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Núremberg: una película que aspira a revelar lo que no logra comprender (Opinión)

Este filme cuenta la historia del juicio en el que procesaron a los principales líderes nazis, por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

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Daniel Rojas Chía
31 de marzo de 2026 - 02:02 p. m.
"Núremberg: el juicio del siglo" es protagonizada por Russell Crowe y Rami Malek.
"Núremberg: el juicio del siglo" es protagonizada por Russell Crowe y Rami Malek.
Foto: Diamond Films
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En el Palacio de Justicia de Núremberg, elegido por su simbolismo como cuna de la propaganda nazi, se llevaron a cabo, entre 1945 y 1946, una serie de tribunales militares internacionales establecidos por las potencias aliadas y ganadoras tras la Segunda Guerra Mundial, como EE.UU., el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. Estos tribunales procesaron a los principales líderes nazis por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Hay numerosas películas y documentales sobre este crucial episodio para la historia de la humanidad, destacando, 9 Men in hell, (1947), El juicio de Núremberg (1961), o el documental Nuremberg the nazis facing their crimes (2006). Ahora el director estadounidense James Vanderbilt se embarcó en un delicado asunto histórico que cambió las normas de muchos aspectos frente a la guerra. Lo hace a partir de un drama histórico sobre los juicios posteriores al nazismo, con una mirada endeble, pero sobria y sin adornos, destacando la tensión psicológica de Russell Crowe y una débil actuación de Rami Malek.

La película se convierte en un ejercicio de memoria crítica que intenta evitar el espectáculo fácil y apuesta por la reflexión sobre justicia y poder con un público que, siento, debe conocer la profundidad del contexto, para percibir de mejor manera la importancia de la puesta en escena de la memoria, las circunstancias y lo que implican las consecuencias de las atrocidades al final de la Segunda Guerra Mundial y la búsqueda de responsables.

La película inicia con imágenes simples, austeras como una celda de piedra, un reloj detenido, un silencio que parece contener la respiración. Vanderbilt, conocido por su guion de Zodiac (2007), construye aquí un relato que se centra en la maquinaria judicial más que en el estruendo bélico, mostrando cómo se intentó juzgar por primera vez lo que apenas podía comprenderse. Ciertos movimientos de cámara intentan captar esos sobresaltos, pero se enfocan más en observar las emociones que refleja cada personaje frente a lo que pasa, retratando tanto a los jueces como a los acusados, y subrayando la perversión del poder que se intentaba desentrañar hasta su decadencia.

Resalta el papel de Russell Crowe que ofrece una interpretación sobria y poderosa y con una notable presencia en pantalla. Su actuación encarna la gravedad de un proceso que debía darle forma a la justicia internacional, dándole vida a la mano derecha de hierro con más poder de la Alemania nazi, luego de Hitler: Hermann Göring.

Rami Malek aporta un contrapunto intenso, pero que se debilita con el tiempo, sin darle una dirección diferente a su personaje, haciéndolo plano y dejando la tensión en manos del personaje de Crowe. El juicio se convierte en un duelo psicológico que sostiene gran parte de la tensión narrativa, también a partir del personaje encarnado por Michael Shannon: el abogado, juez asociado de la Corte Suprema de los EE.UU. (1941-1954), y el fiscal jefe estadounidense en los juicios de Núremberg, Robert H. Jackson.

El impacto de este juicio, clave para la jurisprudencia universal, radica en la responsabilidad histórica y directa de las atrocidades dictadas y ejecutadas bajo un régimen autoritario y organizado que casi se convierte en imperio. Esto no ocurrió debido a la intervención de la Unión Soviética y a las miles de personas sacrificadas, un aspecto en el que no enfatiza esta película, dejando al Reino Unido y a los Estados Unidos como protagonistas.

Formalmente, la cinta es un ejercicio bien ejecutado que, por momentos, se siente sin ideas en la narrativa visual. Si no fuera por la presencia actoral de sus talentos consolidados, la cinta no tendría el ritmo necesario para este tipo de relato. Esto debido a que es una historia cuya intencionalidad apunta a transmitir una lección, donde los sucesos deben reflejarse al espectador como un ejercicio de memoria, aspecto que, en mi opinión, aquí aparece muy a la ligera, con un impacto apoyado en material fílmico real y de los archivos de la guerra de los nefastos campos de concentración.

Nuremberg es una película que funciona como punto de partida para desglosar ese hecho histórico tan importante, pero no como un referente para el tema. De todas maneras, siempre es necesario seguir mostrando la historia para inculcar la memoria, esperando que algún día se cumplan las palabras del filósofo español George Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Juzguen ustedes.

Por Daniel Rojas Chía

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