El Magazín Cultural

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20 Mar 2022 - 1:12 a. m.

Rossy de Palma: “Aquí la única conquistada soy yo”

Sobre el conversatorio entre Natalia Reyes y Rossy de Palma, además de la noche en la que le entregaron un India Catalina como tributo a más de 36 años de carrera.

Pedro Mendoza

Rossy de Palma recibiendo el India Catalina en el Teatro Adolfo Mejía.
Rossy de Palma recibiendo el India Catalina en el Teatro Adolfo Mejía.
Foto: Pedro Mendoza

La tarde se sentía fresca en Cartagena. El sitio escogido para leer el tarot fue el Centro de la Cooperación Española.

Cumpliendo puntualmente la cita, las dos actrices llegaron: la colombiana Natalia Reyes, quien ya cuenta con trayectoria en el cine, la televisión y el teatro, recibió con un sentido abrazo a la española Rossy de Palma, que tenía un vestido negro y, sobre su cabeza, un kufi en honor a las diásporas africanas.

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Se sentaron y, como si se tratara de una gran cita con el tarot, Reyes sacó las 22 cartas arcanas mayores. Cada una con su significado y lo que indican cuando se pregunta sobre alguna de ellas.

Rossy es fuerte y decidida: con una carga emocional, comenzó diciendo que se sentía feliz de estar en la ciudad y en el Festival Internacional de Cine de Cartagena. Todos sabían que, al terminar la cita con la magia, saldría para el Teatro Adolfo Mejía a recibir la India Catalina como tributo a su obra en el cine. Son 36 años de carrera artística en la pantalla grande y la televisión. Se dice que es una de las actrices fetiche de Pedro Almodóvar.

“Ser un artista es maravilloso, no hay fronteras, no hay género, no hay edad: el universo artístico es libre”, dijo De Palma, quien agregó que desde muy pequeña se sintió poeta. “La poesía es la madre de todas las artes. Un pintor hace poesía con los colores, un músico con las notas, entonces la poesía tiene un efecto terapéutico”.

Reyes tenía el tarot en las manos, mezcló las cartas y hablaron sobre el oficio. De Palma sonrió y le contó que ella era artista porque hacía muchas cosas. “Todos los artistas somos artesanos: en todo lo que haces con las manos, inclusive las manos mentales, hay una especie de paz. Estás concentrado, ocupado, entretenido”, Reyes la interrumpió y apareció la primera carta.

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La vanidad, los egos

“No creo en la vanidad de los artistas. Los que son vanidosos no son verdaderamente artistas porque se pierden en algo, finalmente somos vehículos del arte. Me siento enamorada de lo accidental, del error. M gusta que cuando creas, algo se cuela”.

Hablando despacio, le dijo a los más de trescientos asistentes a su conversatorio que hizo muchas películas buenas y malas. “Y estoy tan orgullosa de las buenas como de las malas: de esas aprendí cosas. Por ejemplo, hice películas malísimas en Italia, pero aprendí italiano, me divertí”.

Ratificó lo que muchos ya sabían: no estudia. El espacio actoral es fundamental cuando entra a las jornadas de rodaje. Dijo que no era una actriz vocacional, sino que se considera una intérprete. “Me gusta tirarme al vacío y que el personaje venga. Es maravilloso no tener ego. El mío no sé si lo tuve o se fue porque no le hacía caso”.

Almodóvar, la ropa y el cambio de nombre

Antes de sacar la segunda carta, hablaron del director español y se dijeron que ya varias veces han estado al borde de un ataque de nervios por el montón de trabajo en el festival. Los aplausos aparecieron.

“Natalia, existe la leyenda de que Pedro Almodóvar me descubrió en un bar. ¡No! Yo sabía que algo iba a pasar entre nosotros, pero no quería presionar. Yo iba a un local de música y Pedro estaba preparando la “Ley del deseo”. Yo tenía 20 años y me hacía mis vestidos y accesorios, todo muy sexi. Me preguntó que dónde se podrían conseguir las cosas que llevaba puestas, que eran para un personaje que se llamaba Carmen. ¡Pues me los he hecho yo! Entonces me preguntó que si quería hacer un papelito en la película. Él quería que fuera yo. Decía en el rodaje: no la peines, no la maquilles, dejadla a ella con lo suyo”, contó Rossy mientras trató de mirar a su hija, que se encontraba entre los asistentes.

