Es un gran experto de la obra del Nobel de Literatura 2010, junto a quien impartió durante un semestre un curso sobre literatura y política en 2015, que quedó reflejado en el libro Conversación en Princeton.
El valor de los análisis de Vargas Llosa
“Hoy, cuando leo las noticias, me parece una lastima que Vargas Llosa no esté con nosotros, me gustaría mucho leer lo que diría en su columna Piedra de Toque, en el diario El País, sobre la guerra de Irán o lo que está sucediendo en Estados Unidos”, señala Gallo, para quien un tipo de análisis como el que él escribía, “hace muchísima falta”.
Porque él, desde hace años, ya veía venir ese viraje hacia la extrema derecha que se está produciendo en todo el mundo y un alejamiento de los valores democráticos.
“Hace 10 o 15 años le pregunté cómo veía las dictaduras en el futuro”, sobre todo en Latinoamérica, en países como Argentina, Brasil o Chile, que presentaban sistemas democráticos bastante fortalecidos. Y respondió que en el futuro habría más dictaduras pero de otro orden, relacionadas con la digitalización y la globalización. Una respuesta que demostraba “la astucia política de Mario de ver hacia dónde iba al mundo”.
Algo que queda claro con sus obras. Por ejemplo, Conversación en la catedral, que se publicó en 1969, “es la mejor novela que se ha escrito sobre cómo funciona una dictadura”.
O El pez en el agua (1993), su autobiografía, que “debería ser lectura obligatoria para todos los políticos en todo el mundo”. Es un libro “bellísimo, escrito tras una gran desilusión por la derrota de las elecciones generales de Perú de 1990”, en las que se presentó por el Frente Democrático y en las que perdió frente a Alberto Fujimori.
Su regreso a la literatura tras la derrota política
Gallo reconoce algo positivo de aquella derrota política de Vargas Llosa y es que permitió recuperarlo como escritor. Porque duda de si le hubiera sido posible volver a la escritura tras ser presidente.
“Tras un año de campaña le costó muchísimo volver al espacio de concentración, lectura y escritura”, recuerda el profesor, que apunta que posteriormente Vargas Llosa escribió novelas tan importantes como La fiesta del Chivo (2000).
Obras en las que continuó mostrando ese interés político que marcó toda su trayectoria. “Quizás también por su evolución política, que empieza como trotskista cuando era estudiante muy jovencito en Lima, luego se involucra muchísimo en la revolución cubana, luego toma distancia y se vuelve una voz como la de Octavio Paz, una voz desde la libertad del individuo hablando de política”.
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Porque Vargas Llosa siempre defendió la libertad del individuo frente al sistema o las dictaduras, hasta el final de su vida, precisa Gallo. “Muy poca gente lo entiende y creo que es un gran malentendido. No viró de la izquierda a la derecha, lo que siempre le importó fue la defensa de las libertades individuales”.
Cita como ejemplo su defensa del poeta Heriberto Padilla, encarcelado por la censura del régimen de Fidel Castro. Su postura le enfrentó a Gabriel García Márquez y a muchos otros, pero no le impidió seguir apreciando la revolución cubana. Lo que hacía eran “críticas constructivas”.
La obra de Vargas Llosa en el presente
Unas críticas lanzadas en actos públicos, en sus columnas o en sus libros, obras densas y complejas que en la sociedad actual son difíciles de encajar, algo que el propio escritor veía venir, resalta Gallo.
Conversación en la catedral es un libro de 400 páginas, con una estructura Faulkneriana, juegos con el tiempo, saltos cronológicos, necesita una importante inversión de tiempo y de concentración para leer.
Con la revolución digital, la noción de tiempo ha cambiado totalmente. “Una concentración de media hora ya es pedir mucho, estar ese tiempo sin redes ni teléfono”, opina el profesor mexicano.
Y hay que asumir los tiempos en los que vivimos, lo que no impide que un lector joven, ahora, pueda acercarse a la obra de Vargas Llosa, pero debe de hacerlo de manera gradual.
Recomienda como lectura de inicio La guerra del fin del mundo (1981), sobre las guerras religiosas en Brasil en el siglo XIX. “Una novela deliciosa, maravillosamente bien escrita, es casi como leer a Víctor Hugo en Los miserables, es de aventuras”.