicado de una manera muy metódica. Generalmente los ubico por temas de mis libros o por temas en general. Por ejemplo, todos los libros de García Márquez los tengo en un sitio. Los libros de Isabel Allende los tengo en otro sitio. Los libros que tienen que ver con una investigación mía, por ejemplo, la España en el siglo XIX, los tengo en un sitio. Pero luego hay mucho desorden. Me da envidia cuando voy a casas de gente y veo que tiene su biblioteca con los libros perfectamente puestos y ordenados. Yo no puedo.

Estudió Historia y Ciencias Políticas en la Universidad de Jussieu, en París. ¿Cómo llegó la literatura a su vida?

Nací en una familia de escritores. Entonces, la literatura me llegó de niño. Yo recuerdo que venía mi tío Domínic a Madrid y se hablaba de historias, lo que era una buena historia, lo que era un buen personaje. Discutíamos sobre estas cosas en familia con Alexandra, con mi abuela. Y recuerdo estas discusiones con claridad, qué era aburrido, cómo hacer que un texto no lo fuese, todas estas cosas. Se hablaba de una manera muy directa y franca.

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Entonces, en realidad, la literatura siempre la he tenido como caldo de cultivo. Ahora, yo no me dediqué a la literatura en serio sino hasta los 35 años. Antes estuve mariposeando, haciendo cosas de periodismo, de cine, de productor, de guionista, pero mi primer libro, porque yo creo que para escribir un libro se necesita una cierta madurez, lo escribí hasta los 33 años: la historia de Chico Méndez y de Brasil.

¿Y cuándo tomó la decisión de dedicarse a la escritura y vivir de ello?

Por reacción al cine. Yo me fui a vivir a Hollywood: quería hacer películas. Ya había hecho una en España que, de hecho, había tenido bastante éxito: “Valentina”, con Anthony Quinn. Durante algunos años escribí guiones, pero no me acabó de gustar porque en el cine no eres libre. Todas tus decisiones siempre son colegiadas. El cine es un esfuerzo de grupo y para hacer una película necesitas mucho dinero. Entonces ya no depende de ti, dependes de otros. Esa situación de dependencia me parecía deprimente, francamente, porque siempre estabas esperando que llamase la gente, que otro te hiciese avanzar en tu carrera. Redescubrir la literatura fue como reencontrarme con un viejo amigo. Hago lo que quiero, escribo lo que quiero y no tengo que darle explicaciones al vicepresidente de Asuntos Creativos de la Warner Brothers o a quien sea. Aquí soy libre. A lo mejor gano menos plata que escribiendo para el cine, pero por lo menos las tres páginas que hago hoy son mías.

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¿Ha cambiado la escritura su manera de relacionarse con los demás o de entender su propia vida?

No, no me ha cambiado. Yo siempre he hecho esto. A los 17 años gané una beca que daba el Ministerio de Educación francés. Tenías que ir con muy poco dinero un verano entero, escoger un tema de estudio, pasar el verano, arreglártelas para sobrevivir, volver y presentar un informe o un estudio sobre el tema que habías elegido. Yo elegí los esquimales, me quería ir muy lejos, así que hice la investigación, un trabajo sobre la dificultad que tenían los esquimales para adaptarse a la vida moderna, a la vida que no era de ellos; tenían problemas de alcoholismo, entre otros, y luego, cuando volví a Montreal, porque esto era en el norte de Canadá, no tenía condiciones, porque un chico de 17 años que está solo en verano con las morsas y con los esquimales pues no era algo habitual. Eso duró tres meses. Me dieron el primer premio y al año siguiente hice lo mismo con los niños Yanomani de Venezuela. Luego, cuando empecé a escribir libros años después, me di cuenta de que lo que hacía era lo mismo, un año de investigación, un año de escritura y un año de promoción. Así llevo haciéndolo 40 años.

Sobre Tinta Club del libro

Tinta Club del Libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

Esta entrevista corresponde a la primera parte de una conversación con Javier Moro, uno de las curadores invitados por Tinta Club del Libro en 2025. Su publicación se realiza en el marco de una alianza entre Tinta y El Magazín Cultural de El Espectador, que busca compartir con el público las reflexiones de los curadores alrededor de la literatura.


Por Sandra Pulido

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