El Magazín Cultural

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1 Sep 2022 - 2:00 a. m.

Poklonka Editores, una ventana hacia el universo de la literatura rusa y nórdica

La editorial se ha centrado en la traducción de obras de estas regiones, con el fin de que los colombianos y latinoamericanos conozcan sus propuestas literarias contemporáneas.
Danelys Vega Cardozo

Danelys Vega Cardozo

Periodista de El Magazín Cultural
Santiago Pinzón, cofundador de Poklonka Editores, lleva dieciocho años en el sector del libro.
Santiago Pinzón, cofundador de Poklonka Editores, lleva dieciocho años en el sector del libro.
Foto: Archivo particular

Hablemos un poco sobre el nombre de la editorial…

El nombre viene de la colina Poklónnaya, ubicada en el Parque de la Victoria, en Moscú (Rusia). Es un lugar donde la gente le hacia reverencia a una ciudad culta y en donde se encuentra el símbolo de San Jorge y el dragón, que casualmente también tiene que ver con Sant Jordi, el día donde se celebra la Fiesta del Libro en Barcelona. Yo fui librero en esta ciudad española durante muchos años y decidimos unir este nombre como un lugar común con el encuentro con la literatura rusa y los libros.

¿Cómo se ha visto influenciado por la cultura y la literatura rusa?

Para mí ha sido todo un descubrimiento. Desde joven uno tiene una cercanía con la literatura rusa, pero desde los grandes clásicos. Entonces, la idea con la que surgió la editorial es también dar a conocer los autores que no se conocen actualmente; los contemporáneos. Casi todo nuestro catálogo está compuesto por autores jóvenes (…). Para mí la literatura siempre ha sido algo súper importante, en donde he querido estar vinculado, no solo desde la pasión por la lectura, sino un descubrimiento más hacia lo profesional. Entonces, es un interés particular que queremos transmitirle al público colombiano y latinoamericano: oír estas nuevas voces de la literatura rusa contemporánea y ponerlas en estos dos mercados.

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¿Y cómo fue su primer acercamiento con la literatura en general?

Yo creo que tuve una influencia familiar y escolar. Tengo una mamá que es muy buena lectora. Entonces, considero que cualquier persona que tenga un acercamiento con los libros desde la casa, se convierte en su primera puerta. Luego, en la escuela uno comienza a descubrir bastantes libros y textos que le parecen interesantes. Yo estudié artes, pero —no sé si por destino de la vida— empecé a trabajar en librerías. Después de eso, comenzó a ser más fuerte la relación con la lectura, en donde uno empieza a conocer el sector del libro y el mundo editorial (…). Es una mezcla que también me llevó a ser librero un poco por azar, pero en donde he podido desarrollar mi gusto por la lectura y por hacer libros.

¿Qué pueden aportar los autores rusos a la cultura colombiana?

Si se fijan en el catálogo de nuestra editorial y leen los libros, se dan cuenta que son temas bastante universales. Lo que cambia siempre, como cualquier tipo de literatura, es el contexto. A través de estos libros se puede hacer un intercambio cultural; dar a conocer los contextos tanto geográficos, sociales, económicos, culturales e incluso políticos, con todo lo que ha pasado en el mundo en donde transcurre las historias que nosotros publicamos. Entonces, lo que queremos es ampliar el espectro de ese imaginario de los grandes clásicos y de un país con unas iglesias con una copulas determinadas o de una sociedad fría y distante. Buscamos acercar a los colombianos y latinoamericanos a un nuevo imaginario de lo que es la rusia actual. Entonces, nos interesaba abrir esa puerta y dar a conocer nuevas voces, que es lo que está pasando en estos momentos, y darnos cuenta de que, aunque estemos lejos y haya demasiados clichés, tenemos bastantes cosas en común que nos pueden unir a través de la lectura.

¿Qué estereotipos se mantienen en nuestro país en torno a esta cultura?

Sobre todo, los cultivados en el siglo XX a través de los medios audiovisuales, como una cultura distante, fría; el mundo del espionaje y de la guerra, un mundo bastante inhóspito y alejado. Y no solo pasa en Colombia, sino que creo que en todo el mundo, porque el cine ha generado unos clichés de esa sociedad. Uno como colombiano también ha sufrido unos clichés que no son tan reales: son estereotipos que la gente va formulando. Nosotros tratamos de demostrar a través de la lectura que hay mucho más que eso. Como cualquier cultura o sociedad, todo va más allá de los clichés y estereotipos.

