Tan pronto para hacer diagnósticos, pero tan necesario empezar a hablar de las implicaciones y de la dimensión de un suceso histórico como el que vivió el mundo el 3 de enero, en este caso, el vecindario llamado América Latina.
En una operación denominada como “Determinación Absoluta”, Estados Unidos atacó en Caracas, Venezuela, siete puntos estratégicos en la madrugada del sábado que sería la antesala de la captura del presidente de ese país, Nicolás Maduro, quien llegó también ese día en horas de la noche custodiado junto con su esposa, Cilia Flórez, a Nueva York.
Aunque la historia se cuenta con muchos matices, siempre parece que hay dos colores que sobresalen. Este episodio no es la excepción. De un lado hay quienes celebran y legitiman la intervención militar estadounidense en suelo venezolano, pues argumentan que era la única forma de acabar con el régimen de Maduro y el chavismo tras 27 años.
Del otro lado, hay quienes sin dejar de aceptar que Venezuela sufría y debía sufrir un cambio que implicara la salida de Maduro del poder, rechazan categóricamente la intervención de Estados Unidos, pues este hecho viola el Derecho Internacional y siembra la duda de si el remedio es peor que la enfermedad, así como el dilema de siempre de si el fin justifica los medios.
Frente a esta disyuntiva y las implicaciones que tiene para el vecino país el nuevo presente, hablamos con dos periodistas y escritores venezolanos (Sinar Alvarado, de The New York Times para Colombia, y Carolina Jaimes Branger, novelista y columnista para varios medios venezolanos) para que nos dieran sus impresiones sobre lo ocurrido y lo que viene para la región.
La perspectiva de los periodistas
“En momentos como este yo recuerdo a John Kenneth Galbraith, un economista diplomático, escritor, embajador canadiense de la época de John Kennedy. Galbraith tiene una frase que dice: ‘La política es el arte de escoger entre lo desagradable y lo desastroso’. Yo creo que en este momento Trump es lo primero y Maduro (el chavismo en general) es lo segundo. Muchos venezolanos, me incluyo, en este momento nos debatimos entre la alegría y la satisfacción de ver a Maduro finalmente rindiendo cuentas ante la justicia, detenido, y al mismo tiempo estamos preocupados con mucha incertidumbre de lo que puede venir”, dijo Alvarado.
Por su parte, Carolina Jaimes, quien reconoció que lo que está pasando en Venezuela “es difícil de entender”, manifestó que: “La intervención estadounidense ha sido un tema controvertido. Me encuentro entre quienes piensan que esta intervención puede llevar a una mayor injerencia en los asuntos internos del país, lo que podría intensificar la polarización y el conflicto, sin hablar de lo que nos costará en términos económicos. Porque un país invade a otro sólo cuando puede sacar más de lo que invierte. Ya Trump dijo que el petróleo era de ellos (o de él). El petróleo es de todos los venezolanos. Punto. Que puedan venir a invertir con ventajas, es otra cosa. También hay quienes argumentan que la presión internacional es necesaria para promover cambios democráticos y aliviar la profunda crisis humanitaria que tenemos en el país. Sin embargo, es importante reflexionar sobre cómo estos factores pueden afectar no solo a Venezuela, sino también a la estabilidad de toda la región, generando dinámicas que podrían complicar aún más la situación”.
La balanza tambalea para un lado y para el otro. Más que una postura clara, parece que lo que reina es la incertidumbre, un sentimiento que saca muchos réditos políticos y que no es sano para una democracia.
Así incluso lo señaló la novelista venezolana Karina Sainz Borgo en su columna en el diario ABC de España, titulada “Venezuela pidió ayuda, pero nadie la escuchó”, quien dijo que lo sucedido también es responsabilidad de quienes ignoraron lo que pasaba en su país, escribió: “Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela. Apresó a Nicolás Maduro y a su esposa. Los sacó del territorio, a la fuerza. Convendría, sin embargo, aclarar algunas cosas. Nicolás Maduro no es el presidente legítimo de Venezuela. Desconoció la victoria electoral de la oposición en 2024. Persiguió a los ciudadanos. Los encarceló. Los acorraló. Que el de Maduro es un régimen asesino, ilegítimo, asociado al narcoterrorismo, el tráfico de oro, armas y personas es una verdad incontestable, pero no incompatible con el hecho de que Donald Trump actualiza en Venezuela el viejo principio de América Latina como espacio donde Estados Unidos debe impedir la influencia de potencias externas, en este caso Rusia, China e Irán. Mucho ha retrocedido la nación venezolana —y el concepto de democracia— para verse atrapada en la completa oscuridad civil, legal y soberana”.
