El Magazín Cultural

7 Nov 2018 - 2:00 a. m.

La leyenda de Dorado

El guionista de “La estrategia del caracol” reflexiona sobre lo que es escribir para el cine y cuenta anécdotas para conmemorar los 30 años de realización y 25 del estreno de esta obra cinematográfica.

Daniel Grajales T.

Humberto Dorado también se ha destacado por ser actor y director de varias obras teatrales y de algunas novelas de la televisión colombiana. / Cortesía
Humberto Dorado también se ha destacado por ser actor y director de varias obras teatrales y de algunas novelas de la televisión colombiana. / Cortesía

-Si tuviera que elegir a un director colombiano para hacer realidad un guion suyo, sería Sergio Cabrera

“Si tengo que decir quién es hoy mi amigo, es él, además de Ramón Jimeno. Creo que hemos
hecho buenas duplas. Yo lo elegí para que hiciera realidad mi guion de Técnicas de duelo, su ópera prima, y con él hicimos La estrategia del caracol, siempre he estado en todas sus películas y él conmigo. Sergio es grande, tiene todo lo de la cultura oriental en su manera de hacer, lo aprecio y respeto”.

-Si tuviera que elegir una época, sería el 2018.

“Eso sí el tiempo presente. Soy un guionista contemporáneo, porque estoy todavía vivo, creo yo”.

-Si tuviera que elegir una protagonista, sería Margarita Rosa de Francisco.

“Me parece una excelente actriz, tuvimos un trabajo muy profesional juntos. Ahora es una mujer que me inspira, ha adquirido una capacidad de escribir muy bien, podríamos entendernos muy bien en una historia adecuada. Eso además de su belleza”.

-Si tuviera que elegir un protagonista, sería Santiago Alarcón.

“Tiene una enorme capacidad histriónica, una enorme seriedad, una enorme capacidad para ser natural y una imaginación increíble para hacer los personajes, es un actor formado. Es serio, sensible, no es una vedet”.

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-Si tuviera que elegir un productor, sería cualquiera que tenga plata, pero que no sea “HP”.

“La producción no tiene ningún talento, es una organización de algún administrador de empresas. Todos son enemigos de los guionistas, todos”.

-Si tuviera que elegir a un guionista colombiano, qué problema…

“Los guionistas nisiquiera nos conocemos, vemos muy poquito nuestras películas, preferimos ver una película como Testigo, de una inglesa, que ver La guerra del centavo. Nisiquiera nos pagan, para el Ministerio de Cultura ni existimos”.

Humberto Dorado cree que el problema con el oficio de guionista es culpa de la escuela francesa, que puso en el director todo el reconocimiento y los condenó a la sombra. Cuando se conmemoran 25 años del estreno de La estrategia del caracol, mítico título del cine colombiano, el guionista viaja en el tiempo, 30 años atrás, cuando Sergio Cabrera le confió hacer realidad una idea inicial suya y de Ramón Jimeno, que contaba los desalojos, el problema de la vivienda compartida, los inquilinatos. Dorado, quien en 1986 había ganado el VI Concurso Nacional de Guiones Focine con Técnicas de duelo, rechazó la primera oferta, dijo que no haría el guion de La estrategia del caracol (1993), hasta que la memoria hizo eco y cambió de opinión.

Hay que conocer primero algunas historias. La leyenda de Humberto Dorado inició antes de que naciera. Nació entre cines, en el Centro de Bogotá, en el barrio Santa Bárbara, en 1951. Su madre era maestra, después la llevaría al cine en La estrategia del caracol; su papá, médico. Papá y su mamá se conocieron en un inquilinato en la carrera 8. Ella veía de la Costa, él del Cauca, coincidieron en que les quedaba cerca del trabajo ese lugar de lo que llaman los urbanistas “vivienda compartida”.

“Soy de matinée, si una película no amerita matinée no sirve”, dice, aceptando que se volaba del Colegio Andino para irse a los cines de Chapinero y ver cine durante varias horas. Celebra que el salón de Química, de la clase que evitaba para irse a ver película, hoy sea los cines del Centro Comercial Andino. Estudió Economía, empezó Ingeniería, jamás terminó. Aprendió teatro
haciéndolo, cine también.

Carlos Alvarado, su amigo desde la infancia, cuenta que “Humberto siempre fue creativo, dirigía obras de teatro en el colegio. Me criticaba porque yo movía mucho la boca, haciendo payasadas siempre. Es un hombre adorable, buena gente, sensible”.

Del colegio lo echaron en “quinto de bachillerato”, su papá lo mandó a Pasto, a una finca maderera que tenía -para que aprendas a trabajar-, le dijo. Allá solo duró un año, cree que ese periodo le aportó conocer a la gente El Paisa de La estrategia del caracol salió de allá. Conoció a un obrero de la madera que era paisa, con ese ventajismo, como él dice “la historia necesitaba un mentiroso”.

