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La verdad impúdica de Tiépolo

Berlusconi cubre ‘La verdad develada por el tiempo’, obra del barroco italiano.

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Redacción cultural.
14 de agosto de 2008 - 09:27 p. m.
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Hace menos de una semana el mundo  cultural europeo quedó estupefacto con el excesivo pudor de Berlusconi. En la sala de prensa del Palazzo Chigi, en Roma, el primer ministro italiano dio la orden de tapar los senos de la figura femenina de la obra La verdad develada por el tiempo, reproducción de la obra de Giambattista Tiépolo.

Además del gran revuelo, por una acción que con exceso de pudor atenta contra el arte y recuerda en cierta medida la censura de los talibanes a las imágenes de Buda, el debate se convierte en oportunidad para hablar de este artista veneciano del siglo XVIII, censurado casi 200 años más tarde.

El veneciano

Nunca imaginó este artista nacido en Venecia en 1696, en una familia de artistas, que se consideraría su obra “capaz de herir la susceptibilidad de las personas”, como argumentaron los asesores de Berlusconi.

A pesar de que ‘el leve retoque’ no se realizó sobre la obra original que se encuentra en un museo de Vicenza, la desnudez de esta imagen femenina hace parte del estilo barroco de Tiépolo y del significado de la obra misma.

Tiépolo, uno de los últimos artistas del barroco, es considerado el heredero de artistas como Piazzetta y Veronés.

La mayor parte de su trabajo artístico se encuentra en el norte de Italia. Por ejemplo, en Milán trabajó en el palacio Clerici; en Venecia lo hizo en la iglesia de los Scalzi y en el palacio Labia, donde realizó una obra maestra de fantasía y de audacia barroca titulada Festín de Antonio y Cleopatra y Embarque de Cleopatra. También su obra está en Würzburgo, donde trabajó en la residencia del obispo Von Greiffenclau.

En sus cuadros se pueden ver las características del estilo barroco y sus transformaciones, que  más tarde influenciarían a Goya. Los claroscuros, típicos de esta escuela, dan paso en Tiépolo a colores claros y en particular a la iluminación de partes específicas del cuadro.

La muerte lo encontró en España, a donde había viajado para atender el llamado del rey Carlos III. Allí, en el Palacio Real, pintó La gloria de España en el techo del Salón del trono. Una vez terminara el encargo del rey, se le pidieron  siete retablos para la iglesia de San Pascual Bailón, que nunca llegaron a figurar en dicho templo y que hoy se exhiben en el Museo del Prado y en el Palacio Real.

Por Redacción cultural.

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