“Sé que es peligrosa esta intromisión de EE. UU. en Venezuela, pero se puede ver en muchos venezolanos un alivio y una satisfacción. Claro, ahora deben lidiar con el dilema moral y político que viene. Y sé que este es un precedente peligroso para otros países de la región porque Trump es un tipo impredecible, pero no podemos dejar de celebrar el beneficio de ver a un bandido asumir las consecuencias de su larga carrera de impunidad, abuso y criminalidad”, comentó Alvarado.
Sobre el “fin” del chavismo
¿Realmente se puede hablar del ocaso del chavismo? Para Jaimes, no, pues esta es una corriente política y seguirá presente en un sector de la población. “Hablar del fin del chavismo implica considerar tanto las expectativas como las incertidumbres que se presentan. Yo no creo que el chavismo vaya a desaparecer. Es como el peronismo en Argentina. Algo realmente inentendible: cuando Perón llegó al poder, Argentina era una de las principales economías del mundo. Cuando le dieron el golpe de estado, estaba en la ruina. ¡Y resulta que tres cuartos de siglo después todos los partidos en Argentina son peronistas y le rinden culto a Perón! Chávez y sus aliados destrozaron a Venezuela moral, económica y políticamente”.
Asimismo, complementó diciendo: “Muchas personas ven el cambio de gobierno como una posibilidad de restaurar la democracia y mejorar las condiciones de vida y deseo de todo corazón que eso suceda. Pero me preocupa el vacío de poder y la posible inestabilidad que puedan surgir en la transición. Trump dijo que María Corina Machado no tenía aceptación. Pienso que se refería, aunque no lo dijo explícitamente, al sector militar. Supuestamente Delcy Rodríguez le había ofrecido a Marco Rubio que ella haría lo que ellos ordenasen en la transición. Entonces nos encontramos frente a un proceso complejo, contradictorio, que requerirá la participación de múltiples actores sociales y políticos, así como un diálogo genuino entre diferentes sectores. Y esto último dudo que se dé”.
No es esta la primera vez que Venezuela se enfrenta a una transición como la que ahora vivirá. Incluso en su novela “Aquello que no se dice”, Jaimes aborda un poco este tema. Pero, volviendo al presente, la periodista venezolana señaló: “Ojalá que los antecedentes históricos de Venezuela, como los golpes de estado y las transiciones democráticas del pasado, sirvan como referencia para entender la desconfianza hacia ciertos procesos políticos y la necesidad de asegurar que cualquier cambio sea sostenido y legítimo. Porque si el chavismo finalmente sale, como oposición va a ser una pesadilla”.
Jaimes no dejó de mencionar las implicaciones que tuvo el régimen de Maduro en temas culturales, pues afirmó que: “La crisis económica y política ha llevado a la migración masiva de ciudadanos, lo que ha resultado en una diáspora significativa. Que se vaya de un país en menos de una década la tercera parte de su población, es alarmante. La inmigración, por su parte, ha creado un cruce de culturas, donde la identidad venezolana se ha visto reforzada y reconfigurada en distintos contextos globales. Además, la polarización política ha afectado las relaciones familiares y sociales, generando tensiones en comunidades que antes eran más unidas. Las manifestaciones artísticas y culturales a menudo reflejan el descontento y la resistencia, lo que también es un testimonio de la resiliencia de la población”.
Alvarado, por su parte, concluyó: “En resumen, lamento por un lado que la población venezolana y que la comunidad internacional esté ahora en este escenario de elegir entre lo desagradable y lo desastroso, pero creo que esto encierra una moraleja para la comunidad internacional y en especial para los países de Latinoamérica: cuando veas un incendio en el patio de tu vecino más vale que hagas algo al respecto, porque si lo dejas crecer puede que la solución no resulte agradable”.
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