¿Cómo empezó en la fotografía de naturaleza?
Llevo 10 años en esto. Comencé estudiando biología, una cosa llevó a la otra y me terminé volviendo fotógrafo profesional de animales. Empecé a hacer fotos con el teléfono en las salidas que hacía en la universidad, y cuando volvía a Bogotá les mostraba las fotos a mis amigos, que muchos de ellos no eran biólogos, y les gustaban. En ese momento pensé que la fotografía podía ser una herramienta de conservación. Por eso comencé a esforzarme más y, una vez que me metí de cabeza en esto, me encantó.
Como biólogo, ¿cómo cree que la fotografía puede convertirse en una herramienta de conservación?
Creo que a veces el público se aburre mucho si uno solo le da datos de cóctel o fiesta de té. Si uno puede mostrar las cosas con fotos, creo que el mensaje permanece más tiempo en la mente de las personas. Por eso creo que la fotografía es tan efectiva para enviar esos mensajes; es más fácil que lo vean a que les dé una cátedra de una hora.
¿Cómo describiría hoy las primeras fotos que tomó hace 10 años?
Pobres. Tenía los conceptos de composición, técnica e historia natural, pero no tenía la parte artística de la foto. Pasaron cinco años antes de que empezara a hacer un esfuerzo real por componer y tener elementos artísticos más marcados.
¿Cuál cree que es su sello como fotógrafo?
Uno con los años desarrolla un estilo que los demás fotógrafos identifican, pero siento que en el mundo, por lo menos en Colombia, he sido un fotógrafo que muestra muchos aspectos de historia natural. Diría que esa es mi marca; la mayoría de mis fotos son retratos, pero intento mostrar elementos de historia natural que puedan enseñar algo.
¿Cómo se puede identificar la historia natural en una foto?
Aquí hay otras preguntas que se pueden hacer, como ¿qué es la historia natural en una foto? ¿Qué hace que una foto de naturaleza sea buena? La respuesta podría estar en la forma en la que se retratan las cosas, sea por una técnica de composición o ejecución artística. Sin embargo, la historia natural se muestra a través del comportamiento y es una de las mejores cosas que se puede mostrar en una foto porque es lo que más le enseña a la gente. Últimamente me he enfocado en el oso de anteojos. Me interesa mostrar lo que hacen, comiendo puya, rascándose en un árbol, nadando o con sus cachorros.
¿Por qué le interesó el oso de anteojos?
Hubo un momento en mi carrera en el que quería buscar algo que pudiera apropiar como mío. Si me hubiera dedicado a las aves, ya hay muchos fotógrafos de este tipo y creo que siempre habría vivido en su sombra. Cuando encontré algo en lo que podía trabajar y que no había sido explorado por otros, pensé que podría darme más oportunidades. Me dediqué a los osos de anteojos porque no había nadie en Colombia que hubiera hecho un portafolio dedicado exclusivamente a estos animales. Además, es cerca de casa, a dos horas de Bogotá, por lo que logísticamente también era sencillo.
¿Qué es lo que más le gusta de ellos?
Me encanta lo tranquilos que son, que es algo que la gente no reconoce mucho. Los osos de anteojos no son como los grizzlies, los osos negros o el oso polar. Son más apacibles que sus parientes norteamericanos; uno puede disfrutar de una experiencia sin que sea particularmente peligrosa. Es algo que agradezco bastante.
¿Cuál ha sido una experiencia particularmente especial para usted?
Hay muchas. Soy biólogo especializado en serpientes, ranas y lagartos; luego me dediqué a los osos. Al principio, lo que me motivaba era llenar mi “pokédex” con las culebras que quería ver. Me sentía como un maestro Pokémon. Hoy en día son momentos que tengo con jaguares u osos que me marcan porque uno puede sentir una conexión con el animal, te mira a los ojos y es un momento bellísimo.
¿Qué cree que la observación de estos animales puede enseñar a la sociedad?
Creo que esto puede ser polémico, pero considero que todos deberíamos ir a buscar animales al menos una vez al mes. Hay algo muy bonito en tener encuentros con fauna que uno no se esperaba. Creo que si todos tuvieran encuentros así, que les marcaran la vida, cuidarían más el medio ambiente.
¿Cómo es su rutina cuando está en una salida fotográfica?
Depende mucho del animal, todo lo dictan ellos. Por ejemplo, con el oso de anteojos, para buscarlo en Colombia, hay que ir al páramo. Me visto de una forma cómoda para el entorno al que voy y con binoculares intento buscarlo en los horarios en los que está más activo. Hay que levantarse temprano y estar horas buscando un punto negro en la montaña. Sin embargo, en el caso del jaguar, las cosas cambian mucho. Hay que acoplarse al animal que uno está buscando. Cuando vivía de anfibios y reptiles, tocaba buscarlos de noche, por lo que me convertí en un ser noctuno, solía volver al hotel a las 2:00 a.m.
¿Cuál cree que es la virtud más importante para un fotógrafo de naturaleza?
Aprender a manejar la frustración. La paciencia viene con eso. Si uno está en el campo y el animal que uno está buscando no sale, uno se frustra. Hay que aprender a gestionar esas emociones. Por ejemplo, puede pasar que uno estuvo una semana en la selva matándose y al subir la foto a redes no tiene el impacto que uno esperaba... eso también es frustrante. O si uno estuvo planeando un viaje durante un año y al final algo sale mal. Una de las herramientas más valiosas para un fotógrafo es justamente saber maniobrar con la frustración.
¿Qué encuentro con un animal recuerda especialmente?
Llevaba 10 años buscando al jaguar, lo intenté varias veces en Colombia y Ecuador, pero nunca lo logré. Siempre estuve cerca, pero nunca pude hacerlo. El año pasado me fui al mejor lugar del mundo para verlos: Brasil. En un día pude ver ocho y recuerdo que en uno de esos encuentros tuve a uno de ellos a menos de 10 metros, y nos miramos a los ojos. Fue algo que había esperado durante muchos años. Ese fue un gran momento.
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