El Magazín Cultural

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13 May 2022 - 5:18 p. m.

Reseña: Un país de abismos

Reseña del libro “Más Allá del Abismo. Relatos de líderes sociales que abren caminos”, de Diana Pardo

Raúl Paniagua Bedoya*

Especial para El Espectador

Reseña: Un país de abismos
Foto: masalladelabismo.com

No estoy seguro si decir que tuve la satisfacción de leer el libro Más Allá del Abismo. Relatos de líderes sociales que abren caminos, de Diana Pardo, pues la calidad del relato, el manejo de los tiempos y de los momentos de aquellos líderes sociales se hacen fluidos, amenos y estimulantes para avanzar en su lectura. Lo que genera la duda es el fondo de los relatos, la descripción de la vida, de la azarosa vida de diez líderes sociales de nuestro país, que, como su autora lo dice, puede ser la descripción de cientos y miles de colombianos, todos con distintas trayectorias, experiencias y vivencias, pero tal vez con los mismos trasfondos: un país lleno de abismos, de precipicios, de riesgos, de dificultades para llevar a cabo la vida en forma simple, sencilla, como ocurre en las zonas rurales, en casi todo ese país alejado de las ciudades. Un país que parece construido para negar las esperanzas, los sueños, la realización de las utopías que cada uno va tejiendo en su propio entorno.

Son diez relatos de diez líderes sociales magistralmente retratados, con un enorme respeto por las personas, por su propia saga, por sus circunstancias y, en especial, por la forma de levantarse, de luchar, de persistir y superar unas condiciones adversas generadas por los distintos actores armados que han plagado el país de frustraciones, desesperanzas, incredulidad y desconfianza, haciendo que miles de colombianos, en todos los rincones, crean cada vez menos en que su estado, su gobierno, los protege y les brinda las garantías mínimas para vivir.

En muchas ocasiones la autora logra plasmar en pocas palabras expresiones o condiciones maravillosas, a pesar del horror que hay en cada vida, como cuando habla en el primer capítulo de Fulvia Chunganá, después de una violación: “no dijo nada, ni esa vez ni muchas otras en que fue abusada por campesinos de la zona entre los cafetales en donde trabajaba recogiendo café en El Tambo, Cauca. Y no dijo nada porque le daba miedo, pero sobre todo porque era sordomuda”. O cuando describe, en la conversación con Liliana Pechene Muelas, líder indígena del pueblo Misak, que “el tejido es un espíritu que se transforma en materia”. Como estos, Diana Pardo logra sintetizar en diferentes momentos experiencias y testimonios maravillosos de la vida de estos líderes, en pocas palabras.

Hay unas constantes en el libro, que por fuera de la intención de la autora se van deslizando en cada relato y van configurando un escenario que es el común denominador en todas las regiones y en la vida de todos los líderes, como son, el miedo, la incertidumbre por el futuro, la perdida de la familia, del entorno social y de su tierra, pues a las ciudades adonde deben emigrar casi siempre con lo que tienen puesto, se llevan muy pocas cosas y, por el contrario, deben dejar lo más valioso y preciado: los sueños, las ilusiones, pero en especial su cultura, su mundo de significados, de relaciones, de amistades.

En casi todos los relatos hay otras constantes: el amor por el territorio, por su pequeño pero maravilloso universo de lo cotidiano, en casi todos los casos sin servicios públicos, sin carreteras, sin escuela ni acceso a la promesa que la modernidad nos ha hecho. En todos se hizo presente, en algún momento, alguno de los actores armados, ya fuesen los grupos guerrilleros o los paramilitares. En casi todos, el ejército nacional no fue garantía de protección, tal vez fue todo lo contrario, pues ni siquiera fue la esperanza de vivir en paz o tranquilidad.

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En los relatos nos encontramos con una descripción un tanto bucólica de las zonas rurales del país, de hecho, de cómo era una buena parte del país hasta los años 90, cuando miles de pequeñas comunidades rurales, en caseríos, veredas o corregimientos, vivían ajenos al país que los desconocía, pero les permitía vivir con dignidad, calidez y confianza en ellos mismos y en sus entornos familiares.

En el capítulo donde describe la historia de Luz Marina Becerra, logra plasmar en muy pocas palabras el drama de más de siete millones de campesinos que en los últimos años les ha tocado salir corriendo de sus casas, de su tierra, de sus veredas y territorios, cuando afirma “que todo nuestro legado cultural se pierde cuando salimos de nuestro territorio”. De este tamaño es la tragedia que estamos arrastrando como sociedad, donde no conocemos acciones concretas para frenar este éxodo masivo en todos los rincones del país y que en las ciudades no encuentran las condiciones o ambientes para reconstruir sus vidas y sus sueños, teniendo que adoptar, en muchos casos, los valores, lenguajes y modos de la ciudad, para no hacer más profunda la discriminación y exclusión.

A pesar de que hay un más allá del abismo, como nos lo muestra Diana Pardo, lo que sí evidenciamos a cada momento es que estamos en un país de abismos, donde muchos colombianos no pueden salir o superar sus profundas barreras o despeñaderos, adonde van a parar miles de compatriotas que nunca lograron ser esos líderes sociales que abren caminos.

* Sociólogo

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