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“No me sentía actriz porque estaba vestida de mí, así que me dijo: “has estado maravillosa, las trece tomas las hemos hecho por ti. No te preocupes que, en la próxima película, te escribiré algo que tenga que ver contigo”. Y sí, me escribió el personaje de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

“Yo antes era Rossy Von Donna”, dijo después de una sonrisa y de soltarse el cabello. Recordó que no quiso usar sus apellidos tradicionales”.

“Cuando hice ´Mujeres al borde de un ataque de nervios´ tuve la suerte de trabajar con un gran diseñador que me regaló unas fotos maravillosas y, en una de ellas, me escribió: “Para ti Rossy de Palma”. Me pareció que sonaba muy bien y le dije a Almodóvar que me cambiaría el nombre. Creo que no le gustó: con mucha fuerza, me dijo: ´Pero no te lo cambies nunca más´”.

La carta de la emperatriz

Tomó con su mano derecha una carta de las que le ofreció Reyes. “Yo hice ballet, pero me querían hundir: las bailarinas clásicas no pueden ser así de grandes, nadie te va a levantar”, contó. Luego recordó que aprendió a coser por una tía y, con brillo en los ojos, habló de “Peor Imposible”, su banda de música pop. “´Peor imposible´ porque no teníamos ni idea de música. Éramos chicas neófitas y decidimos llamarnos así por si acaso alguien venía a quejarse. En aquella época no había Instagram ni ese afán de volverse famoso y ganar dinero. En aquella época no teníamos esa aspiración, solo queríamos transmitir esas cosas que veíamos, sentíamos”.

Era su primera vez en Cartagena y ya se sentía costeña.

“A este festival me habían invitado muchas veces. Después de la pandemia, estoy en un “Carpe diem”: vivir el día. Es ahora o nunca, así que hay que hacerlo. Es lógico, la gente antes de morir quiere vivir, así que por eso me vine a Cartagena. Dos días más me hubieran gustado”.

Habló de su nariz y la sabiduría de la alquimia en su vida. Dijo que la nariz era un ADN vasco que se independizó de su rostro y que aprendió a vivir con eso y los dos colores de sus ojos.

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El diablo, la última carta

La última carta que le salió fue la del diablo, Reyes la miró muy suspicazmente, pero en la española no hubo miedo.

“El diablo es el placer y estoy de acuerdo con él. No tengo nada en contra y que cada uno lo viva como le gusta. Nunca he querido creer que el mal exista por sí mismo. Siempre he pensado que el mal viene de alguien que lo ha sufrido”. En palabras cortas, dejó ver su dolor por la guerra: “y este señor innombrable que parece la personificación del demonio”.

Al comienzo del conversatorio recordó que hablo de ese niño que se preguntó por qué no hacían la guerra con pistolas de agua. “Yo nunca he querido darle al mal mucho poder.

Reyes le dijo que esta versión del festival tiene que ver con el placer y la necesidad de volver a enamorarse.

“El arte nos ayuda a hacer una resiliencia constante. Mi primer desamor fue con la luna y mi hija se llama así. Yo estaba enamorada de la luna y le pedía que me mandará su poder de seducción”.

Habló de su primer desamor cuando en el colegio le dijeron que la luna no tenía luz propia. “Me quede con un gran disgusto, pero igual la seguí amando y venerando porque la conocí imperfecta. Es amar las imperfecciones”.

Terminando el evento, la sorprendieron con otra truco: llegó Rubén Afanador, ese fotógrafo colombiano que le habló del país hace muchos años y con quien ha compartido trabajo y amistad.

La noche de la magia

Todos la esperaban en el Adolfo Mejía. Caminó hacia el escenario con un vestido corto y un tocado en la cabeza. La junta directiva le entregó la India Catalina como reconocimiento a sus 36 años en el cine y la televisión. Un tributo a su trabajo.

Con la estatuilla en la mano, afirmó: “Me alegro de recibir un premio tan bello. A la india Catalina que sacrificó su libertad, pero luego ella, con lo que pudo, aportó cultura y esto resultó siendo una herramienta indispensable para los colonizados”.

Se veía emocionada y ratificó que la cultura no era el privilegio de una elite y que era necesario que todos tuviesen acceso a ella.

“La élite, los que tienen una vida económica más holgada, los organismos, deben ayudar a este festival, que se lo merece. El FICCI lleva el cine a los barrios y cambia las vidas de las personas. Estoy muy orgullosa de estar aquí, de verdad. Estoy muy emocionada y honorada de tener esta India, de llevármela conmigo. Me va a recordar siempre este momento con ustedes: aquí la única conquistada soy yo”.

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