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Rosa Montero: “Todos tenemos una imaginación que nos salva la vida”

La escritora española habló sobre “La loca de la casa”, la obra que acaba de sacar una nueva edición publicada por Tinta club del libro*. Entérese al final de este artículo sobre cómo obtener un descuento en este servicio.

Sandra Pulido Urrea

07 de abril de 2026 - 01:41 p. m.
"La loca de la casa", de la escritora y periodista española Rosa Montero, fue el protagonista de la caja literaria de marzo de 2026 de Tinta club del libro.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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En las primeras páginas de “La loca de la casa”, usted afirma que la imaginación —y, con ella, la escritura— actúan como un salvavidas para transitar la existencia. ¿En qué momento sentió, por primera vez, esa revelación? ¿Podría evocarnos esos instantes iniciales que la condujeron a entregarse por completo al oficio de escribir?

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De manera intelectual, consciente, creo que me di cuenta escribiendo este libro. Sabía que toda la vida había tenido muchísima imaginación, pero comprendí conceptualmente que esa imaginación nos salva absolutamente a todos, incluso a la gente que dice que no la tiene. Tú habrás conocido gente que te dice que no tiene imaginación. Bueno, es mentira porque todos tenemos una imaginación que nos salva la vida. De hecho, la imaginación es la que construye la memoria. Creemos que recordamos, pero en realidad no lo hacemos, sino que nuestra memoria es un cuento que nos contamos a nosotros mismos y que vamos cambiando, es un cuento en construcción. Lo que yo hoy recuerdo de mi infancia no es lo que recordaba hace 20 años.

Esa imaginación es a la que me refiero. Una imaginación incluso inconsciente, pero que nos permite dar un sentido del orden al desorden, y al caos fragoroso y terrible del mundo. Y es lo que nos salva. Bueno, de eso me di cuenta cuando empecé a escribí este libro, porque tú escribes no para enseñar nada, sino para aprender, y esa fue una de las cosas que ya sabía, digamos, intuitivamente, pero que no había tenido hasta ese momento palabras para saberlo conscientemente.

El libro es una mezcla de ensayo, autobiografía y ficción. ¿Cómo concibe el límite entre los géneros, y qué papel juega esa “loca” en la construcción de su propia identidad narrativa?

Yo me paso primero como un año, año y medio, a veces dos años, tomando notas del libro que voy a hacer en cuadernitos y luego ya me siento a escribir. Entonces, cuando estaba todavía en la época de tomar notas, yo creía que estaba haciendo un ensayo tradicional sobre la escritura; porque todos los escritores, si te das cuenta, todos los novelistas, antes o después, escriben un maldito librito sobre la escritura, porque como es nuestra pasión, es nuestro amor, nos encanta, terminamos escribiendo sobre eso. Entonces, creí que me había tocado el momento de escribir el librito sobre cómo se escribe.

Y de repente estaba tomando notas, cuando emergió el título del libro, que me suele pasar, lo llamo los títulos verdaderos, suelen salir cuando llevas como un tercio de la construcción del libro. Y apareció La loca de la casa, que como sabes es una frase de Santa Teresa de Jesús que se refiere a la imaginación. Y ahí comprendí un par de cosas. Primera, que el libro no era un libro sobre la creación literaria, sino sobre la imaginación. Esta imaginación que tenemos todos, imaginación salvadora. Y segunda cosa, que no iba a ser un ensayo, sino que iba a ser una cosa rara, que iba a ser un juego de la imaginación.

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De hecho, es mi libro más interactivo y es el libro en el que yo le ofrezco al lector que juegue conmigo el juego de la imaginación. Y para ello pongo varias claves a lo largo del libro. Por ejemplo, el lector entra engañado completamente, creyendo que está leyendo una autobiografía. Hasta que llega a un punto en donde se da cuenta de que no es así, obviamente. Y cuando se da cuenta, yo me pregunto qué pensará, si esta señora me está engañando aquí, ¿en qué más me habrá mentido? Bueno, respuesta, en muchas cosas.

Me di cuenta de que no era un ensayo tradicional, sino un libro raro. Algo que me estaba saliendo, que no sabía que estaba saliendo, y que... curiosamente, porque yo eso tampoco lo sabía cuando escribí este libro, abrió una línea de escritura en mi producción literaria. Yo tengo normalmente novelas de todo tipo, pero tengo una línea de escritura que yo he llamado los artefactos literarios. Ya llevo tres y tengo otro en mente, así que habrá cuatro al final; pero llevo tres, el primero fue este, el segundo, “La ridícula idea de no volver a verte” y el tercero, “El peligro de estar cuerda”. ¿Y en qué consisten? Pues en una mezcla única, sui generis, que es la que más me gusta.

Con este libro usted nos muestra que la imaginación también es una forma de interpretar la vida, enfrentar los miedos, reconstruir el pasado y dar sentido a lo que vivimos. ¿Tiene la imaginación un papel más emocional (como refugio) o más cognitivo (un modo de comprender y ordenar, darle sentido al mundo? ¿Cómo se manifiesta esa dualidad en su propio proceso de escritura?

Es muy interesante lo que dices. Yo por ejemplo, soy tremendamente contradictoria y paralógica. Cuando hice “El peligro estar cuerda”, que fue un intento de profundizar en por qué nos dedicamos a cosas artísticas los que nos dedicamos a cosas artísticas, lo hagamos bien o mal, porque la calidad del arte no tiene que ver sino la construcción de esa cabeza. Entre otras cosas, lo que deduje y que dicen muchos expertos, es que normalmente quienes nos dedicamos a esto solemos ser contradictorios y tenemos varias personalidades. Yo tengo dos tremendamente marcadas desde siempre, desde que era muy pequeña y para mí no ha habido nunca ningún conflicto con eso. Por un lado, tengo una cabeza súper lógica, por eso me gusta tanto la ciencia. Y, por el otro, tengo una cabeza hiperfantástica, con unas imaginaciones febriles. Y como te digo eso, que en este mundo exterior que somos tan de poner etiquetas y compartimentar, parece tan difícil de mezclar, para mí siempre ha sido una unión perfectamente sedosa desde el interior, así que digamos que sale solo.

Me costó mucho darle libertad a mi parte fantasiosa. ¿Por qué? Porque yo viví bajo la dictadura de Franco, se murió cuando yo tenía 24 años. En ese entonces, era una España súper sexista, machista, hasta los extremos. Yo empecé a trabajar a los 19 años y para que te aceptaran o respetaran mínimamente, porque ni te terminaban de respetar, ni te terminaban de aceptar; pero para que te vieran, tenías que fomentar la parte lógica, las armas que tradicionalmente han sido masculinas, porque si sacabas la parte fantástica, pues entonces era como las tonterías de mujer. Y yo, sin darme cuenta, reprimí mi parte fantástica brutalmente, porque es muy difícil alcanzar la libertad interior, el reprimido no sabe que está reprimido.

Y aunque en mis primeras novelas hay algún puntito de imaginación fantástica, la primera vez que pude hacer un libro con ingredientes fantásticos abiertamente fue con “Temblor”, mi quinta novela, y lo publiqué con 40 años. ¡Me llevó un montón de vida poder hacerme cargo de esa parte fantástica! Y ahora es tan fluida en mi exterior como en mi interior, ya te digo que para mí no hay ningún chirrido discordante en la mezcla de las dos cosas. Para mí la fantasía forma parte de la vida, lo imaginario también, de la vida real, quiero decir.

(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

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Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

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Por Sandra Pulido Urrea

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