La semana del reacomodo político para la segunda vuelta

Más allá de sumar adhesiones para la segunda vuelta, los discursos de los candidatos uribista y de la Colombia Humana dieron un giro. Para la muestra dos botones: Duque prometió que no hará “trizas” los acuerdos de paz y Petro se bajó de su propuesta de convocar una constituyente.

La semana del reacomodo político para la segunda vuelta
Gustavo Petro e Iván Duque, mano a mano entre la izquierda y la derecha por la Presidencia de la República.AP

Transcurrido el proceso electoral del pasado 27 de mayo, la atención de los candidatos que pasaron al segundo round comenzó a fijarse de inmediato en cómo sellar alianzas. Es claro que definir hacia qué lado quedaría inclinada la balanza con los apoyos de los que resultaron perdedores en las urnas hace ocho días se hacía fundamental, pues, de una u otra manera y más allá del llamado voto de opinión, serán ellos los que determinarán los resultados del próximo 17 de junio en la segunda vuelta. Y esa fue la tarea en la que se enfocaron Iván Duque y Gustavo Petro, con el objetivo de hacerse al triunfo en el cargo más importante del Estado: la Presidencia de la República.

El escenario que dejó esa primera vuelta fue uno muy similar al del 2 de octubre de 2016, cuando se votó el plebiscito para refrendar el Acuerdo de Paz: una división entre dos extremos, fundada más en la denominada posverdad —noticias falsas— que en lo que realmente representan ambos candidatos. Ello explica que desde el mismo domingo, cuando Duque y Petro pronunciaron sus discursos de victoria tras conocerse los resultados, decidieran comenzar a correrse hacia al centro. Duque con su promesa de no “hacer trizas” lo pactado con las Farc ni modificar las instituciones judiciales drásticamente, y Petro de no convocar a una asamblea constituyente. En últimas, las alianzas eran lo que estaba en juego.

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Así arrancó la semana, en una especie de contrarreloj a la espera de los anuncios de las fuerzas perdedoras y haciendo cuentas en torno a sus votos, un valioso capital político que bien podría reforzar o modificar el mapa electoral del país, por ahora pintado mayoritariamente a favor del candidato uribista. Por eso, los guiños no se hicieron esperar y estaban dirigidos, principalmente, al aspirante con la tercera mayor votación: Sergio Fajardo. Un caudal de más de 4,5 millones de apoyos apetecía a los finalistas y su decisión era una de las más esperadas. “Ha hecho una campaña con temas importantes para el país y nos sintonizamos con él en la idea de trabajar en la educación”, dijo Duque, e hizo lo propio con Germán Vargas Lleras, que cargaba consigo 1,4 millones de votos, y Humberto de la Calle, con escasos 399.180.

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Por los lados de Petro, los mensajes eran similares. Propuso un “acuerdo sobre lo fundamental”, que aglomerara a los partidos que rodearon a Fajardo (los de la Coalición Colombia: Alianza Verde, Polo Democrático y Compromiso Ciudadano), que también incluyera a De la Calle e incluso a Vargas Lleras. “Lo invito a repensar la política (...) ya no son las maquinarias, ya así no se hace la política en Colombia”, le dijo. Paralelamente, una tendencia comenzó a ganar protagonismo: la del voto en blanco. ¿La razón? La sensación de polarización que generan el candidato uribista y el de la Colombia Humana, y el primero en anunciarlo fue el propio Fajardo.

“Ni Duque ni Petro. Pienso que ninguno de los dos representa lo que queremos para Colombia: un país unido en medio de las diferencias (…) un país que le da la espalda a la política tradicional para poder luchar en serio contra la corrupción”, dijo el exgobernador de Antioquia, quien, eso sí, no dio ninguna directriz a sus electores. Mientras eso ocurría, las fuerzas políticas tradicionales —el Partido Liberal, el Partido Conservador, la U y Cambio Radical— se reunían a puerta cerrada para tomar decisiones. Entonces se supo del encuentro entre el director de las huestes rojas, el expresidente César Gaviria, y Duque, el lunes. Una conversación con consecuencias en la colectividad, donde muchos no comprendieron cómo el principal partido que promovió el Sí en el plebiscito terminó al lado del No. “La política es así, no es consistente”, dijo Gaviria en una entrevista en W Radio, mientras trataba de dejar en el pasado sus antiguos y duros enfrentamientos con el mentor de Duque, el expresidente Álvaro Uribe.

