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Los colores se difuminan. Poco a poco, cada cuadro pintado va componiendo un retrato monumental, censurado y pixelado que, desde una vista panorámica, va revelando los rastros de la infamia. Es una mujer amedrentada y atada a su propia suerte en las profundidades de la selva colombiana. ¿Es este el paisaje recurrente de nuestro país? Si se observa a la derecha, un mural acompaña la imagen. Es la reconfiguración de los colores de aquel retrato censurado y que ahora se reconfigura como un paisaje montañoso y rocoso que se distorsiona y que se pierde en el píxel. Si vemos con detenimiento, una imagen más la enfrenta cara a cara. Allí aparece, a gran escala, un rostro bañado en sangre que descansa en medio del follaje, como un trofeo de caza, como un grito de victoria. Una vista que, a lo lejos, insiste en alterar la realidad, pero que la memoria no deja de reconocer. Es este el panorama cotidiano, uno desvergonzado que se escrolea a través de las pantallas sin dolor ni vergüenza.
Con la vista de Bogotá desde una zona de tolerancia de la ciudad, más precisamente, en el antiguo edificio de Telecom, se sitúa la exposición "El círculo cromático". El artista Juan David Laserna creó este proyecto de la mano de la plataforma artística Miles de veces, en la que plantean cuatro murales a gran escala y pintados con una minucia que deja ver las texturas y pinceladas.
“Yo quería hacer un proyecto sobre el significado de la victoria para cualquier guerra, y pensé inicialmente en la grandilocuencia obsoleta del muralismo socialista, o en las maquetas de Berlín que proyectó la Alemania nazi, porque en esos proyectos existió la intención de afirmar una historia de victoria indiscutible que al final no logró sobrevivir. En Colombia no tenemos una tradición monumental ni iconográfica de este tipo, así que no podemos evaluar esas narrativas; en nuestro caso, los vencedores y los vencidos los decreta el archivo que producen los medios, la publicidad oficial y la propaganda”, explicó Laserna. El artista se refirió a la idea fundacional del proyecto que poco a poco fue mutando en el proceso, evidenciando el constante enfrentamiento a través de dos imágenes poderosas dentro de la historia de guerra en Colombia: la primera, la imagen de Ingrid Betancourt durante su secuestro que fue extraída del video publicado por las FARC en 2007; y la segunda imagen realizada por el Ministerio de Defensa que retrata la muerte del Mono Jojoy en 2017.
“Siempre ha sido una lógica binaria del bueno y el malo, la víctima y el victimario, el que está bien y el que está mal. Me pareció muy importante que eso se viera en el espacio. Por eso enfrentarlos, por eso poner esas dos miradas de frente, como una imagen que producen las FARC y una imagen que produce el Estado”, dijo Daniela Marín, curadora y fundadora de la plataforma Miles de veces.
El proyecto está conformado por cuatro murales: dos de ellos alusivos a las imágenes de Ingrid Betancourt y del Mono Jojoy, y los otros dos, como resultado de la reorganización del color de dichos retratos que construyen paisajes armónicos, como si se tratase de una decodificación de la imagen. Cada mural fue pintado cuadro por cuadro, generando píxeles cromáticos conformados por 1.664 colores diferentes. En Miles de Veces, espacio ubicado en Quinta Camacho, se encuentra la segunda parte del proyecto conformado por los momentos del proceso de realización del proyecto: las pruebas de color de cada uno de los murales en pequeña escala, las cintas usadas para fijar los cuadros de color y cada una de las pinturas organizadas alfabéticamente en el suelo como un mapa de color para apreciar el sistema de color que utilizó el artista para pintar los murales.
“Siempre estoy tratando de pensar cómo hacer que la pintura se pueda expandir conceptualmente. Entonces la pregunta no es cómo esas imágenes se volvieron pinturas, sino cómo un pintor trata de construir un proyecto con imágenes mediáticas que sea una pintura expandida y que conceptualmente sea una pintura”, explicó el artista. Al acercarse y ver a detalle cada cuadro de color que conforma cada mural, se pueden apreciar los acientes de una pincelada imperfecta, las texturas de la pintura y cómo se amalgama de diferentes maneras en el soporte, convirtiéndose más en un objeto pictórico con materialidades dispares. Todo ello teniendo en cuenta formas de producción de imágenes de gran formato que van desde las vallas publicitarias pintadas a mano, el muralismo mexicano o la propaganda soviética, que, independientemente de sus contenidos, siguen operando hoy, ya sea en las pantallas de Times Square en Nueva York o en las plazas de Pyongyang en Corea del Norte.
“Este proyecto me pareció relevante para el país, para el mundo; ver la situación política en la que estamos, la situación de la humanidad; pensar en la violencia, en el sadismo; pensar en cómo todos somos bandos de repente y militamos por unas ideas que nos imponen, y cómo tampoco las cuestionamos”, contó la curadora.
Podrá visitar la exposición hasta el 12 de noviembre en Telecom, de lunes a sábado de 11:00 a. m. a 5:00 p. m. y en Miles de veces con cita previa.
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