Aunque antes de conocer a Hernando Salcedo Silva, director del Cine Club de Colombia, ya se concebía como un enamorado del cine, acepta que fue él quien le enseñó a apreciar, a disfrutar. Otro gran amigo cree que es Sergio Cabrera. En casi todas sus anécdotas está. No existía el cargo de director de fotografía ni el de script en la televisión nacional cuando se conocieron.

Kepa Amuchastegui fue el culpable, en parte, ya que escogió a Dorado para hacer el seriado El coleccionista. La historia era la de un cajero de banco que se enamoraba de una estudiante de piano, a quien secuestraba, creando un sótano con todas las cosas que a ella le gustaban, entre ellas un piano. De pronto, el primer día de grabación, en el monitor, vio el sótano, le gustó, tenía un señor al lado, y le dijo: “la luz parece sacada de un cuadro de Johannes Vermeer”, y, el señor le respondió: “No se parece a Vermeer, es Vermeer”; era Sergio Cabrera, director de fotografía de El coleccionista, desde entonces su amigo.
Luego de aquello, cuando Dorado ganó el Premio de Focine, lo eligió director de Técnicas de duelo, ópera prima de ambos. Después, él le devolvería la invitación.

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“Ellos llevaban once años con esa idea de hacer realidad la noticia del periódico que hablaba de una casa que se esfumaba en El Cartucho, sin poderla hacer realidad. La leí y dije que no tenía nada que ver con esa historia, hasta que un amigo arquitecto, quien buscaba las locaciones, me invitó a acompañarlo. Entonces, me di cuenta de que yo conocía esas calles, que yo no conocía esos personajes, y que, si bien el texto inicial de La estrategia del caracol que me habían mostrado Sergio y Jimeno tenía una estructura, faltaba darles vidas a esos personajes”. Golpearon la puerta, abrió la puerta un travesti, que no estaba en el guión, y le dijo a su amigo: “estoy seguro de que esta va a ser la locación”, de ahí viene el travesti. Eran el barrio de mi infancia, Santa Bárbara Centro, una calle de sombreros, el almacén donde compraron las cosas para su primera comunión. A todos los personajes que no tenían carácter, él se los buscó en su memoria.

Así lo acepta Sergio Cabrera, quien ha dicho que “si tuviera que modificar el guion de La estrategia del caracol, cambiaría poco, quizás actualizaría algunas cosas, pero no le cambiaría nada” que Dorado “les dio vida a esos personajes, encontró grandes historias”. De esta película, ganadora de decenas de premios nacionales e internacionales, Dorado destaca “el nivel del casting, que es muy difícil de lograr, muy pocas películas logran el nivel que logra Sergio en las películas corales, eso de mantener la multitud y un personaje en la multitud es de maestros. Creo que esta película tiene la capacidad de que los espectadores se identifiquen con los personajes, esa fiesta es una gran felicidad, aunque todo el mundo sabe que media hora después va a llegar la policía”. Hay errores, pero se niega a revelarlos, porque cree que hasta ahora la crítica tiene pendiente hacer esa labor, reta a que se escriba sobre la cinta. Famoso en la tv nacional desde los años 70, cuando inició a hacer producciones con diferentes directores, ama el teatro. Hizo parte del grupo de teatro de la Universidad de los Andes y fue fundador del Teatro Libre; estuvo en las luchas del teatro estudiantil, subió a las tablas con grandes, teniendo compañeros que ya se fueron, como Frank Ramírez y Fanny Mikei. Ha ganado una decena de premios India Catalina y varios Tv y Novelas. Comenzó en Hogar dulce hogar, en la década de 1950, siendo “Niño 1”, sin voz ni voto.

Dice ser un actor que escribe. “El actor que escribe, porque hace la partitura entendible para que desarrollen otros actores”. Le llama la atención ser recordado como actor de teatro, más que como actor de televisión o guionista. “

La gente como actor me recuerda más, porque el trabajo del guion es un trabajo de taller, de fabricación, a espaldas de la gente. Aprecio los trabajos conjuntos que he hecho con todos los directores, especialmente en el teatro. He trabajado con los mejores directores del teatro colombiano. Lo que más me gustaría es que en las películas colombianas los guiones fueran tan potentes como para que la gente vea que hubo un guionista que les enseñó a mirar el país y a mirarse con el país a sí mismo”.

“A Humberto Dorado Lo admiro mucho como escritor de guiones. Con Sergio Cabrera, hace unos días aquí en Medellín, hablamos de él, de lo increíble que es para darles sentido a los personajes.Es un hombre cultísimo, una delicia hablar con él, con la historia del país estudiada, con documentos siempre. Como actor, para mí es inolvidable su papel película El alma del maíz (1995)”, le manda a decir Víctor Gaviria.

Dorado cierra con que la teoría de que la cámara es la escribe es falsa, reivindicando las letras: “la cámara nunca escribe, es un lenguaje distinto. Hay que sentarse a escribir. Todavía no se ha superado la escritura como el vehículo de la palabra como transmisor de la idea, de la realidad e inteligencia humana”.

 

 

 

 

 

 

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