La carrera por la Casa de Nariño: promesa de una campaña intensa

El 2018 comienza con los debates en el interior de las coaliciones para definir el candidato más fuerte. Los desacuerdos y el “fuego amigo” son el primer obstáculo en las alianzas.

Archivo El Espectador

La única certeza que hay para la campaña presidencial de 2018, que apenas se inicia, es que nada está seguro. Sólo la llamada Coalición Colombia terminó el 2017 con candidato único para la Presidencia, luego de unos duros días de desencuentros y amenazas de quiebre, y decidió que el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo sea quien lleve las banderas del acuerdo programático al que también llegaron Claudia López, de la Alianza Verde, y Jorge Robledo, del Polo Democrático. Fajardo, que ha sido el puntero en varias de las últimas encuestas, empieza entonces a caminar hacia la Casa de Nariño y deberá ganar adeptos, luchando con lo que muchos han denominado “tibieza política”, un aspecto que podría jugar tanto a su favor como en su contra.

Por otros lares, lo que hay son discusiones políticas y enfrentamientos internos para definir quién los representará en las elecciones a la Presidencia. Por el lado del uribismo se espera la elección de un mecanismo para determinar el candidato único entre Iván Duque, aspirante por el Centro Democrático, y los conservadores Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez. Duque le apuesta a una consulta abierta que se realizaría el 11 de marzo, junto con las elecciones a Congreso, sin embargo, es una decisión que no comparte Ramírez, quien prefiere que se llegue a un consenso con el fin de que el proceso pueda ser más ágil y le represente el menor gasto de recursos al Estado. Además, sectores cercanos a Ramírez consideran que una consulta abierta no se daría en igualdad de condiciones cuando Duque tiene detrás toda la estructura del Centro Democrático, mientras que tanto ella como Ordóñez renunciaron al Partido Conservador.

Lea: Así se movería el uribismo y el vargasllerismo en la periferia para las elecciones de 2018

La dilación para acordar un mecanismo de selección del candidato, de la que acusan a Iván Duque, tampoco tiene contentos a los sectores de Rafael Nieto, María del Rosario Guerra, Luis Alfredo Ramos y Óscar Iván Zuluaga. No obstante, Ramírez confía tanto en la alianza como en el liderazgo de Uribe y Pastrana y considera que hay sectores valiosos del conservatismo que deben hacer parte del proceso. Por su parte, Ordóñez, que se había mostrado cómodo con cualquiera que fuese el mecanismo para elegir candidato, empezó a desconfiar y sostuvo que se quería dejar su nombre por fuera de la carrera presidencial. Lo cierto es que, para los sectores cercanos a Duque, Ordóñez representa un importante nicho electoral que hay que tener en cuenta y no se puede maltratar, pero la mejor opción es medirse abiertamente para garantizar la fuerza electoral del candidato del uribismo.

En otra orilla, la alianza de Gustavo Petro, Clara López y Carlos Caicedo para presentar candidatos al Congreso —la llamada Lista de la Decencia— también podría abrir camino para que se decidiera un candidato único, una disputa en la que también tendría lugar Humberto de la Calle, aspirante por el Partido Liberal y exjefe del equipo negociador del Gobierno en los diálogos con las Farc en La Habana. De la Calle también ha intentado tener acercamientos para una alianza con Fajardo, argumentando que lo necesario para consolidar la paz y garantizar la implementación del Acuerdo de Paz es la suma de voluntades y un gran pacto nacional, sin embargo, una de las principales talanqueras para un acuerdo programático entre la Coalición Colombia y De la Calle es la representación del liberalismo en Antioquia, como el representante Julián Bedoya Pulgarín o el excongresista Adolfo León Palacio. En ese mismo espacio pareciera también estar cerrada la puerta para un consenso con Gustavo Petro, pues se considera que es difícil que su amplio caudal electoral, de opinión y militante, pueda ser endosable y, en efecto contrario, la resistencia que genera en la opinión pública —una imagen desfavorable por encima de la favorable, según la medición de Gallup Poll del pasado 20 diciembre— sería más una resta que una suma.

Lea también: La desconfianza de Alejandro Ordóñez con Iván Duque y Martha Lucía Ramírez

Germán Vargas Lleras camina solo, pero nadie desconoce su fortaleza y en estos momentos es uno de los candidatos principales que el resto de los aspirantes deberán enfrentar. Perdió el primer lugar en las encuestas recientes, pero se mantiene entre los primeros y su garantía es tener detrás una estructura política de peso —Cambio Radical—, a pesar de que se inscribió por firmas. Además, como él mismo lo reconoció, nunca ocultó que desde el gobierno de Santos, como ministro de Vivienda y vicepresidente, estuviese pavimentando su aspiración. Su alejamiento de Santos y del Acuerdo de Paz lo perfilan como una canasta en la que podrían caer los votos del uribismo en caso de que su candidato no logre pasar la primera vuelta.

Muchos más atrás, entre otros que marcan muy poco, está la novedad de la contienda: Rodrigo Londoño, Timochenko, el candidato de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), quien desde la semana pasado tiró las primeras líneas organizativas y tácticas a los militantes del nuevo partido político. “Vamos a trabajar convencidos en que vamos a ganar por encima de las trabas y obstáculos que se nos presenten. Un abrazo de oso para todos y todas, y para ellas les agrego un cariñoso beso”, dijo en una carta.

La campaña presidencial promete ser intensa y sofocante, con un electorado desgastado por ocho años de gobierno, un proceso de paz necesario pero desacreditado y viejas fuerzas políticas que quieren llegar de nuevo al poder.