
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Después de dirigir instituciones como el Museo Nacional, Idartes y el Museo de Arte Moderno de Medellín, ahora asume la Subgerencia Cultural del Banco de la República. ¿Cómo recibió esa invitación?
Siempre estuve cerca de la labor cultural del Banco de la República porque su gestión ha sido muy relevante para el sector. En los distintos cargos que ocupé trabajé con la entidad, porque la gestión cultural consiste justamente en conectar, relacionarse y construir proyectos con otros. Desde mi paso por el Museo de Arte Moderno de Medellín, desarrollamos iniciativas conjuntas y ahí conocí a Ángela Pérez. En distintos momentos manifesté mi interés por trabajar en el banco, aunque los procesos ya estaban cerrados. Incluso alguna vez le dije, medio en broma, que la tercera sería la vencida. Cuando me llamó Talento Humano, yo estaba trabajando de manera independiente y muy contenta con esa etapa. Me preguntaron si quería participar en un proceso de selección, sin decirme para qué cargo. Acepté de inmediato. Solo cuando tuve la entrevista con el gerente general supe que se trataba de la Subgerencia Cultural. Fue una alegría enorme y sentí que era un voto de confianza para asumir un reto muy importante para la cultura del país.
En los últimos años ha alternado entre instituciones culturales y medios de comunicación. ¿Qué ha pasado en su carrera desde que salió de Idartes?
Salí de Idartes en 2019, al terminar la administración de Enrique Peñalosa. Antes ya había trabajado en Revista Semana, donde dirigía una unidad cultural. Apenas dejé Idartes, regresé para dirigir Foro Semana. Ha sido curioso porque, aunque estudié publicidad y también periodismo, nunca he ejercido el periodismo. Mi trayectoria ha ido alternando entre la cultura y los medios. Después de Foro Semana llegué a la dirección del Museo Nacional de Colombia; luego regresé a los medios, esta vez a Prisa Media, para trabajar en formatos especiales. Más adelante decidí independizarme y crear una consultora. Desde allí trabajé en proyectos con la Secretaría de Cultura de Bogotá, liderando el programa Gente Convergente; también asesoré al Museo La Tertulia, en Cali, y acompañé proyectos culturales privados, entre ellos el trabajo con una colección de arte en Medellín. Pensé que esa sería mi etapa definitiva como independiente, hasta que apareció esta oportunidad en el Banco de la República.
Le sugerimos leer: Ante la empresa épica y los odios (reseña)
Aunque asegura que nunca ha ejercido el periodismo, sí ha pasado buena parte de su carrera en medios. ¿Qué le han aportado esas experiencias?
Siempre he visto los medios de comunicación como la mano derecha de la gestión cultural. Haber pasado por ellos me permitió construir relaciones muy valiosas y entender otras maneras de desarrollar proyectos. Muchas ideas que tuve desde las instituciones culturales surgieron gracias a esa experiencia en los medios. Y también ocurrió lo contrario: estando en los medios aparecían ideas que seguramente no habría tenido si no hubiera trabajado antes en el sector cultural. Ese diálogo permanente entre ambos mundos ha sido muy enriquecedor y me ha permitido explorar nuevos formatos y maneras de acercar la cultura al público.
En un momento en el que varios medios culturales han desaparecido o reducido sus espacios, ¿cómo ve esa relación entre cultura y periodismo?
Siempre produce nostalgia ver desaparecer medios culturales importantes o publicaciones que pierden periodicidad. Todos recordamos casos como Arcadia, donde también trabajé en sus últimos años. Sin embargo, recientemente participé en un panel del Festival Gabo sobre el valor de las historias bien contadas y varios cronistas coincidían en que todavía existen medios interesados en publicar historias largas. Eso me parece muy esperanzador, porque la cultura necesita precisamente relatos que profundicen y no se limiten a una recomendación breve o a una nota rápida.
Podría interesarle leer: Shakira llevará Macondo y el realismo mágico a Madrid en el cierre de su gira mundial
Usted estudió publicidad. Mirando hacia atrás, ¿cómo recuerda esa decisión?
Todavía no sé muy bien por qué terminé estudiando publicidad. Desde el colegio me interesaban las artes plásticas, el diseño y la escritura. En ese momento, a comienzos de los años noventa, había muy pocas facultades de publicidad en Medellín y me parecía una carrera que reunía varios de esos intereses. Nunca me he arrepentido de haberla estudiado. Muy pronto sentí que necesitaba complementar esa formación y, por eso, empecé a cursar Filosofía y Letras al mismo tiempo. Esa combinación terminó llenando un espacio que la publicidad por sí sola no alcanzaba a cubrir. Trabajé apenas un año en una agencia de publicidad, una experiencia que disfruté mucho, pero entendí rápidamente que no era el camino profesional que quería seguir.
Ahora que asume el liderazgo de la Red Cultural del Banco de la República, ¿con qué expectativas llega?
Hay algo que Ángela Pérez me dijo durante el empalme y que me pareció muy valioso: “Si usted aprende algo aquí, es gestión cultural a largo plazo”. Eso implica un cambio de ritmo muy interesante. Quienes hemos trabajado en entidades territoriales estamos acostumbrados a resolver necesidades inmediatas y a que muchas veces la agenda cambie sobre la marcha. Aquí ocurre algo distinto: ya se está trabajando en proyectos que verán la luz en 2029 y 2030. Eso me parece extraordinario. Mi intención es aportar nuevos proyectos y nuevas maneras de trabajar, pero hacerlo con mucho respeto por esa experiencia acumulada. No quiero llegar a imponer cambios, sino construir sobre un trabajo que considero uno de los grandes activos de la Subgerencia Cultural.
Podría interesarle: Tras el telón de “La bohème” en Bogotá
¿Cuáles son los principales retos que tendrá en los próximos años?
Hay un horizonte de proyectos realmente extraordinario. Además del trabajo permanente que realizan la Red Cultural, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Museo de Arte Miguel Urrutia y el Museo del Oro, existen dos grandes proyectos de infraestructura previstos para 2028.
Uno es la reapertura del Teatro Amira de la Rosa, en Barranquilla, y el otro es la apertura del Claustro de San Agustín, en Tunja.
Pero estos proyectos no pueden entenderse únicamente como obras físicas. Un centro cultural no es un edificio: es un programa cultural. La infraestructura es apenas el punto de partida; ahora el reto consiste en construir una programación que permita que las comunidades se apropien de esos espacios.
