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Samuel se mudará, así que Lee, su amigo, le dice que quiere darle un obsequio que ha guardado durante años. Samuel le pregunta si se trata de un regalo, de un presente físico. “Una historia”, contesta Lee.
Años atrás habían leído juntos el “Génesis”, pero a Lee le había resultado extraño un fragmento: cuando Dios reprende a Caín por su ira, “en la Biblia del rey Jacobo, Dios dice que dominaremos el pecado”. Así que Lee consiguió la versión estándar americana de la Biblia y encontró que allí Dios hablaba de otra manera: “Debes dominar el pecado”. Había una orden divina, un mandato.
Lee se preguntó entonces qué decía el texto original en hebreo para dar lugar a significados tan distintos. Con ayuda de académicos judíos, descubrió el término original: “Timshel”. Significa “Tú puedes”. Y para Lee, la traducción se convirtió en “Tú puedes triunfar sobre el pecado”.
No solo había encontrado una palabra de la Biblia, sino la más importante para su vida y, quizá, para la de cualquier ser humano: una palabra que, como él explicó, ofrecía una elección. “Ni Dios ni nuestro pasado determinan nuestro futuro. Incluso Caín, en su debilidad y suciedad, y tras el asesinato de su hermano, puede elegir el curso de su vida. Porque ‘timshel’”.
Este hallazgo aparece en una serie que de Netflix llamada “Al este del Edén”. Samuel y Lee son personajes de esta historia, aunque no sus protagonistas. Ambos orbitan alrededor de las vidas desgraciadas de quienes, generación tras generación, heredan odios, traumas y amarguras que terminan marchitándolos. La muerte, nuestra mayor derrota o redención, va llegando a cada uno de ellos de formas más o menos trágicas. Pero llega. Y he pensado mucho en esa escena y en la sabiduría de esa conversación por razones más locales, más domésticas y más colombianas.
Hay rabia en el aire. Una mujer a quien respeto mucho y que dirige uno de los museos más importantes del país me dijo que sentía que el viento quemaba de tanta ira que percibía en el ambiente.
Poco a poco nos vamos indignando más, y sabrá Dios qué puede hacernos en el cuerpo la acumulación del odio y las excusas que buscamos para sacarlo. Hoy discutimos, porque hay que discutirlo, que el presidente haya retirado piezas del Museo Nacional sin dar muchas explicaciones. Mañana habrá otras razones. Siempre las habrá.
Pero ante cada gesto, “timshel”. Ya hemos olvidado demasiado nuestra agencia, nadie podrá borrarnos la memoria y pensar y conversar siempre serán el camino hacia una resistencia más digna.
“Timshel”. Mil veces “timshel”.
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