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De las iglesias al k-pop: El demonio a través de las generaciones

A través de “K-pop Demon Hunters”, la película de Netflix nominada al Óscar, ahondamos en cómo ha cambiado nuestra percepción y representación de los demonios.

Juliana Vargas Leal

10 de febrero de 2026 - 01:00 p. m.
Esta película ya se llevó el Globo de Oro a Mejor película animada y ahora compite en la misma categoría en esta edición de los Premios Óscar.
Foto: NETFLIX - Netflix
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A pesar del rotundo éxito que tuvo K-pop Demon Hunters en su momento, una película original de Netflix, hubo una discusión sobre si, en realidad, era una película infantil. El concepto de “demonio” y la idea de destruirlo hizo resurgir miedos que se remontan a tiempos en los que el Mal era externo y ajeno. La forma en que se interpreta este concepto se ha transformado con los años porque, igualmente, nuestros miedos y dolores también.

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K-pop Demon Hunters es una película infantil, no tiene escenas explícitas ni propiamente violentas. Sin embargo, la trama gira en torno al enemigo de la humanidad por excelencia: el demonio. Este concepto, a pesar de su connotación malévola actual, en sus orígenes griegos era una palabra neutral para significar “espíritu” o “ser espiritual”. Fue con la introducción del concepto de “daimonion” que adquirió su naturaleza negativa. En las religiones del oriente cercano y tradiciones abrahámicas, incluyendo la demonología medieval, el demonio pasó a ser un espíritu impuro, una entidad que podía ser conjurada y controlada, o un ángel caído.

Así fue como el demonio pasó a ser una figura clara de peligro moral, un enemigo externo que se debía combatir, expulsar y destruir. Esa lectura, profundamente arraigada en tradiciones religiosas y culturales, configuró una pedagogía del miedo en la que nombrar al demonio equivalía a señalar un límite infranqueable. El universo que nos creamos desde esta perspectiva está compuesto por un Bien y un Mal que se enfrentan. El Mal es una entidad ajena a la humanidad.

Bajo este marco conceptual, películas como K-pop Demon Hunters se presentan como un peligro moral, de hecho, así fue como se vio en varias familias con niños pequeños. El demonio, el Mal, el enemigo de la humanidad no debe ser nombrado. El demonio, el Mal, el enemigo de la humanidad no debe tener una representación clara en las mentes de quienes aún no comprenden el mundo.

No obstante, las narrativas contemporáneas han desplazado el significado clásico y profundamente religioso que le hemos dado al concepto de demonio. Precisamente, en K-pop Demon Hunters, la estética k-pop, la música y el combate no suaviza el conflicto, sino que lo traduce. Enfrentar a los demonios no implica negar su existencia o glorificarlo. Por el contrario, lo hace visible dentro de un mundo saturado de estímulos, identidades fragmentadas y presiones constantes. El demonio en K-pop Demon Hunters ya no habita el inframundo; camina entre los humanos, se parece a él, incluso canta junto a él.

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El Mal entonces ya no es una entidad externa y ajena. Para alguien que ha crecido con la idea clásica y religiosa del concepto de demonio, esta nueva representación resulta inquietante y peligrosa. Cómo puede humanizarse el Mal, darle voz a algo que ni siquiera es humano. Pero esto, en el fondo, es la negación de algo que existe y nos acecha. Cuando el mundo está atravesado por la desigualdad, la ansiedad, la violencia estructural y la incertidumbre, es imposible sostener relatos en los que el Mal es simple y ajeno.

En K-pop Demon Hunters, la banda protagonista combate demonios, sí, pero al final, lo verdaderamente atroz son los demonios que cada uno lleva dentro. En la película, esto es representado en las marcas que lleva Rumi, y creer en su propia voz e identidad es el arma que destruye al demonio que ahora es peligrosamente parecido a la humanidad.

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De forma análoga, por ejemplo, en otra serie de anime –Demon Slayer– los entes contra los que combate el ejército de cazademonios fueron humanos antes. Cada vez que el protagonista derrota a uno, el espectador observa la vida pasada que tuvo. Pobreza extrema, abuso, matanzas en las que perdieron a todos sus seres queridos, y todo aquello transformado en un demonio perdido. En Demon Slayer se puede ver a los demonios como la representación de lo que aflige a nuestra alma.

Lo que pone a estas series sobre la mesa no es si son demasiado violentas o inquietantes. La verdadera discusión gira en torno a las herramientas simbólicas que ofrece cada generación para nombrar lo que teme y lo que le duele. Hemos pasado de la negación y el miedo al duelo y al trauma. El demonio, a la larga, es un espejo. Cada época proyecta en él sus miedos más profundos, y el concepto ha cambiado a lo largo de los siglos porque también cambian las experiencias que intenta nombrar. El demonio de una generación es, muchas veces, el miedo no resuelto de otra.

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