8 Dec 2015 - 4:30 a. m.

“La risa del ahorcado”

El poeta y narrador Fredy Yezzed compiló una muestra del trabajo poético de Henry Luque Muñoz. Entrevista con el autor, radicado en Argentina, sobre ese libro.

Ángel Castaño

Señala usted que la mirada crítica de la realidad es unos de los rasgos esenciales de la obra poética de Henry Luque Muñoz. ¿Cómo construyó él su tono sin caer en la denuncia fácil o en el panfleto?

Toda obra es un proceso lento y de mucha reflexión. La de Luque Muñoz no es la excepción. Sus primeros libros, por ejemplo, no entran de lleno en el tema político. Es ya entrado en su tercer poemario “Libro de los caminos” de 1991, que fue finalista en el Premio Casa de las Américas en Cuba, donde con la ayuda de la ironía logra develar lados oscuros de la realidad nacional y la historia en general. La ironía es una forma de llamar a la inteligencia. En el caso de Luque Muñoz, el manejo de la ironía siempre se ubicó en contextos como la época de los zares de Rusia, la Edad Media o la Conquista de América, desde esa distancia espacio-temporal logra recordarnos hoy que: Los indios caribes/ vorazmente/ llamados caníbales/ por el conquistador,/ eran vegetarianos,/ señores caníbales.

Luque Muñoz, señala usted en el prólogo de “La risa del ahorcado”, es poco conocido, entre otras cosas, por su lejanía de los cenáculos literarios. Usted que lo conoció, ¿qué opinión tenía él del mundo literario colombiano? ¿Cómo concebía el oficio del poeta?

El mundo literario colombiano de Luque Muñoz pasaba por la mesa, la del trabajo propio con la poesía y la crítica literaria, y la del compartir un salmón con queso gratinado y un vodka en pimienta, costumbres muy rusas que adquirió cuando vivió en Europa. Las dos bajo un velo solemne, sensual e impregnado de viajes. Prefirió el vuelo del andariego y la experiencia, que el aire asfixiante y casi anquilosado de los círculos bogotanos. Era reducidísimo su círculo de amistades, pero era bastante íntimo. El hecho de que hiciese antologías de poesía colombiana en el extranjero lo mantenía muy bien informado sobre el acontecer poético. Su mundo literario estaba en los libros de sus contemporáneos. Él sí que los leía con lupa. Quizá lo que le desarrolló un sentido agudo de observación que transmitía muy bien en sus críticas que aún siguen siendo citadas y mal parafraseadas en muchos casos. Concebía el oficio del poeta como algo ceremonial. La poesía para él era una forma de comportarse frente al mundo.

Detengámonos un momento ¿Cómo es la poesía de Luque Muñoz antes de ir a Rusia?

Es una la poesía de Luque Muñoz antes de su viaje a Rusia y otra la que escribe después de esta experiencia. En sus dos primeros libros Sol cuello cortado y Lo que puede la mirada hay una poesía todavía muy intuitiva, donde destaco lo prosaico, cierto aire con imágenes de aliento surrealistas, donde la ciudad de Bogotá entra como un personaje que se va descubriendo. Sin embargo, desde esos libros ya leemos una actitud crítica frente a nuestro horror. Dice en un poema: Esta mañana leí unos ojos, un cielo atroz/ leí que en lejanos pueblos de Colombia/ bandadas de infinitas sombras mataron otra sombra.

¿Y cómo los años en Rusia incidieron en el trabajo poético de Luque Muñoz?

Después de Rusia es cuando entramos en el terreno plenamente simbólico, irónico, erótico. La lectura de Pushkin, Gogol, Tolstoy, Chejov, Dostoievski, Anna Ajmátova, Maiakovski, Lérmontov, Turguéniev y hasta Tarás Shevchenko, quien dijo “No te cases con la rica” da a la poesía de Luque Muñoz la idea de echarle mano a la historia con el velado acertijo o santo y seña de la metonimia y la metáfora. Es lo que hace que su poesía no sea panfletaria, todo se dice en un segundo plano. Rusia le da un aire legendario a la poesía de Luque Muñoz, entonces va a hablar de zares, ahorcados, hechiceros, caballeros, escudos, espadas, etc, para hablar de la realidad más cruda de América Latina. Rusia, al igual que París para Cortázar, le da a Luque Muñoz la distancia para verse a sí mismo desde la distancia.

¿Qué poeta de la tradición colombiana influyó en el universo de Luque Muñoz?

Aurelio Arturo era el poeta que más admiraba. Citó muchas veces sus versos como epígrafes, recuerdo uno en especial, pues creo que colaboró en él para que se animara a hablar del viaje: Me besa un largo sueño de viajes prodigiosos/ y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla. Además, muchas de las líneas de Arturo le animaron títulos de sus poemas como En la cámara de la lanza rota. Hasta coordinó muchos años un taller literario en el norte de Bogotá, en la casa de la escritora Alicia Rodríguez, llamado “Aurelio Arturo”. Fue allí donde lo conocí a él y a uno de sus amigos, el poeta Luis Arana. Era un espacio bellísimo donde se leía línea por línea al Quijote, a Shakespeare, a poetas latinoamericanos como Gonzalo Rojas, Borges, Nicanor Parra, entre otros. Fue allí donde empecé a leer a los poetas colombianos de su generación.

De elegir un solo verso de Luque Muñoz, ¿cuál sería y por qué?

Mi soledad se abría paso entre las gallinas/ y los potrancos asustados por el paso de los cometas, son un par de versos de su poema Página de infancia. El poema tiene un halo de orfandad y desamparo, me gustan los dos versos porque detallan con justicia la gran soledad que se vive en la infancia, cuyo paraíso va a contramarcha de lo idílico que era la infancia para Aurelio Arturo. Me agradan porque se separa mucho del mundo cristiano y de la Edad Media que lo obsesionó. A pesar de que Luque Muñoz era un muchacho de barrio, estos versos descubren la infancia en el terreno verde de Arturo.

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