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Mencionaba hace unos minutos que por azar terminó siendo librero. Conversando con otra persona quien también ejerce el mismo oficio, me decía que a veces se tiene ese imaginario de que los libreros son ancianos y solo se dedican al mundo de los libros…como una especie de estereotipo…

Yo creo que en el mundo de las librerías encuentras a libreros bastantes jóvenes, pues el sector del libro está despertando mucho interés en estos momentos, que espero cada vez sea más grande. Si la gente fuera a la librería, descubriría que evidentemente hay personas aquí en Colombia con mucha experiencia, con más edad que la mayoría de nosotros, pero también hay mucha gente joven que viene de estudios de literatura que les interesa trabajar en el sector del libro. Y el librero es una persona que también tiene una formación bastante amplia en conocimientos culturales. Creo que es un estereotipo por romper: ni las librerías son lugares cerrados, lejanos, de un culto que da miedo entrar, ni los libreros somos personas encerradas en ese mundo empolvado de libros.

Ustedes afirman que “la traducción es un recurso traicionero”. ¿Por qué?

Porque la palabra puede generar mucho conflicto y sobre todo cuando se quiere hacer unas traducciones que van para toda Latinoamérica. Al nosotros tener traductores tanto cubanos como argentinos, españoles y mexicanos, nos encontramos con palabras que tienen una connotación completamente diferente en cada país, y eso puede llevar a malentendidos, pero lo que intentamos es hacer una traducción bastante amplia, un poco más plana. A veces hemos hecho un ejercicio de traducción de libros con un lenguaje mucho más local, en el caso colombiano, pero también nuestro interés es poder ampliar el espectro de lectores. Entonces, sí es un poquito controversial el tema de la traducción, porque además el traductor se convierte en un nuevo autor: es una nueva voz del autor original, así que está teniendo una autoría también importante, donde nunca —evidentemente por contexto o lo que sea— va a ser exactamente fiel al 100 %. En ese punto también se puede perder el sentido original que tuvo el primer autor de la obra. Entonces, la traducción puede tener unas grandes discusiones, pero también ese el trabajo de edición que nosotros hacemos: muy cuidadoso.

Decía hace unos momentos que ustedes traducen autores rusos contemporáneos. ¿Cuál es el criterio para elegir a los escritores?

Cuando empezó la editorial, Irina Luna, mi socia, tenía claro con que título quería salir: nueva literatura rusa prosa femenina, en donde publicamos cuentos de mujeres que son las voces de la literatura rusa actual. Esa fue la primera prueba para ver si la editorial podía ser viable. Y, a partir de ahí, empezamos a ver un interés de la gente, así que comenzamos a mirar a autores que tuvieran cierta relevancia en lengua rusa y con los que nos pareciera podríamos ir completando el catálogo. Ese fue como el primer momento: un interés personal en donde seleccionábamos los autores. Después, los escritores se volvieron en una fuente de información para nosotros, pues nos dicen las obras que quieren traducir a modo de recomendación. Entonces, nosotros miramos la viabilidad, el interés, la temática de la obra y el tipo de factibilidad. En estos dos mundos: en nuestras decisiones particulares y en los traductores es como hemos ido construyendo ese catálogo. De hecho, al ir ampliando la cantidad de libros publicados y al ser traducciones de un país tan particular como Rusia, nos propusieron hacer traducciones de otros idiomas. Por eso, nosotros tenemos una colección, que se llama Aurora boreal, en donde hemos publicado autores noruegos e irlandeses.

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Ustedes han participado en diferentes eventos literarios como la Filbo, la Fiesta del Libro, entre otros. ¿Para qué?

Yo creo que cualquier editorial lo que quiere es dar a conocer ese catálogo y que llegue a muchas más personas. Evidentemente, tanto la Fiesta del Libro como la Filbo, o cualquier evento, reunión o congreso de traducción, es la puerta para dar a conocer ese trabajo que estamos haciendo. Pienso que es muy importante que el sector editorial colombiano, que ha venido creciendo tanto, se fortalezca. Al final, nosotros somos una pequeña parte de esa cadena y aportamos ese trabajo. A nosotros nos satisface producir estos libros, es un interés personal que tenemos, pero lo que queremos es compartirlo con miles de lectores y que sea un fomento a la lectura, la cultura y a la divulgación de unas personas que hacen un trabajo maravilloso como lo son los autores y traductores.

