La literatura ha utilizado la figura de la “bestia” para dictar moralejas, hablar de redención, mostrar la ambición humana y criticar desde lo absurdo. La bestia, a su vez, se ha transformado a la par de la cultura en la que es representada. Esta es una historia que va desde La Bella y la Bestia hasta Elías Ainsworth y Chise Hatori, protagonistas de The Ancient Magus Bride.
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La versión clásica que se tiene de la bestia es aquella plasmada en el cuento de Jeanne Leprince de Beaumont. La bestia es una criatura salvaje que representa la masculinidad como algo indómito. El cuento de La Bella y la Bestia representa la fealdad como algo que debe ser redimido por el amor. Al final del cuento, la bestia se transforma porque, para ser amado, lo monstruoso debe volverse humano.
No obstante, la bestia no tiene por qué ser el reflejo de la maldad, también puede ser la víctima de las ambiciones del hombre. La Criatura de Frankenstein dio un giro roussoniano, pues esta figura ya no es la consecuencia de un acto malévolo, la bestia ahora es la víctima de un diablo en forma de hombre que aspiró a una mayor grandeza de la que le permitía la naturaleza.
En Canción de Hielo y Fuego, de forma similar, en Poniente se dijo que los dioses habían castigado a Tywin Lannister por tanta arrogancia. “Se llevaron una flor de su mano y le pusieron un monstruo en reemplazo para enseñarle al fin un poco de humildad”, dijo el rey Aerys cuando nació Tyrion y Joanna Lannister murió en el parto. La Criatura de Frankenstein y Tyrion son niños abandonados por sus padres, quienes los rechazan al no poder contemplar la deformidad de sus creaciones. Entonces, voltean a mirar a la sociedad. Creen que con su sensibilidad y capacidad de amor, los demás los acogerán, pero la sociedad también ve a unos monstruos.
Así, a pesar de querer amar, llega un momento en que lo que ellos deseen no tiene importancia, tanta influencia externa los afecta hondamente, y la Criatura y Tyrion terminan convirtiéndose en lo que la sociedad quiere que sean. Estos personajes se convencen de la futilidad de sus sentimientos y finalmente se tornan en ángeles-demonios de venganza.
Además de la bestia que nace pura, pero la sociedad la corrompe, se encuentra la bestia como doble interior. En El extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la bestia es la parte reprimida del sujeto. El monstruo no necesita redención porque es inseparable del yo. Lo humano y lo inhumano se vuelven irreconocibles lo uno de lo otro.
Pero también está la bestia como cuerpo que incomoda. Gregorio Samsa amaneció una mañana convertido en un insecto. No hay ningún hechizo de por medio, ninguna moraleja, no hizo ningún pacto. Simplemente despierta siendo un animal. No hay maldiciones ni pecado de por medio en la obra de Kafka. La bestia no es consecuencia ética, sino condición absurda, tan absurda que Gregorio no se horroriza de la transmutación, sino de que va a llegar tarde al trabajo. La familia no lo rechaza por su fealdad, sino por no poder sostener económicamente el hogar. La bestia no es peligrosa, es vergonzosa. La modernidad entra a la literatura con la exclusión que viene del bochorno, no del miedo.
Pero con narrativas actuales, pareciera que algunas bestias empiezan a reclamar legitimidad. En la serie de anime The Ancient Magus Bride, Elías Ainsworth –el protagonista– es descrito como un hada, aunque no del todo, de origen misterioso y antiguo, conocido como el Mago de las Espinas. Si lo traducimos acorde a la mitología, comparte varias características con un wendigo: un espíritu maligno del folclor de los pueblos algonquinos; un humanoide gigante y famélico que posee a humanos o se transforma tras practicar canibalismo.
Varias veces las hadas lo desprecian por ser alguna especie de criatura liminal, pero en el caso de Elías no hubo ninguna transformación, a diferencia del caso de Gregorio Samsa. La bestia en el caso de Elías es una alteridad originaria, no una transformación surgida de lo absurdo.
Elías compra a Chise Hatori, una humana que atrae espíritus mágicos, para comprender las emociones humanas. De este modo, la bestia observa desde afuera la experiencia humana y se pregunta qué significa sentir. Mientras el insecto de Kafka tenía conciencia humana, pero no podía hablar, Elías tiene una comunicación deficiente porque no puede traducir lo que siente. Sin embargo, de la mano de Chise, Elías aprende. A diferencia de la bestia clásica, no se requiere de una transformación para poder ser amado, no se requiere de redención. En The Ancient Magus Bride no se pregunta qué pasa cuando se deja de ser humano, se pregunta qué se necesita para vincularse, para cuidar del otro y para elegir quedarse.
Lo contemporáneo ya no domestica a la bestia, tampoco intenta redimirla y humanizarla. En una historia cuyo protagonista es una criatura liminal, se explora y se redefine lo que hemos considerado como “humano”. Hemos pasado del hechizo y la redención, al castigo luego de la soberbia. Hemos pasado de los sentimientos reprimidos a lo absurdo. Finalmente, hemos llegado a replantearnos lo que consideramos humano, de la mano de una bestia que bien podría caminar entre nosotros.