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La escultura que hizo que la justicia estadounidense se preguntara: “¿qué es arte?"

Una obra de Constantin Brâncuși desató una polémica en Estados Unidos en 1926, pues las autoridades no la consideraban arte y, por lo tanto, la definición de esta disciplina fue puesta en tela de juicio. Esta es la historia.

Andrea Jaramillo Caro

27 de febrero de 2026 - 07:20 a. m.
La obra "Bird in space", de Constantin Brâncuși, hizo parte de una serie de más de 10 esculturas en diferentes materiales.
Foto: Archivo particular / Wikipedia
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En 1926, el debate sobre qué es arte y qué no llegó a las instancias legales. Durante ese año, una obra de escultor rumano Constantin Brâncuși llegó a Estados Unidos, luego de que fuera comprada por el fotógrafo Edward Steichen. Al llegar a las costas estadounidenses desde París, se desató una controversia que marcó la historia del arte y la definición de la época sobre esta disciplina.

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La pieza en cuestión fue “Bird in space”. Esta escultura era una de varias en la serie del mismo nombre, de las cuales siete fueron hechas en mármol y nueve en bronce. Una de las esculturas fabricadas en metal fue la que llegó a Nueva York, junto con otras 19 obras del artista. Sin embargo, al ser examinada por la aduana, las autoridades determinaron que se trataba de un pedazo de bronce pulido y no de una obra de arte, por lo que aplicaron un impuesto del 40% de su valor sobre el objeto, que, para 2016, habría sido de más de USD 3.000. Algo de lo que el arte estaba exento.

Este fue el catalizador de uno de los juicios más recordados en el mundo del arte, pues Brâncuși decidió emprender acciones legales conta los Estados Unidos en defensa de su obra. “Para ser consideradas “esculturas”, las obras debían ser “reproducciones mediante tallado o fundición, imitaciones de objetos naturales, principalmente la forma humana”. Dado que “Ave en el Espacio” no se parecía en nada a un pájaro, las autoridades la clasificaron como objeto utilitario (en la categoría de “Utensilios de Cocina y Suministros Hospitalarios”)”, reportó el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Puesto que la obra de Brâncuși no pareció un pájaro a los agentes, ellos decidieron cobrar el dinero.

“Brâncuși redujo el pico y la cabeza del animal a un óvalo oblicuo y alargó el cuerpo hasta tal punto que no se aprecian plumas ni alas. Su elegante pisada eleva al ave hacia el éter con un movimiento ascendente acelerado”, escribió Ruxi Rusu para Daily Art Magazine sobre la obra en cuestión.

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La escultura debía aparecer en la Galería Bummer, dirigida por el artista Marcel Duchamp, y, luego, sería presentada en el Arts Club de Chicago. Tanto el galerista, como el artista y el comprador se indignaron frente a la decisión de las autoridades y, de inmediato, Steichen interpuso una queja.

“Cuando traje la escultura de Brâncuși “Pájaro en el espacio” de vuelta a Estados Unidos, la aduana de Nueva York retuvo la obra y me negó la exención fiscal habitual para las obras de arte. La escultura fue registrada como un objeto banal para ser importado y se incluyó en la misma categoría que los utensilios domésticos o los instrumentos quirúrgicos. Por lo tanto, tuve que pagar un impuesto de unos 600 dólares [en realidad, 240 dólares]. Me sentí profundamente ofendido y decidí presentar una queja. Unos días después, estaba con unos amigos contándoles mi percance, donde, por pura casualidad, conocí a la Sra. Harry Payne Whitney, fundadora del Museo Whitney de Arte Americano. Ella comprendió rápidamente que esto podría sentar un precedente y me pidió que dejara que sus abogados se hicieran cargo del asunto. Su propuesta me conmovió mucho y acepté de inmediato”, aseguró el fotógrafo, según reportó el diario The Art Newspaper.

Brâncuși, nacido en Rumania en 1873, se formó como artista en la Academia de Bellas Artes de Bucarest y fue aprendiz del escultor Auguste Rodin antes de decidir enfocarse en un estilo más abstracto en su práctica. “Sentí que no aportaba nada al seguir el modo convencional de la escultura”, dijo. Por esto, decidió dedicarse a retratar la esencia de los objetos más allá de sus cualidades físicas. “En el arte, no se busca la simplicidad”, solía decir. “Se logra sin querer, a medida que uno se acerca al verdadero significado de las cosas”.

