19 May 2021 - 5:49 p. m.

Los jóvenes y las marchas, según Elena Poniatowska

Hoy es el natalicio de la escritora mexicana y se cumplen 50 años de la publicación de su libro “La noche de Tlatelolco”, la reconstrucción de las históricas protestas populares en Ciudad de México en 1968, que dejaron decenas de estudiantes muertos y se parecen mucho a las actuales manifestaciones en Colombia.

Elena Poniatowska * / Especial para El Espectador

Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con que hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados que no saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro estarán allí hinchándose bajo la lluvia, después de una feria en donde el centro del tiro al blanco lo serán ellos, niños-blanco, niños que todo lo maravillan, niños para quienes todos los días son día-de-fiesta, hasta que el dueño de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran así el uno junto al otro como la tira de pollitos plateados que avanza en los juegos, click, click, click, click y pasa a la altura de los ojos, ¡Apunten, fuego!, y se doblan para atrás rozando la cortina de satín rojo. (Recomendamos: Siga en directo el paro nacional).

El dueño de la barraca les dio los fusiles a los CUÍCOS, a los del ejército, y les ordenó que dispararan, que dieran en el blanco y allí estaban los monitos plateados con el azoro en los ojos, boquiabiertos ante el cañón de los fusiles. ¡Fuego! El relámpago verde de una luz de bengala. ¡Fuego! Cayeron pero ya no se levantaban de golpe impulsados por un resorte para que los volvieran a tirar al turno siguiente; la mecánica de la feria era otra; los resortes no eran de alambre sino de sangre; una sangre lenta y espesa que se encharcaba, sangre joven pisoteada en este reventar de vidas por toda la Plaza de las Tres Culturas. (Más: Siga el paro en Bogotá).

Aquí vienen los muchachos, vienen hacia mí, son muchos, ninguno lleva las manos en alto, ninguno trae los pantalones caídos entre los pies mientras los desnudan para cachearlos, no hay puñetazos sorpresivos ni macanazos, ni vejaciones, ni vómitos por las torturas, ni zapatos amontonados, respiran hondo, caminan seguros, pisando fuerte, obstinados; vienen cercando la Plaza de las Tres Culturas y se detienen junto al borde donde la Plaza cae a pico dos o tres metros para que se vean las ruinas pe-hispánicas; reanudan la marcha, son muchos, vienen hacia mí con sus manos que levantan la pancarta, manos aniñadas porque la muerte aniña las manos; todos vienen en filas apretadas, felices, andan felices, pálidos, sí, y un poco borroneados pero felices; ya no hay muros de bayonetas que los rechacen violentamente, ya no hay violencia; los miro a través de una cortina de lluvia, o será de lágrimas, igual a la de Tlatelolco; no alcanzo a distinguir sus heridas, qué bueno, ya no hay orificios, ni bayonetazos, ni balas expansivas; los veo nublados pero sí oigo sus voces, oigo sus pasos, pas, pas, pas, paaaaas, paaaaaas, como en la manifestación del silencio, toda la vida oiré esos pasos que avanzan; muchachas de mini con sus jóvenes piernas quemadas por el sol, maestros sin corbata, muchachos con el suéter amarrado a la cintura, al cuello, vienen a pie, vienen riendo, son muchos, vienen con esa loca alegría que se siente al caminar juntos en esta calle, nuestra calle, rumbo al Zócalo, nuestro Zócalo; aquí vienen; 5 de agosto, 13 de agosto, 27 de agosto, 13 de septiembre, el padre Jesús Pérez echó a vuelo las campanas de catedral para recibirlos, toda la Plaza de la Constitución está iluminada; constelada con millares de cempazúchitl, millares de veladoras; los muchachos están en el corazón de una naranja, son el estallido más alto del fuego de artificio, ¿no que México era triste? Yo lo veo alegre, qué loca alegría; suben por Cinco de Mayo, Juárez, cuántos aplausos, la Reforma, se les unen trescientas mil personas que nadie acarrea, Melchor Ocampo, Las liornas, se remontan a la sierra, los bosques, las montañas, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-bertad, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-ber-tad.

E. P. (Recomendamos: Elena Poniatowska ganó el Premio Cervantes de las Letras en 2013).

No es que yo me “metiera” al Movimiento Estudiantil; ya estaba adentro desde hace mucho. Entiéndeme, yo soy del Poli; allá tengo mi casa; allá están mis cuates, los vecinos, el trabajo... Allá nacieron mis hijos. Mi mujer también es del Poli. El Movimiento lo traemos dentro desde hace muchos años. ¡Aquí no hay improvisación, ni “puntada”, ni “buena onda”, ni nada! No se trata de eso. Se trata de defender todo aquello en que creemos, por lo que siempre hemos luchado y antes de nosotros nuestros padres y los padres de nuestros padres... Provenimos de familias de obreros, de gente que siempre ha trabajado, y trabajado duro. • Raúl Álvarez Garfa, físico matemático de la ESFM. Profesor de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, delegado ante el CNH, preso en Lecumberri.