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La disidencia de los liberales no tardó en rearmarse, entre otras cosas porque no estaba de acuerdo con acompañar el voto en blanco que, como se sabe, no tiene efectos jurídicos en los resultados de la segunda vuelta. Ese sector, liderado por el senador Juan Manuel Galán y los exviceministros del gobierno Santos, Luis Ernesto Gómez y Daniel Quintero, salió a las calles a consolidar una estrategia para frenar la ola creciente de los que quieren marcar el recuadro del blanco. La consigna “No dejes en blanco la paz” se hizo tendencia en redes sociales y anunciaron su voto por Petro, al tiempo que las fisuras rojas crecían. De la Calle, el candidato liberal en la primera vuelta, decidió no sumarse a los “liberales rebeldes” y anunció que votará en blanco, pese a haber sido capturado por los lentes en plena campaña con el mensaje: “En segunda vuelta voto por el que pase”, acompañado de las imágenes de Petro y Fajardo. Una foto que, posteriormente, calificó de “accidental”. Y para rematar, el exministro Juan Fernando Cristo se unió a la decisión del exnegociador de paz.

No obstante, a la candidatura de Petro se fueron sumando otras voces de la Coalición Colombia —también dividida—, como la del Polo. Claro, era predecible que el senador Jorge Enrique Robledo, uno de sus líderes, no acompañara al exalcalde, a quien aún le enrostra los acuerdos a los que llegó en el reciente pasado con Juan Manuel Santos para la segunda vuelta de 2014 y otras diferencias ideológicas. Pero la mayoría del comité ejecutivo del Polo firmó un documento de adhesión. La Alianza Verde, con contadas excepciones, también anunció su respaldo a Petro y a su programa de paz e inclusión social. “Es nuestro momento histórico y no debemos ser inferiores a los retos de nuestra gente. Con Gustavo Petro podemos más”, dijo el senador Jorge Iván Ospina, presidente de ese partido.

En ese tire y afloje político-electoral, la campaña de Duque también recibía importantes adhesiones. Aunque, paradójicamente, terminó reivindicando la frase de Gaviria sobre el dinamismo de la política y se adueñó de la Unidad Nacional. La misma que ayudó a Santos a gobernar en sus ocho años de mandato y a la que tanto criticó el uribismo desde el Congreso. “Una cosa son los apoyos a nuestro programa de gobierno y otra, muy distinta, las ‘alianzas políticas’. No tengo compromisos burocráticos ni clientelistas con nadie. En mi gobierno no habrá favores políticos ni mermelada. No vamos a propiciar ningún ‘triqui-trueque’ con nadie. Seguimos demostrándole al país que somos capaces de unir pensando en el futuro”, fue la defensa que usó Duque a lo largo de la semana para frenar las críticas que llovieron cuando el país se enteró de que la U, los liberales, Cambio Radical y el Partido Conservador lo apoyarán el 17 de junio.

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La U porque, aunque dejó en libertad a sus militantes para ir a las urnas, siempre se supo que la mayoría de su bancada en el Legislativo hizo campaña tras bambalinas a favor de Duque para la primera vuelta. Cambio Radical porque, aunque no fue explícito, le envió el programa de gobierno de Vargas Lleras para que sea tenido en cuenta en un eventual gobierno, y liberales y conservadores, que sí oficializaron, al menos desde sus directivas, el respaldo al candidato uribista. Es como si todos hubiesen asimilado la lección que en 2010 les dejara el mismo Santos, cuando en un debate dijo: “Sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”. Y ahora se trata de tener una tajada del poder, así sea muy pequeña. O mejor dicho: aplicar aquello de que perder es ganar un poco. De paso, si es presidente, Duque asegura gobernabilidad, pues quienes ahora lo acompañan son mayoría en el Congreso.

Hubo denuncias en redes sociales de supuesto fraude por las irregularidades en el registro del conteo de los votos del pasado domingo, que la Registraduría desestimó. Y la semana terminó con un anunció que levantó polvareda: el fiscal Néstor Humberto Martínez habló de una “corrupción nauseabunda” en elecciones legislativas, pero dejó todo en suspenso hasta después del 17 de junio. Aun así, la fotografía hoy muestra un país que parece comenzar a dejar la apatía frente a unas elecciones y un despertar ciudadano que por primera vez en años saldrá a votar sin los fantasmas de la reelección y de las Farc; y también del voto en blanco, que apunta a ser la expresión del disenso. Sea como sea, Iván Duque o Gustavo Petro recibirán una Colombia distinta y con enormes retos, entre ellos el de unir a una sociedad que ya no se confronta con las armas sino con las ideas.