Durante la pandemia muchas personas se volcaron hacia los libros. ¿Cree que eso influirá en los índices de lectura de nuestro país?... No necesariamente el hecho de que se vendan más libros, quiere decir que la gente lea más…

Yo espero que sí, pero el nivel de lectura en realidad es bastante difícil de medir: la persona que no lee puede inventar una cifra y el lector habitual tampoco es que tenga los números de cuánto lee. Pero el fenómeno de estar encerrado en casa, pienso que potencio un poquito el consumo cultural, que se ha notado desde los libros. Entonces, espero que sí, que sea una cifra real, pero también es un tema que tiene que ver con la academia y con una formación desde la casa. Creo que lo más importante es que tu círculo cercano te motive a leer. También, pienso que han surgido bastantes clubes de lecturas, que se hicieron virtuales y que otra vez están volviendo a la presencialidad, y que han fomentado que la gente lea más.

Debido al desabastecimiento de papel que se viene presentando desde el 2020, este año, en particular, se ha notado un incremento en los precios de los libros. ¿Cómo se han visto afectados ustedes?

Nos ha afectado mucho. Colombia depende de la importación de papel, desafortunadamente, y en un momento global donde hay escasez de materia prima y uno local en donde tenemos una inflación tan elevada, pues es una pésima combinación para producir libros, porque el papel ha subido mucho y la calidad del que está llegando tampoco es la mejor y la óptima para publicar. Los títulos que publicamos hace un mes, los sacamos en un papel de buena calidad, pero no en el que veníamos trabajando. Entonces, eso también hace que suba bastante el precio final. Cuando el lector se choca en la librería con el precio del libro, pues a veces le parece bastante caro, pero también hay que entender que detrás de eso, nosotros pagamos derechos de autor, traducción —en nuestro caso lo hacemos en euros o dólares, que están por las nubes— luego está todo el tema de la impresión; las imprentas han tenido que subir muchísimo su precio, porque no hay papel de buena calidad y el poco que llega es a un precio mucho más alto, sin tener en cuenta el valor de la importación. Lo que me da miedo es que el alza de precios que se viene presentando en los libros, frene un poco su consumo y producción.

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¿Hace falta mayor apoyo del gobierno al sector editorial teniendo en cuenta este panorama?

Sí, hace falta mayor apoyo, evidentemente. Ahorita hay un temor del sector porque la nueva reforma tributaria que está en proceso tiene tres puntos que nos afectan: grabar los derechos de autor; con lo cual implica un gasto más alto tanto para el autor como para el editor, aumento en la grabación de las editoriales, y luego entra también el tema de las librerías y algunas grabaciones. Entonces, es un momento muy complejo, difícil. Parece que, en vez de fomentar ayudas, se le van a poner un montón de impuestos al sector, que vamos a ver cómo se puede sortear, porque es bastante irónico que en un momento donde la cultura parece estar transitando por el cambio, se le vaya a hacer estas cargas con impuestos fiscales. Entonces, sí, siempre debería haber más apoyos. Se han hecho varios esfuerzos desde varias instituciones que tiene Colombia, pero creo que hacen falta más; por ejemplo, el fomento de las bibliotecas regionales, que también tienen que crecer, lo mismo pasa con las ferias. Es decir, hay un montón de beneficios con los que deberían apoyar al sector en vez de ponerles trabas a través de recargos fiscales.

¿Qué le ha dejado la librería en estos ocho años?

Muchas alegrías, intereses, descubrimientos, porque leer, aunque suene cliché, es como romper fronteras. El libro a uno le permite conocer nuevas propuestas editoriales, qué es lo que está pasando, y encuentros del sector; grandes alegrías que cada sector las disfruta un poco dentro de su endogamia, pero al final ese conocimiento es el que uno intenta aplicar en el catálogo. Lo que tenemos claro con Irina Luna es que queremos que este trabajo quede para la gente, que esa emoción que uno tiene al leer, el lector la descubra en nuestros libros.Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖

Danelys Vega Cardozo

Por Danelys Vega Cardozo

Comunicadora social y periodista de la Universidad de La Sabana con énfasis en periodismo internacional y comunicación política, y un diplomado en comunicación y periodismo de moda. Perteneció al semillero de investigación Acción social y Comunidades, bajo el proyecto Educaré.danelys_vegadvega@elespectador.com
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