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Aunque tras la presión ejercida por los artistas, las autoridades liberaron la obra y otras esculturas bajo fianza, con la clasificación “Utensilios de Cocina y Suministros Hospitalarios”. viéndose obligados a reconsiderar su decisión. Mientras tanto, las piezas fueron exhibidas con gran éxito en Nueva York y Chicago. Sin embargo, eso no fue suficiente para persuadir a los oficiales de que se trataba de una obra de arte real.

Para febrero de 1927, luego de las exhibiciones, la aduana confirmó su decisión de mantener el impuesto sobre “Bird in space” y cualquier otra escultura del artista. La resolución fue confirmada por el tasador federal de aduanas F.J.H. Kracke confirmó la conclusión inicial de su oficina. De acuerdo con Legal Affairs, Kracke dijo en una entrevista para el New York Evening Post: “Se pidió a varios hombres de alto rango en el mundo del arte que expresaran sus opiniones en nombre del Gobierno... Uno de ellos nos dijo: ‘Si eso es arte, de ahora en adelante seré albañil’. Otro dijo: ‘Los puntos y las rayas son tan artísticos como la obra de Brâncuși’. En general, opinaban que Brâncuși dejaba demasiado espacio a la imaginación”.

En marzo, Steichen había interpuesto una apelación a la decisión y el caso se convirtió en “Brâncuși v. United States”. La primera pregunta que se hizo ante el juzgado era si la obra del artista imitaba aquello que su nombre decía que era. “Superar esa prueba la convertiría en escultura (y, por lo tanto, en arte) y la eximiría de derechos de aduana. Sin embargo, la tarea del juicio se centró en cómo definir «escultura» y, en consecuencia, «arte». Varios expertos prestaron testimonio, entre ellos el propietario de la escultura, Edward Steichen, artista y futuro director del Departamento de Fotografía del MoMA, así como el escultor británico Jacob Epstein y el director del Museo de Brooklyn, William Henry Fox”, reportó el MoMA. De hecho, durante el juicio, le preguntaron al crítico de arte Frank Crownshield qué era lo que lo llevaba a creer que esa pieza era un pájaro y respondió: “Sugiere vuelo, gracia, aspiración, vigor, junto con velocidad, en el espíritu de fuerza, potencia y belleza, como lo hace un pájaro. Pero el nombre, el título de esta obra, en realidad, no dice mucho”.

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Durante el juicio, la defensa argumentaba que la obra del rumano no era arte, pues de acuerdo con el profesor de la Universidad de Columbia, Thomas Jones aseguró que era “demasiado abstracta y un mal uso de la forma de la escultura”. Otro testigo del gobierno Robert Aitken afirmó que el arte debería generar una reacción estética y emocional y que esta pieza no le generaba nada, por eso no la consideraba como arte.

Durante un año se estuvo debatiendo si “Bird in space” era realmente una obra de arte y si era algo original. Tras meses de testimonios y alegatos, la corte falló a favor de Brâncuși. En el proceso se reconoció que una nueva forma de arte se estaba desarrollando y que la definición de esta disciplina estaba desactualizada. “La defensa mantuvo una postura firme respecto a la irrelevancia de la definición de escultura en este contexto, dado el auge de la nueva escuela artística, centrada en la abstracción, en aquel momento. También especificó que la pieza era un original realizado por un artista profesional”, escribió Rusu.

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En su declaración para terminar el juicio, el juez a cargo del procedimiento J. Waite dijo: “Mientras tanto, se ha desarrollado una denominada nueva escuela de arte cuyos exponentes intentan representar ideas abstractas en lugar de imitar objetos naturales. Independientemente de si simpatizamos o no con estas nuevas ideas y las escuelas que las representan, creemos que deben considerarse los hechos de su existencia y su influencia en el mundo del arte, tal como lo reconocen los tribunales”. Y continuó: “Se demuestra que el objeto en cuestión tiene fines puramente ornamentales, siendo su uso el mismo que el de cualquier pieza escultórica de los antiguos maestros. Es hermoso y de contornos simétricos, y si bien podría resultar difícil asociarlo con un ave, es, sin embargo, agradable a la vista y muy ornamental. Y dado que, según las pruebas, sostenemos que se trata de la producción original de un escultor profesional y que, de hecho, es una pieza escultórica y una obra de arte según las autoridades mencionadas anteriormente, sostenemos la protesta y determinamos que tiene derecho a libre acceso en virtud del párrafo 1704, supra. Que se dicte sentencia en consecuencia”.

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De esta manera se cerró un juicio histórico que cambió la forma en la que el arte era visto en su momento. Y aunque todavía es difícil dar con una única definición global para la palabra “arte”, la decisión de la corte estadounidense marcó un precedente para que alrededor del mundo se ampliara la visión para incluir los movimientos y artistas emergentes.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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