El futurismo latinoamericano es una corriente cultural que reinterpreta el impulso vanguardista de la fascinación por la tecnología, la velocidad y la ruptura con el pasado desde las realidades históricas, políticas y sociales de América Latina. Recientemente este movimiento ha adquirido una nueva relevancia cultural a partir de expresiones como el cine, la moda y la literatura.
El movimiento artístico futurista nació a principios del siglo XX cuando el italiano Filippo Tommaso Marineti escribió el Manifeste du Futurisme, publicado el 20 de febrero de 1909, en el diario Le Figaro de París. El poeta inauguró ahí este movimiento al escribir sobre las ansias del principio del siglo por la modernización, la rapidez y los avances tecnológicos del momento.
Sus ideas transformaron el paradigma tradicional del arte y, 117 años después, siguen estando presentes. Un ejemplo visible es la película Pantera Negra, donde Wakanda se convierte en emblema del afrofuturismo: una visión alternativa del desarrollo tecnológico y social del continente africano que replantea quién imagina el futuro y desde qué lugar se construye.
En Ecuador, poetas como José Carrera Andrade, Gonzalo Escudero y Alfredo Gangotena también dialogaron con estas corrientes europeas, adaptándolas a una sensibilidad local. En Colombia, aunque el futurismo no tuvo una escuela definida, hoy se reconfigura desde lenguajes contemporáneos como el diseño especulativo y las narrativas poscoloniales.
Un ejemplo es Catalina Lotero, quien propone imaginar futuros alternativos donde las culturas precolombinas evolucionan sin la interrupción colonial, y espacios como la Escuela de Futuros en Bogotá, una estrategia de la Secretaría de Cultura de Bogotá que impulsa nuevas formas de pensar el porvenir desde el arte, la tecnología y la memoria colectiva.
Proyectos de realidad aumentada, inteligencia artificial y diseño especulativo son algunas de las formas en que hoy reaparece ese impulso vanguardista. La fascinación por la máquina y la innovación tecnológica no desaparece, pero se resignifica desde preguntas latinoamericanas sobre territorio, memoria y autonomía cultural.
Como plantea el investigador chileno Martín Andrés Pérez Comisso en su artículo sobre Latin American Futurism/s, el desafío no es simplemente imaginar escenarios venideros, sino producir “future-making and future-knowledge for/from Latin America”: es decir, construir conocimiento y proyecciones de futuro desde la región y no únicamente bajo parámetros extranjeros.