Antes de la Biblia, antes del púlpito y antes de los miles de feligreses que lo siguieron como el pastor que fundó la Casa Sobre la Roca, Darío Silva-Silva fue, ante todo, periodista. Hizo radio, prensa y televisión, y fue ahí, frente a los micrófonos y las cámaras, donde sintió que la vida se le vino abajo.
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En contexto: Murió el pastor Darío Silva: periodista, escritor y fundador de Casa Sobre la Roca
En un video que compartió hace dos años el canal de su iglesia, Hechos y Crónicas TV, Silva-Silva aparece sentado en un sofá, vestido como tantas veces se le vio hasta el final: traje, corbata y un pañuelo asomando del bolsillo. Desde ahí habló de su historia, la que comenzó en Tarqui, Huila, donde nació el 27 de junio de 1938. También de uno de sus antepasados, Ignacio Silva Silva, quien fue médico, general del Ejército Conservador de los Mil Días, diputado y senador, y cuyo nombre llevaría años después el centro cultural de Tarqui.
A su manera, Darío Silva-Silva continuó la historia que vinculaba a su apellido con la vida cultural del departamento. En su juventud fue uno de los fundadores de “Los Papelípolas”, conocido como el primer grupo cultural y literario que reunió en el Huila.
Su vida en el periodismo
Al oficio que ejerció durante casi 30 años llegó por iniciativa de su hermana Leonor. Fue ella quien lo matriculó en la academia radial que dirigía el profesor Manuel Cabral Jiménez. Allí comenzó su formación como locutor y periodista, después de haber pasado por la Escuela de Artillería.
La radio lo llevó primero por el Huila. Fue director de Radio Sur, en Pitalito, y de ahí lo llamaron a la Radio Colosal, en Neiva. Después llegó a Bogotá, donde pasó por medios como el Telenoticiero Nacional, Radio Televisión Interamericana (RTI) —donde dirigió El Pulso de la Nación—, Cromos y RCN.
Durante esa trayectoria, cubrió la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. En 1987, ganó el Premio Simón Bolívar por “La otra Colombia en Nueva York”, un trabajo de investigación, que realizó junto con Francisco Tulande.
Noticolor y la defensa de Turbay
Pero hubo un episodio que partió en dos su carrera periodística, y también su vida: Noticolor, el noticiero que dirigió y del que fue empresario entre 1979 y 1983.
Era la época de la presidencia Julio César Turbay y Silva-Silva había convertido ese noticiero en una de las voces que defendían al gobierno. Sus críticos encontraron una forma de resumir esa cercanía con el poder: “Lambicolor”.
“Noticolor fue una experiencia interesante por todos los aspectos, pero me trajo muchísimos inconvenientes porque yo era el que tenía que salir como pararrayo del gobierno a defender la obra oficial. Turbay no tenía prensa amiga. Los medios eran adversos. Entonces, yo aparecía como un tipo que va en contravía a la hora pico o la séptima; todos iban para el norte y yo iba para el sur. El Noticiero registraba toda la actualidad nacional como tal, plano, sin ninguna proclividad, sin ninguna inclinación. El problema era el punto focal era mi comentario. Porque yo siempre aprendí con don Alberto Galindo, que fue mi maestro de periodismo, que la información es sagrada, pero el comentario es libre”, contó Silva en el video que compartió Casa sobre la Roca.
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El fin de Noticolor llegó con las elecciones de 1982. Ganó Belisario Betancur y la publicidad oficial desapareció del noticiero.
Silva-Silva insistió en que no había sido el nuevo presidente quien había ordenado perseguirlo. Fueron, según su versión, funcionarios que creyeron que al hacerlo estaban ayudando al nuevo gobierno.
“Me convirtieron en una especie del hueso para el perro. La misma noche que Belisario ganó las elecciones, la gente recorría las calles y curiosamente las consignas eran: muera Darío Silva, abajo Lambicolor”, contó el pastor.
El noticiero intentó resistir. Silva señaló que entre mayo y diciembre de 1982, puso 800.000 pesos diarios para mantenerlo al aire sin 30 segundos de publicidad. No alcanzó. Las deudas crecieron y llegaron los pagarés, las hipotecas, los cheques devueltos y tres embargos sobre sus bienes. Terminó por ceder a Darío Restrepo y a Cecilia Orozco.
“Mi profesión de toda la vida, el periodismo, me resultaba inservible como un arma sin municiones”, escribió Silva-Silva, según aparece en el video.
Preparó un testamento. Anotó lo que tenía y cómo debía repartirse para que sus acreedores quedaran satisfechos. Después llamó a su prima Cecilia Heriarte. Necesitaba un millón de pesos. Media hora después, Cecilia volvió a llamarlo: una mujer de su grupo de oración estaba dispuesta a prestarle el dinero.
La mujer llegó sin conocerlo. “Yo no conozco su vida, pero la palabra de Dios no miente: usted está en grave peligro de morir. La situación en la que usted se encuentra se debe a una sola razón: usted no tiene un contacto con Dios (...) Y yo dije, bueno, si he probado tantas cosas, voy a probar esta”, contó Silva.
Después vinieron los estudios de teología, una licenciatura y un doctorado en Divinidades en la Universidad St. James de Estados Unidos. El grupo de oración que había comenzado mientras trabajaba en RCN, con 72 personas, terminó convertido en una iglesia. Era el comienzo de Casa Sobre la Roca.
La transformación desconcertó a quienes lo habían conocido antes. El periodista de temperamento fuerte, el hombre al que sus críticos habían señalado de defender de forma acérrima una postura política, aparecía ahora como pastor.
En el mismo video que compartió la iglesia, aparece el periodista Juan Gossaín con una frase que describe lo que significó ese momento en la vida de Silva-Silva: “A mí me parece que Noticolor, la crisis, la vanidad humana (...) fue el camino de Damasco de Darío Silva y entonces hoy es un convencido que habla muy bien, pero que está espiritualmente lleno de lo que está haciendo, porque si no, por mucho que uno hable bien, por mucho que uno sea convincente, si no está espiritualmente convencido, no lograría lo que Darío ha logrado”.
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