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No es ahora que las telenovelas exitosas son basadas en historias de la Costa Caribe, que Carlos Vives, Shakira y la Toti Vergara son figuras internacionales cuando es arriesgado y valiente hablar de una Nación Caribe. Era tremendamente corajudo y atrevido por allá en el año 74 cuando David Sánchez Juliao (1945) publicó Cachaco Palomo y Gato; o cuando empezó a narrar las historias de un badulaque, un boxeador bacán que luego inspiraría Gallito Ramírez (una de las telenovelas más recordadas): El Flecha. Hoy, no sólo Lorica (Cordoba), su pueblo natal, sino todos los colombianos que crecieron con su voz y sus ocurrencias, que aprendieron a descubrir y respetar una cultura, la Caribe, lamentan su sorpresiva muerte en la madrugada de ayer.
Los cuentos de este sociólogo, escritor, periodista y diplomático sacaron de la provincia la naturaleza espontánea y casi atrevida de los cordobeses, que no es más que una metáfora de los demás caribes. Sus historias, narradas con tono cálido y pausado, no sólo se convirtieron en los primeros audiolibros que reunían a la familia frente al tocadiscos, sino que inspiraron varias historias para la pantalla chica. Su estilo jocoso y único hizo carrera en la televisión colombiana y posicionó todo un género de telenovelas que forman parte de nuestro acervo cultural contemporáneo.
En la madrugada de este miércoles cuando se conoció la noticia de su fallecimiento, las emisoras no dejaron de rememorar con la ayuda de sus amigos Óscar Alarcón, Óscar Collazos, Juan Gossaín, entre otros, momentos significativos de su vida.
El exalcalde de Medellín Sergio Fajardo habló de su interés por la política y su deseo de llegar al Congreso en las pasadas elecciones, cuando Sánchez Juliao fue parte de la lista de Fajardo al Senado de la República. Pero sigo siendo el rey (1983), Mi sangre aunque plebeya (1986), Buenos días América (1988) y Aquí yace Julián Patrón (1989) son las novelas publicadas y recientemente había entregado el manuscrito de su libro de viajes. Entre sus obras sonoras estaban Historias esenciales, El contador de historias I y II y las entrevistas con Alejo Durán.
La vida de este intelectual, permeada por el humor y las letras, fue la de un hombre político también. Su preocupación fue describir, posicionar y definir esa Nación Caribe de la que con tanta frecuencia hablaba, por esto le preocupaba que entre gremios (artistas, políticos y escritores) no hubiera un diálogo que sirviera de plataforma para construir eso que él desde siempre tuvo claro. Su literatura y sus ideas, sus personajes y sus cuentos quedarán para dar fe de que pasó por su aldea para hablar de la humanidad y para que los caribeños nos sintamos menos huérfanos.