
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
¿Cómo fue su primer acercamiento al ballet?
Comencé a bailarlo porque sufría de obesidad. Mis padres intentaron inscribirme en muchas actividades, como karate, patinaje y escalada, pero nada me llamaba realmente la atención. Un día llegó a mi colegio un grupo de danza folclórica, entonces le dije a mi mamá que me había encantado y que si podía hablar con la profesora para inscribirme. Empecé a tomar clases, me gustó muchísimo y entré a bailar con la agrupación.
Después mi mamá me dijo que, si quería mejorar, tenía que intentar hacer ballet, por que este es la base de todo y la técnica principal, sin importar si haces jazz, contemporá neo, hip hop o cualquier otro estilo. Así que comencé a tomar clases de ballet en la Casa de la Cultura de Chía. Me llamó muchísimo la atención, y le comenté a mi mamá que eso era lo que quería hacer con mi vida. Actualmente bailo con el Tulsa Ballet. Fue con esta compañía que vine a competir al Prix de Lausanne.
En los inicios de su formación, ¿cuáles fueron los principales retos a los que se enfrentó?
Podría decir que uno de los principales retos fue la percepción del ballet, sobre todo en Latinoamérica, donde aún no está muy bien visto, especialmente en los hombres. Existe la idea errónea de que es una actividad femenina, cuando en realidad un bailarín masculino tiene una fuerza increíble. En el colegio recibí comentarios, pero la verdad no me afectaron, porque tenía una meta muy clara y sabía exactamente lo que quería hacer.
Otro reto importante fue la obesidad. En el ballet existe una estética muy marcada, más orientada hacia cuerpos delgados, aunque también fuertes. Al principio fue muy duro, porque tenía que hacer mucho ejercicio y trabajar el triple para poder bajar de peso mientras continuaba con mis estudios de ballet.
¿Qué tipo de exigencias implica dedicarse profesionalmente al ballet?
Cuando entras al escenario tienes una sola oportunidad para hacer las cosas bien, y no es algo que puedas repetir. Además, estar rodeado de tantos bailarines talentosos exige una fortaleza mental enorme. Una mente débil podría pensar que no está hecha para esto, que los demás son increíbles o preguntarse qué va a decir la gente. Todo eso pasa por la cabeza, y hay que saber manejarlo. Por eso, entre más lo haces y entre más experiencias acumulas, más fuerte se vuelve tanto el cuerpo como la mente. Ese proceso es fundamental en esta profesión y es, finalmente, lo que forma a un bailarín profesional.
¿Qué características cree que debe tener un buen bailarín?
Primero que todo, pasión. Este es un arte que tienes que amar profundamente, porque es una disciplina muy exigente. Para mí, es una de las actividades más difíciles que existen: el ballet, incluso desde muy pequeño, exige una gran disciplina y una dedicación constante. Bailamos entre seis y ocho horas al día, seis veces a la semana, y muchas veces ni siquiera descansamos los domingos, porque tenemos funciones o ensayos. Es un ritmo muy duro y demandante. Por eso, además de la pasión, se requieren disciplina y un compromiso total con lo que se hace.
Acaba de participar en el Prix de Lausanne, uno de los concursos internacionales de ballet más relevantes del mundo, ¿cómo fue el proceso de preparación?
Fue un proceso bastante difícil y exigente. Tienes en la cabeza que estás representando a tu país en una competencia tan importante, y eso te obliga a dar lo mejor de ti. Además, el año pasado, presenté síntomas de dolor en la rodilla izquierda. Nací con una condición llamada meniscos discoides, lo que signi fica que es más fácil que se lesione. Anterior mente ya me operaron de la rodilla derecha, y el doctor me advirtió que probablemente lo mismo podría pasar en la izquierda y que debía hacer mucha terapia y fortalecimiento para evitarlo.
Sin embargo, el ballet es extremadamente exigente, casi antinatural, porque el cuerpo no está diseñado para hacer muchas de las cosas que se requieren, por lo que terminé rompiéndome el menisco. Eso generó mucho nerviosismo pensando en si iba a poder ir, pero lo logré. Hice muchísima terapia antes de venir, fortalecí mucho la rodilla y pude competir de la mejor manera posible. Ahora, cuando regrese a Colombia, me voy a operar. Cuando termine la recuperación podré volver a bailar y comenzar con nuevas oportunidades.
¿Cómo vivió la experiencia durante este evento y qué aprendizaje le dejó a nivel artístico y personal?
El Prix de Lausanne son básicamente las “olimpiadas del ballet”. Es una de las com petencias más prestigiosas del mundo de la danza. Este año audicionaron alrededor de 500 personas, y solo 81 fueron seleccionadas, así que tan solo ingresar a la competencia ya es un logro enorme.
La experiencia fue increíble: di todo en el escenario y la gente quedó muy contenta con mi presentación. El mayor aprendizaje que me llevo es que la pasión siempre va por encima de la técnica. Creo firmemente que el público elige a un bailarín que pueda mostrar su artisticidad y su amor por la danza, más allá de quien solo ejecuta mejor los pasos. El público quiere ver a un artista integral en el escenario, alguien que exprese emociones y que haga sentir de corazón el personaje que está interpretando.
¿Qué significado tiene la danza hoy en día para usted?
Podría decir que lo significa todo, porque el ballet es mi vida. No me imagino una vida sin el ballet y no sé qué estaría haciendo en este momento si no fuera por la danza. Incluso cuando, por alguna razón, alguien deja de bailar o ya no le gusta como antes, la danza nunca se va del cuerpo. Siempre permanece en la sangre. Para mí, la danza lo es todo, y espero que Dios me dé la fuerza para seguir haciéndolo durante muchos años más.
¿Qué consejo les daría a los jóvenes que deseen iniciar una carrera en el mundo del ballet?
Que primero sepan muy bien a qué se están comprometiendo, porque van a tener que dejar de hacer muchas cosas y son muchos sacrificios que hay que asumir. Sin embargo, al final es algo de lo que no te vas a arrepentir. Hay que seguir adelante y esforzarse muchísimo, porque hay mucho talento en el mundo y, si realmente quieres sobresalir, tienes que darlo todo y trabajar al máximo.
Mirando hacia el futuro, ¿qué metas o sueños aspira alcanzar con su carrera a partir de todo esto?
Aspiro llegar a una compañía de gran renombre y presentarme en los mejores escenarios del mundo. Quiero viajar mucho. Siento que esto es solo el inicio. También uno de mis mayores sueños es llegar al corazón de muchas personas. Todo lo que he vivido ha sido una gran experiencia, y el apoyo que recibí de tanta gente, especialmente en Colombia, es algo que voy a llevar siempre en el corazón. Quiero que admiren lo que hago, porque me he esforzado muchísimo para llegar hasta aquí. Para eso trabajo todos los días: para que el público pueda disfrutar de mi arte.