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Detrás de la historia ilustrada de la porcelana china que llegó al galeón San José

La novela gráfica “Un crisantemo en el Caribe” cuenta la historia detrás de las tazas de porcelana china que se encontraron entre los restos del galeón San José. El investigador Manuel Salge, uno de los creadores del libro, habló para El Espectador sobre el proyecto.

Andrea Jaramillo Caro

27 de junio de 2026 - 03:00 p. m.
Manuel Salge, investigador y doctor en antropología, y Daniel Aguilar, investigador y doctor en sociología, publicaron "Un crisantemo en el Caribe" con Ediciones Uniandes.
Foto: Cortesía
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Hace más de 10 años, Colombia y el mundo vieron con asombro las imágenes de un navío que había sido encontrado en el lecho marino cartagenero. La noticia del hallazgo del galeón San José rápidamente le dio la vuelta al mundo, y con ella los rumores de su legendario tesoro. Aunque muchos se fijaron en el oro y la riqueza que yacía bajo las aguas caribeñas, otros decidieron dirigir su atención hacia objetos como las tazas de porcelana china que revelaron las primeras investigaciones.

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El interés por entender lo que estos objetos podían contar sobre el entorno en el que fueron creados, las circunstancias sociales, políticas y económicas del momento, y las rutas de comercio que los llevaron a estar en el navío español hizo que la atención sobre el barco creciera.

Las tazas de porcelana despertaron un interés especial en el investigador y especialista en patrimonio cultural Manuel Salge. “Ese hallazgo sorprendió a muchos, porque esos galeones tenían un libro de carga en el que registraban lo que debía ir y lo que no, pero estas tacitas no estaban registradas ahí. Implicó una sorpresa gigantesca y abrió muchas dudas y posibilidades de reflexionar en torno a ellas. Podían venir de contrabando, haber sido parte de la carga o de las pertenencias de alguno de los tripulantes”, aseguró en entrevista para El Espectador.

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Esa curiosidad resultó en la idea de crear un libro en el que se rastreara la historia de esa porcelana, desde su creación hasta lo que habría sido su destino, y cómo fue que acabó hundida en el Caribe. Para el investigador era importante compartir el conocimiento sobre estos hallazgos con nuevas audiencias, de manera que no se quedara solo en “discusiones académicas”.

Aunque el descubrimiento de las tazas chinas se dio hace más de 10 años, la idea de crear una novela gráfica con esta historia como protagonista fue más reciente. Salge contó que fue hace aproximadamente un año que con su colega, Daniel Aguilar, comenzaron a idear el relato y la propuesta gráfica que se convirtió en “Un crisantemo en el Caribe”. Imaginaron a una abuela en Cartagena contando la historia de las tazas a su nieta cuando las vio aparecer en televisión con el descubrimiento del galeón San José. A través de ratones, que, según la abuela, son los primeros en abordar un barco, comenzaron a entretejer múltiples historias, desde la fabricación del galeón y la flota hasta la creación de las tazas de porcelana en la China imperial.

“La idea era tomar un pequeño elemento para poder contar una gran historia alrededor de eso. Tomar estas tacitas para poder contar las tensiones, relaciones y personajes que estaban ahí. Empezamos la construcción de este libro, ahí se fue enriqueciendo por el camino y finalmente lo acogió la Universidad de los Andes y el Instituto Confucio”, contó.

A partir de esa colaboración, Salge y Aguilar recibieron retroalimentación por parte del Instituto en cuanto a la manera en la que retrataban la China imperial con detalles como las trenzas que se utilizaban en ese momento y la forma en la que usaban la ropa.

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Salge comentó que se cree que las tazas terminaron en el galeón San José, ya que, tras su fabricación en España para formar parte de la flota junto con el galeón San Joaquín, llegaron a Portobelo, en Panamá, donde se hacía una feria comercial. Aquí se entrelaza la historia del navío con la de la porcelana. Según contó el investigador, las tazas fueron creadas en el pueblo de Jingdezhen, reconocido por los hornos que allí funcionaban. Una de las teorías apunta a que los productos atravesaban, entonces, miles de kilómetros en un sistema de ríos y así llegaban a Guangzhou para luego ser transportados a Manila, en Filipinas. Desde allí atravesaban el Pacífico con destino a México y bajaban hacia Centroamérica. De acuerdo con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), hubo otro actor importante en estas rutas de comercio: los franceses, quienes establecieron “una ruta directa entre Cantón y el virreinato de Perú, mucho más rentable y barata que el contrabando que venía desde Manila por vía de Acapulco, en México”, escribieron los historiadores Daniela Vargas y Antonio Jaramillo.

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El ICANH, además, resaltó que estas tazas pertenecieron al período del emperador Kangxi (1662-1722). “Las tazas de porcelana china aumentan la muestra de las colecciones de cargamentos Kangxi que se han encontrado a nivel mundial, específicamente en el Índico y el Pacífico. El grupo de estos elementos, presentes en el naufragio del San José, se suma a otros cuatro importantes cargamentos de naufragios ya reportados en el planeta”, aseguró Vargas.

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Salge detalló que la producción de estas piezas comenzaba con un “barro especial” que mezclaban con “el triturado de unas rocas para darle dureza y firmeza a ese material, que luego se quemaba en los hornos para darle forma”. Sin embargo, uno de los detalles que más llamó la atención fue la pintura que cubría estas piezas. Según el investigador, la cerámica mostraba los colores blanco y azul, usando el óxido de cobalto. Por esta razón, la novela gráfica fue creada usando estos mismos tonos. Y un detalle del libro es que su título, “Un crisantemo en el Caribe”, hace alusión a los motivos que solían ser pintados en las tazas. “Esta flor era una imagen tradicional en la porcelana china. Los crisantemos transmiten serenidad, calma y belleza. Es un símbolo de la cultura china y está presente en estas tacitas. Nos pareció absolutamente fuerte, poderoso e incluso poético hablar de la existencia de unos crisantemos en medio del Caribe”, aseguró.

La novela gráfica fue publicada en abril de este año y ha sido presentada en diferentes entornos como una manera de compartir la historia de un objeto más allá de su materialidad. Para los autores, parte de la importancia de contar estas historias tiene que ver con que nuevas y diferentes audiencias comiencen a desarrollar una cercanía con los objetos del pasado, que se conozcan y, además, que sean valorados y adquieran significado.

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Salge recordó que durante el proceso de investigación y escritura le sorprendió la existencia de una ciudad como Jingdezhen, “donde se producían estas tazas que eran vendidas al mundo entero. Además, no solo contenían bebidas, sino miles de historias. Imaginar todo el trayecto que tuvieron que haber hecho en el siglo XVIII para terminar a bordo del galeón es algo muy loco. Nos habla de deseos globales, de mercados interoceánicos y de relaciones entre personas. En últimas, se está hablando de la primera globalización del mundo, y con ella los anhelos y gustos. Es una historia bellísima”, dijo.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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