4 Mar 2018 - 8:48 p. m.

¿Y de la correspondencia de Andrés Caicedo qué?

Hoy, que se conmemoran los cuarenta y un años de su muerte, el legado de Andrés Caicedo es polémico y vigente. El conocimiento cabal de su obra, de gran agudeza política, es tarea que aún tenemos pendiente. Por eso el ocultamiento de las cartas que él escribió para que fueran publicadas es improcedente.

Santiago Andrés Gómez Sánchez*

¿Por qué es tan importante Andrés Caicedo, hoy, a 41 años de su muerte? Caicedo encarna lo más neurálgico del sentido que pueda tener no un intelectual, sino un ciudadano pensante en las sociedades globales luego de la catástrofe de la bomba atómica y de Auschwitz, y para Colombia, luego del Bogotazo, o sea: luego de la muerte de Gaitán y en medio del enceguecido (o muy calculado) baño de sangre que seguimos viviendo desde entonces.

Por eso incluso es no solo tan importante sino tan popular su literatura, tan auténticamente popular, y auténticamente literaria, además: un vuelo poético desafiante que nos hace abrir los ojos como lo aconsejan sus amados Richi Ray y Bobby Cruz: ¡Agúzate, que te están velando!

Recordemos nada más, con la venia debida al adolescente que lo escribió, el comienzo de su cuento “Patricialinda”: “Papá Patricio, riquísimo azucarero vallecaucano fue uno de los seis que gestionó y organizó la muerte de Gaitán” (Destinitos fatales, Bogotá: Oveja Negra, p. 88). Recordemos los pasajes finales de “El atravesado”: “Que di piedra y me contestaron con metralla” (Cuentos y relatos de la literatura colombiana, Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 2005, p. 338). Recordemos las palabras de Bárbaro al turista gringo en ¡Que viva la música!: “[R]espetándonos a nosotros que somos los dueños de esta tierra” (Bogotá: Alfaguara, 2012, p. 190). Estas palabras todas son visionarias, en un país que ha sido piloto de las políticas imperialistas para las peores barbaries. Son expresión imaginaria o estética, pero comentario conscientemente crítico, de nuestra realidad inmediata y, al mismo tiempo, existencial.

Es fundamental para la cultura, para la población colombiana, entrar en contacto abierto con Caicedo, y con el fenómeno de su creciente celebridad, para conocernos mejor y comprender nuestro extravío, para aprender a gozar de nuestro azar y nuestro “destinito fatal”. Pero la obra de Caicedo no ha concluido. 

Entrados en la quinta década luego de su muerte, las cartas que él mismo consideraba parte integral de su obra y que en algún pasaje él confesara haber escrito, como cada palabra escrita suya, con la intención de que fueran publicadas, siguen siendo censuradas por sus hermanas Pilar y María Victoria.

Estas dos mujeres, con tal actitud, se empecinan en representar el mismo espíritu oscurantista que Caicedo señalara en su familia como causa de su hundimiento, como se lee en El cuento de mi vida (Bogotá: Norma, 2007, p. 56). Algo a todas luces absurdo, pues como lo revelaran Sandro Romero y Luis Ospina, las partes íntimas de la correspondencia de Andrés fueron ya publicadas, e incluso, y hay que hacer énfasis en ello, con la autorización del papá de los hermanos, Carlos Alberto Caicedo, quien pasó de ser un cuestionador de su hijo cuando este aún vivía, a ser un defensor incondicional suyo y un divulgador franco de su obra.

Por todo esto, en nombre de sus lectores, y como académico estudioso de la obra de Andrés Caicedo, quiero preguntar pública y respetuosa, pero severamente, ¿hasta cuándo soportaremos esta censura a la correspondencia del eminente escritor?

Un intelectual disciplinado, como él, un creador de genio precoz, pero innegable, que luchó toda su vida contra el silenciamiento y la hipocresía que nos constituyen y malogran como sociedad, merece un mejor trato de las personas responsables del tesoro, del patrimonio universal que es la totalidad de su legado escrito, según la explícita y manifiesta voluntad del difunto. 

Hoy, cuatro de marzo, en el 41 aniversario de muerte, lo imagino bailando entre risas y desazón, como un ritual, el tema de salsa de Richie Ray y Bobby Cruz que era uno de sus preferidos: “Agúzate, que te están velando”.

https://www.youtube.com/watch?v=fUPSz1SOrtM

*Escritor y crítico de cine, uno de los fundadores de la revista Kinetoscopio.

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