Lobo Antunes era uno de los escritores más reconocidos de la literatura portuguesa contemporánea y autor de una obra amplia, con más de tres decenas de novelas editadas.
Nacido en Lisboa en 1942, en el seno de una familia de la burguesía portuguesa, estudió Medicina y se especializó en Psiquiatría. Como médico militar estuvo en Angola durante la guerra colonia, lo que marcó de manera decisiva su obra.
En 1979 hizo su debut literario en Portugal con ‘Memória de Elefante’ (‘Memoria de Elefante’) y, poco después en el mismo año, lanzó ‘Os Cus de Judas’ (‘En el culo del mundo’), que lo consagró como una de las voces más poderosas de la ficción portuguesa.
A lo largo de su trayectoria profesional siempre sonó como eterno candidato al Premio Nobel de Literatura.
Temas recurrentes en sus obras son la soledad, la muerte, el amor, la locura y la guerra colonial. Para el portugués los libros no eran más que “locuras estructuradas”.
El semanario ‘Expresso’ recordaba este jueves varias entrevistas que le hizo a Lobo Antunes, donde el escritor explicó que nunca planeaba cómo escribir sus novelas.
“Las imágenes me llegan sin saber muy bien cómo ni de dónde”, dijo a ‘Expresso’ en una de esas entrevistas, en la que afirmó que la memoria era el motor de su escritura.
Su obra fue traducida y editada en muchos países, como España, Francia, Italia, el Reino Unido, EE.UU., Canadá y Brasil.
En su vasta bibliografía hay novelas como ‘Ontem não te vi em Babilónia’ (Ayer no te vi en Babilonia); ‘O meu nome é Legião’ (Mi nombre es legión); ‘O arquipélago da insónia’ (El archipiélago del insomnio); ‘Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?’ (¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?); ‘Sôbolos rios que vão (Sobre los ríos que van), ‘Comissão das lágrimas" (’Comisión de las lágrimas’), o ‘O tamanho do mundo’ (El tamaño del mundo).
En una entrevista en 2005 confesó su respeto por Cervantes, aunque reveló que el escritor ibérico que más le deslumbraba era Francisco de Quevedo.
También recordó que empezó a escribir porque leía “los cómics de Flash Gordon, el pato Donald y Tintín”.
“Para mí, Sandokan tuvo más importancia que el Quijote y Corín Tellado que Cervantes, porque las empleadas de mi madre lo leían y yo también”, aseguró.
Sobre los galardones, el escritor dijo que todos los años le daban un premio o dos pero que eso no cambiaba nada: “Es evidente que los premios son agradables, sobre todo si vienen acompañados de dinero. Los premios son fenómenos mediáticos y me parece que tienen poco ver con la literatura comentó”.
Sobre su rivalidad con el Premio Nobel de Literatura en 1988, José Saramago (1922-2010), el autor señaló que no tenía ni buena ni mala relación" con él, pero que no estaba en su círculo de relaciones, aunque admitió que conocía a pocos escritores.
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