¿En qué momento decidió convertir la búsqueda por su familia en un documental?
Sentía la necesidad de encontrar mi sitio, pero no me atrevía. Soy periodista y me di cuenta de que la mejor manera de perder el miedo era empujándome a hacer un primer viaje a Colombia y grabándome en el proceso.
¿Cómo empezó su proceso de búsqueda?
Mis padres me contaron que soy adoptada desde que tengo uso de razón, a través del álbum de fotos que hicieron cuando vinieron por mí a Manizales. Con ese álbum he aprendido poco a poco sobre mi herencia. Cuando crecí, me dijeron que, con la poca información que había en el expediente, mi mamá, Dorián Tapazco, me había dejado a cargo de una socorrista de la Cruz Roja y que mi padre había fallecido en la tragedia. Con esos datos empecé a investigar apenas tuve acceso a internet, aunque nunca encontré nada. Luego descubrí la Fundación Armando Armero y a su director, Francisco González. En la página aparecían casos de madres y padres que buscaban a sus hijos y de otras personas adoptadas por todo el mundo que buscaban a sus familias. Eso me abrió la puerta a la posibilidad de investigar por ese lado.
¿Cuál fue su primera interacción con la fundación?
Escribí al correo y, a la media hora, recibí una respuesta de Francisco en la que me decía que hiciéramos una videollamada. Al final, me estaba invitando a la conmemoración de Armero y a conocer un poco el país. Como mi cumpleaños es el 6 de noviembre, aproveché para estar en Colombia en ambas fechas. Así fue como se unió todo. En ese primer viaje hablé con las familias que me contaban sobre sus hijos y bebés y eso me animó a seguir buscando.
¿Qué encontró en esa primera búsqueda?
Como mis padres hicieron la adopción en Manizales, fui allá y pregunté por mis papeles. Me dijeron en el ICBF que iba a ser imposible encontrarlos. Fue bastante desolador también ir a la registraduría y que me dijeran que el nombre de mi madre no aparecía en ningún sitio, ni como viva ni como muerta. En vez de desanimarme, eso hizo que regresara a España a buscar otras productoras que se uniesen a la película y así poder conseguir más financiación y volver con otro equipo y con la posibilidad de hacer algo más grande.
¿Qué fue lo que más la impactó de ese primer viaje?
Lo primero fue que, al llegar a Bogotá, vi una urbe enorme y me dio mal de altura. Por otro lado, entendí que Armero era una ciudad muy grande y que se convirtió en un lugar de conmemoración para muchos. Ver las caras de los padres y madres que buscaban a sus hijos, con historias tan duras, y hablar con ellos, fue impresionante. Pero lo más impactante fue ir a Manizales, porque ese lugar lo vi en las fotografías que mi padre me había mostrado en España. Él guardó todo, hasta un mapa que le dieron del ICBF cuando fueron por mí y fue bonito contrastar con lo que mis papás tenían.
¿Por qué se interesó en el periodismo y los documentales?
Por la necesidad de contar historias. Tenía claro que no veía historias como la mía en la televisión en España, que hablaran de adopción y de Colombia desde un punto de vista cercano, porque el país generalmente aparecía en las noticias por cosas terribles. Si salía por algo lindo era por temas de naturaleza o algo parecido. Por esa razón estudié periodismo. Luego me di cuenta de que quería contar las historias desde lo audiovisual, por lo que estudié comunicación audiovisual. Cuando decidí hacer el documental sobre la búsqueda de mis orígenes, hice un máster en documental y después me fui alejando del periodismo para enfocarme en lo cinematográfico.
¿Qué fue lo más desafiante de realizar el documental y, a la vez, ser su protagonista?
Luchar, aunque no tengas herramientas para que sea una pelea contra algo específico, porque la burocracia es mucho más grande que tú, el ICBF también y tú eres solo una pieza de algo tremendamente enorme como son las adopciones internacionales y más cuando fue en un contexto de una catástrofe natural con miles de víctimas. Eso ha sido muy frustrante, porque siempre que pensaba que estaba avanzando hacia algo, alguien me dejaba de ayudar o desaparecía. Ese ha sido el desgaste más grande contra el que he tenido que luchar.
¿Cómo fue su proceso para adaptarse a la idea de que venía de este país?
Mis padres han hecho todo lo posible para que sea orgullosamente colombiana. A pesar de eso, en el colegio supe muy rápido que mis rasgos no encajaban con los de una ciudad conservadora del norte de España. Entonces las profesoras me dijeron que, si me dolía tanto, mejor no hablara de eso. Entendía que la adopción era algo “malo” porque se veía con ese estigma de que te abandonaron. Pero en mi casa sí se hablaba muy bonito del país, se le tiene mucho respeto a Colombia y mi familia hizo el esfuerzo de que siguiera a la selección, que leyera a Gabriel García Márquez y que escuchara a Shakira, pero fuera de mi casa procuraba no hablar de esto. Era algo complejo combinar esas dos realidades.
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