MÉ-XI-CO-LI-BER-TAD - MÉ-XI-CO-LI-BER-TAD - MÉ-XI-CO-LI-BER-TAD • Coro en las manifestaciones

Yo le entré al Movimiento Estudiantil porque un día, sin más, llegaron los granaderos a la Escuela de Bellas Artes con perros policía y cadenas y se llevaron a todo mundo preso, así, fíjate, con la mano en la cintura. ¡Y el INBA ni siquiera había dicho abiertamente si apoyaba o no al Movimiento! (Yo creo más bien que no ¿eh?) A muchos actores, esta invasión arbitraria nos hizo tomar conciencia y resolvimos unirnos a los estudiantes y ayudarlos, pero de veras, no sólo yendo a las manifestaciones agarrados del brazo o gritando en los mítines... Entonces constituimos una brigada de actores de teatro. • Margarita, Isabel, actriz.

ÚNETE-PUEBLO - ÚNETE-PUEBLO - ÚNETE-PUEBLO - ÚNETE-PUEBLO • Coro en las manifestaciones

La decisión que podíamos tomar no era meternos dentro del Movimiento sino quedarnos o salimos. Desde un principio tuvimos una conciencia más o menos clara de lo que iba a suceder —la represión, las detenciones masivas, las mecanizas no se hicieron esperar—, entonces se presentó la alternativa. O “le haces al clandestino”, que significa tomar un boleto de avión o de tren o de lo que sea y largarte, o te quedas en la ciudad a ver de a cómo te toca... Todos estábamos en nuestras escuelas, Raúl en Físico-Matemáticas, yo en Filosofía, y habíamos participado anteriormente en cuestiones estudiantiles. Por ejemplo, los problemas concretos de mi escuela eran: la Prepa Popjilar, los rechazados, la libertad de Vallejo, los planes de estudio y otros de tipo académico, la independencia del Colegio de Psicología, etcétera. Desde 1967 era yo el presidente de la Sociedad de Alumnos pero ahora ya soy vitalicio... A partir del 26 de julio, todo cambió... Yo no soy el mismo; todos somos otros. Hay un México antes del Movimiento Estudiantil y otro después de 1968. Tlatelolco es la escisión entre los dos Méxicos. • Luis González de Alba, delegado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM ante el CNH, preso en Lecumberri.

“Hacerle al clandestino” significa no hacer nada. • Gilberto Guevara Niebla, delegado de la Facultad de Ciencias de la UNAM ante el CNH, preso en Lecumberri.

Pienso que la fuerza y la importancia del Movimiento Estudiantil se la dio la represión. Más que ningún discurso político, el hecho mismo de la represión politizó a la gente y logró que la gran mayoría participara activamente en las asambleas. Se decretó que en cada escuela habría paros y allí mismo surgió la idea de las brigadas y de los comités de lucha en cada Facultad. Los brigadistas eran muchachos y muchachas de la base estudiantil que realizaban todo tipo de actividades, desde recolectar dinero hasta hacer mítines relámpago en la calle, en los barrios más alejados, en las colonias proletarias. Las grandes manifestaciones fueron una de las armas políticas más eficaces del Movimiento. • Carolina Pérez Cicero, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Nunca se habían visto en México manifestaciones espontáneas tan grandes y tan extraordinariamente vivas como las estudiantiles. Hubo una, creo, de apoyo a la Revolución Cubana, hace muchos años, pero no tuvo esa envergadura. En realidad, el Movimiento Estudiantil sacudió a la sociedad mexicana y por eso el gobierno empezó a tener tanto miedo. • Félix Lucio Hernández Gamundi, de la ESIME del IPN delegado ante el CNH, preso en Lecumberri.

Las marchas en México, habían sido, cuando mucho, de quince mil manifestantes. Pero ¡seiscientas mil personas de todos los sectores de la población, y sobre todo de jóvenes! ¿Cuándo se había visto algo semejante? ¿Cómo lo iba a aguantar el gobierno? Con razón se le botó la canica. • Salvador Martínez de la Roca, Pino, del Comité de Quería de la Facultad de Ciencias de la UNAM, preso en Lecumberri.

No era tolerable que una verdadera multitud que oscilaba entre trescientas y seiscientas mil personas desfilara por las principales avenidas de México, el Paseo de la Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, llevando mantas y pancartas que se mofaban del “principio de autoridad”. Había que aplastar la protesta estudiantil que hacía tambalearse el statu quo, el PRI, el sindicalismo charro, la “moimza“. • Eduardo Valle Espinoza, Buho, delegado de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM ante el CNH, preso en Lecumberri.

Al marchar por las calles como lo hicimos, en cierta forma vengábamos a todos los estudiantes de la provincia que fueron reprimidos antes que nos tocara a nosotros; a los estudiantes de Puebla, de Tabasco, de Chihuahua, de Sinaloa, de Guerrero, de Sonora, y, en cierto modo, los atropellos cometidos en Morelia, en Hermosillo, en Monterrey. • Ernesto Hernández Pichardo, de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM.

SOLDADO, NO DISPARES, TÚ TAMBIÉN ERES EL PUEBLO. • Manta en la manifestación del 27 de agosto.

* “La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral” es una obra publicada por la Ediciones Era en 1971 y que se puede comprar en www.edicionesera.com.mx o vía Amazon. Se trata de una crónica de la periodista mexicana Elena Poniatowska basada en la matanza estudiantil –de entre 50 y 300 jóvenes- sucedida durante el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada en el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, en Ciudad de México.

Comparte: