25 Jun 2020 - 1:35 a. m.

Ser pájaro, relatos en primera persona

Se dice que se nace, pero primero se toma la decisión de nacer y de no pensar -aunque se piense-.

María Acosta

Pareciera que se desborda, pareciera irse a la deriva por no haber sentido el común total de las cosas que están por darse allí afuera. Sabe que aún no se le han dado los elementos que van antes de la razón, porque si bien, cuando salga, empezará a sentirse usada para el entendimiento del otro aquel; de la madre que es quien engendra, y de su mano que es quien la toma, intuitivamente. El contacto viene acompañado por el llanto, y para quienes no lloraron seguramente no tuvieron alma. Fuimos nosotros quienes lloramos después, sin engendrar, y sin ser madre, salvo de algunos animales no humanos, y de las plantas a quienes se admira: “si no me gusta este lugar, me muero y ya.” Pero no, no soy planta, soy animal, esa que entregó el corazón de la cuna donde provienen los caramelos de recreo, el camino de los viejos, el humano que me invento, su nostalgia, la nuestra. Los sonidos vienen después del tacto, de la creación, del amor.

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Nos invitaron (¿o inventaron?) a convencernos de que el sobrecogimiento ocasiona la incertidumbre: es el amado o la amada que no corresponden observarse desde afuera pues allí está, es el pájaro negro observándonos, a lo alto, a lo lejos, decidiendo a qué mortal picar. Por eso giran de a pocos, simulando flotar en el aire o estar en el tallo grueso de los árboles, anunciando con su canto la muerte saludar. Su mirada está puesta en lo terrenal. Esos pájaros si bien son el dolor de un estado de conciencia, un acontecimiento mental y como tal, nunca pueden observarse. Que los dejen quietos, con su mirada verde, amarillo, furia, sol, despacio también, ¡silencio! Dije silencio.

Corresponde al tiempo observar el mundo, quien aplaude a ciegas las formas de opresión -y me pregunto si es necesaria tanta desdicha- que continuamente se multiplica garantizando una revelación moral: estamos llegando a la naturaleza inanimada, se expande, se desborda por nuestros sentidos, se descubre y resucita. Ya hemos muerto nuevamente e intuitivamente hemos sentido. Finalmente, hemos decidido ser los amantes o los amados, y bien, ¿qué has escogido vos? Ser el pájaro quizás.

Lo invitamos a que escuche el capítulo 13 de la audionovela Yo Confieso

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