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El día a día y las memorias del sacerdote, rector del Santuario de La Popa, en Cartagena

Fray Gabriel Ángel Palacio Tobón, rector del Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria, dio detalles sobre su vida dirigiendo el convento, en el cerro La Popa. Allí ha estado durante tres años. En esta conversación habló sobre su vocación y algunos de sus momentos en la Iglesia.

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Andrea Jaramillo Caro
16 de enero de 2026 - 03:00 p. m.
Fray Gabriel Palacio fue ordenado hace más de 30 años.
Fray Gabriel Palacio fue ordenado hace más de 30 años.
Foto: Archivo Particular
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¿Cómo llegó a dirigir el Santuario de La Popa?

Fue por el nombramiento de un padre superior, que se maneja dentro de la comunidad de la Orden de Agustinos Recoletos. Esto se hace por unos períodos de cuatro años, más o menos, por lo que llegué en 2022 al servicio en este convento.

¿Cómo es su día de trabajo en el convento?

Hacia las 5:00 a. m. tenemos la oración, luego viene la celebración de la Eucaristía a las 7:00 a. m. con los empleados del convento, aunque el santuario está abierto a las personas que deseen subir. Después viene el desayuno y luego atiendo diferentes cuestiones de mantenimiento, atención a turistas, entre otras. Llega la hora del almuerzo a las 12:30 p. m. y en la tarde sigo con las labores propias del convento. A las 6:00 p. m. tenemos los rezos de la tarde, que corresponden al sacerdote, y a las 7:00 p. m. tenemos la cena. Después de eso veo televisión un rato y mi descanso comienza a las 9:00 p. m.

¿Qué implica dirigir un santuario como este?

Tenemos una serie de empleados, con quienes debo estar al tanto de todo lo que es necesario para el convento, en toda la estructura, su mantenimiento y estar atento a los religiosos que viven aquí, que en total somos tres. Nos mantenemos a través de las entradas que obtenemos del turismo. Eso se dispone para este mantenimiento, para el sostenimiento de todo, de las personas, el pago a los empleados y demás.

¿Cuál es el reto más grande de esa dirección?

El mantenimiento. Al ser una estructura tan antigua, construida en 1607, y por la ubicación, es difícil conservarla. Aquí interviene mucho el salitre, una salina que crece en los muros y deteriora la pintura y el hierro. Son materiales que se dañan fácilmente. Hay que estar siempre pendiente de ellos y de la madera y su pintura, también de la limpieza y organización. Es una labor costosa que se debe hacer constantemente.

¿Qué es lo que más le gusta de este santuario?

El ambiente religioso. Aquí se vive en un entorno espiritual de mucho silencio y recogimiento. A pesar de que llegue tanta gente, se experimenta paz, tranquilidad y una fuerte devoción a la Virgen de la Candelaria.

¿En cuáles santuarios ha ejercido a lo largo de su vida?

Llevo casi 32 años de sacerdocio. En un momento pasé por las misiones de Casanare, hacia finales de los 80 y principios de los 90. Para el inicio de la década de 2000 me enviaron a Chile, ahí pasé cinco años en una labor misionera. Regresé y me fui a Italia un corto tiempo, para estudiar formación de seminaristas. Después volví a misiones en Casanare, también estuve en Cali y Antioquia. En la Diócesis de Caldas fui formador en seminario y, al terminar, me nombraron para el santuario en Cartagena.

¿Cómo fue el proceso para llegar a su vocación?

Inicié mi formación de seminario a los 13 años en Santa Rosa de Osos. Luego ingresé a la Orden de los Agustinos Recoletos a estudiar filosofía y hacer el postulantado, que es una etapa de experiencia. Después pasé a Ráquira, Boyacá, a hacer un año de noviciado, que es un internado más fuerte, de más discernimiento y análisis, para saber si era la vocación o no y, al final, hice cuatro años de teología, que es la formación sacerdotal específica. Es una vocación que nace en un ambiente de la vida religiosa de la familia y del pueblo en el que nací.

¿Por qué eligió la Orden de los Agustinos Recoletos?

Por la vida comunitaria, más fraterna, de más colaboración, apoyo, espiritualidad, estudio, trabajo y demás.

¿Qué cree que la sociedad puede aprender de la filosofía de los Agustinos?

San Agustín fue un gran filósofo y hombre de estudio de la Edad Media. Vivió del año 354 al 430. De hecho, en su época hizo toda una síntesis tanto de la filosofía como de la teología. La filosofía es la búsqueda de Dios, de la verdad, y él empezó esa búsqueda por distintas áreas. Tenía esa inquietud, además de que fue un gran orador.

Hablemos de los momentos que lo han marcado durante su tiempo como sacerdote...

El inicio de mi vida sacerdotal en Casanare. Allí había mucha violencia durante los años 90, pero también fue un momento muy fecundo en el apostolado, porque la gente buscaba mucho a Dios y participaba en las actividades de la iglesia. Fue difícil, porque se vivía con un gran sufrimiento y la pérdida de muchas personas. Fue una experiencia bastante extrema y con muchas estrechezas, pero, al mismo tiempo, era una vida muy solidaria, fraterna, cercana y trabajada. En medio del dolor también había esperanza.

¿Qué características son imprescindibles al momento de emprender un camino en la Iglesia?

Ante todo, experimentar y sentir el llamado, esto son las actitudes y disposiciones que se tienen para una vocación. Cada vocación tiene sus especificaciones y cada uno sabe cuáles son sus cualidades, inclinaciones y deseos. Hay que ponerse en perspectiva de oración y diálogo con Dios. Si no hay búsqueda de Dios, otro puede ser el camino y el interés. La vida espiritual conlleva una profundización de la lectura de la palabra, recogerse y encontrarse. Hay que tener una vocación de servicio, amor y buena disposición para el encuentro con las demás personas.

¿Se ha sentido retado?

Fue en un viaje que estaba haciendo de Casanare a Boyacá con un grupo de jóvenes aspirantes a la vida sacerdotal. En el camino nos abordó un tipo con una metralleta en una curva y no sabíamos quién era. Fue un momento bastante difícil, porque estaba solo con ellos, con un grupo de jóvenes indefensos del cual era responsable. En ese momento tuve como una iluminación y le dije al hombre que los muchachos eran seminaristas. Desde ahí se portó bien con nosotros. Fue muy tensionante, pues pudo habernos apresado, secuestrado o algo peor. Pero, gracias a Dios, no pasó a mayores.

Andrea Jaramillo Caro

Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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