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Cuando nos acercamos a la materia es imposible retraer los sentidos; las sensaciones afloran y si se trata de la aproximación por la naturaleza, la conexión aparece con tan solo tocar su superficie, porque simplemente existe en una memoria ahogada por la existencia humana, aquellos aportes, destellos que se manifiestan en nuestra creación. Así mismo, no tener presente en las artes la articulación constante de la naturaleza sería como si el fundamento de la obra no se hubiera hallado en un escenario visible y posible. Es de esta manera que sus elementos tienden a manifestarse por instinto o con conciencia para recorrer la creación pura del ser humano.
Me centro entonces en la memoria, como parte fundamental de nuestras raíces que recae en los acontecimientos continuos. Primeramente, desde una sensación poética y espiritual, con una experimentación fijada en la obra del artista Juan Carlos Delgado y luego, desde una perspectiva que aterriza en el territorio que evoca nuevos despertares y concientiza en la magnificencia deteriorada en el paisaje colombiano, desde la obra emergente del artista Jeison Sierra.
“Me interesa entender los procesos de la vida y de la transición hacia la muerte, eso es importante en mi trabajo”, explica el artista Juan Carlos Delgado. Su relación con la memoria se contextualiza en la actual exposición titulada ‘Acantilado’, exhibida en la Galería Nueveochenta de la ciudad de Bogotá. En su pertinencia con el espacio, esta vez siendo la galería -de gran inspiración para el artista-una casa tradicional con tablado y tejas en su techo para establecer sus obras, con esa experimentación en los soportes que caracterizan su trabajo, se encuentran los intereses por explorar nuevos materiales que figuren dentro de un cuestionamiento metafísico y espiritual.
En un primer momento, tejas hechas en loza con rostros plasmados con un tinte antiguo, una alusión a esos encuentros clásicos que lo conectan con sus experiencias. Por otro lado, atravesando la sala, la palabra Bruma, que aparece impresa en grandes láminas de madera que se van entintando lentamente, haciendo visible la palabra para luego sepultarla. Posteriormente, una serie de obras con cuadros inspirados en el minimalismo y ese acercamiento continuo que mantiene Delgado con la evocación del color; en un último momento se pueden observar cuadros encerrados en las obras del artista, una experimentación a la materia y la noción de memoria que guardan estos objetos que pueden tratarse de pinturas religiosas, artísticas o familiares que se encuentran a espaldas del espectador, dejando aquí, como lo dice el artista, “la presencia del objeto real y capturando la memoria de esa fotografía y la energía que tenía ese objeto(…) es habitar un lugar de la memoria.”
Es con esta última frase que podría describirse en su totalidad aquel acantilado de manera poética que el artista quiere expresar. Un lugar de vital importancia para el individuo que va más allá de una noción de recuerdo, una especie de accidente que habita en diversas formas y que a través de la plástica, el artista logra acentuar aquella idea, con diversos soportes y colores que, como lo expresa: “Yo hace muchos años entendí que el taller del artista está en la cabeza del artista. Si lo vuelves un lugar físico, la ciudad se convirtió en todo mi taller”.
La ciudad o tal vez el lugar que determina al individuo como transeúnte se vuelve el valor sustancial de creación; es por esta razón y manteniendo el aspecto de memoria, que el artista Jeison Sierra aparece con una serie de dibujos – pinturas y una instalación en la sala de proyectos de la Galería Nueveochenta.
Su lugar de origen, Zaragoza, en el departamento de Antioquia, azotado por la minería, ha convertido a este municipio en víctima de la violencia, la contaminación de sus afluentes y el deterioro de la zona montañosa que la compone con lo que expresa el artista: “De ahí he desarrollado todo mi proyecto artístico; desde la experiencia de mi pueblo, de ver cómo la minería los afecta creando un daño irreversible al medio ambiente. La idea es transmitir desde el arte toda esa consecuencia que causó el hombre por sustraer el oro. Se supone que el oro es riqueza, pero a la larga es una falacia, porque en mi pueblo uno no ve sino gente pobre y no se ve una idea de progreso”.
Con sus raíces a cuestas, Sierra logra adentrarse en los lugares afectados por la minería que actualmente se encuentran controlados por los paramilitares y la guerrilla, para sacar material fotográfico y lograr realizar este proyecto que titula ‘Peso Contrapeso’, una clara imagen del valor atribuido al oro, una piedra brillante que deja atrás un rastro de destrucción ambiental. La instalación, como parte fundamental de la muestra, consta de una gran piedra suspendida en el aire, mientras en la parte de abajo, un pedazo de oro permeada por una caja de cristal aguarda en un pedestal. Alrededor, ocho dibujos a blanco y negro dando un aspecto de nostalgia y melancolía, que ponen en evidencia la destrucción de ríos y naturaleza, con lo que explica Sierra: “los dibujos generan una dicotomía desde el paisaje dramático, caótico y de ruido por el hombre con unos marcos que lo hacen ver muy clásico. Es como tratar de poner algo bonito y hacerlo ver bello, pero a la larga la imagen está ahí para mostrar lo que está pasando (…). Es lo mismo que está sucediendo con la extracción del oro”.
En consecuencia, estas dos exposiciones están alimentadas por una idea de experiencias con un alto grado de importancia, como si se tratase de una cicatriz irreversible que busca poner en el presente acciones congruentes de un pasado no olvidado. La poética, con indagaciones constantes hacia el valor materico que se transforma y se determina por la percepción del color, y la historia no enterrada de territorios vulnerables, abren la presencia de la naturaleza como para buscar significados, soluciones y acciones que se manifiestan a través del arte.
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Las exposiciones estarán hasta el 20 de mayo.