El dictamen de las urnas

El pulso electoral en las regiones

La configuración del nuevo mapa del poder a nivel nacional marca la alineación de fuerzas para las presidenciales de 2022 y la gobernabilidad en lo local para el presidente Iván Duque.

La Registraduría tiene dispuesta toda la logística para la jornada electoral en el país. Cristian Garavito - El Espectador

En total fueron 117.822 los candidatos inscritos para las elecciones de hoy, en las que los colombianos elegirán 1.101 alcaldes, 32 gobernadores, 12.063 concejales, 418 diputados y 6.814 ediles. Un proceso que ha transcurrido en medio de una inusitada ola de violencia, con asesinatos y amenazas, y en el que los linderos partidistas se han hecho difusos ante la proliferación de coaliciones y candidatos inscritos por grupos significativos de ciudadanos, pero en el que las casas políticas, colectividades y congresistas juegan sus cartas pensando en la lucha por el poder dentro de tres años. Se trata también de los primeros comicios territoriales en los que la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido surgido de la desmovilizada guerrilla de las Farc, participa, con el reto de superar el escepticismo que dejó el anuncio de rearme por parte de un grupo de excomandantes.

Es el día en que todos hacen cálculos, cuando la única alianza posible es con la ciudadanía, que según los registros históricos, en un 40 % más o menos se muestra apática a participar. Hoy es la verdadera encuesta, la de las urnas, y todas las que se difundieron en las últimas semanas serán motivo de examen para ver si acertaron o no. En algunas regiones se ven candidatos consolidados, en otras un cerrado pulso entre dos o tres aspirantes, y algunos todavía esperan que los pronósticos que les han sido adversos se reviertan a la hora de los escrutinios. Lo claro es que a partir de esta tarde, una vez empiecen a salir los resultados desde las sedes de la Registraduría a nivel nacional, se comenzará a configurar un nuevo mapa político en Colombia. Se hablará entonces de ganadores y de perdedores, y la nueva perspectiva política comenzará a pensarse en función de 2022.

Antioquia y el interrogante para el uribismo

Hace cuatro años, el uribismo tenía asegurada en sus cuentas la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, el voto útil fue la fórmula para que Federico Gutiérrez le arrebatara la segunda administración local más importante del país a Juan Carlos Vélez, su candidato. Tampoco tuvieron suerte con el exdiputado Andrés Guerra en la Gobernación de Antioquia, quien se enfrentó a Luis Pérez y la maquinaria de los partidos que lo acompañaron en ese entonces (Liberal y Cambio Radical).

Este año, aunque Alfredo Ramos, hijo del dirigente uribista y exgobernador Luis Alfredo Ramos, investigado por parapolítica, es quien lidera las encuestas a nombre de su partido, el Centro Democrático, analistas y expertos no se atreven a cantar un ganador. La razón es que Daniel Quintero, del movimiento Independientes, según muestran las encuestas, se ha consolidado como una opción capaz de darle la pelea.

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El Centro Democrático lanzó otra vez a Andrés Guerra a la Gobernación. A dos meses de las inscripciones, era el candidato que mostraba más viabilidad para reemplazar a Pérez, pero lo que no previeron fue la aspiración de Aníbal Gaviria, quien se lanzó por firmas pero es de clara estirpe liberal y en todos los sondeos marca como el favorito en la intención de voto de los antioqueños para llegar, una vez más, a La Alpujarra.

Antioquia es el principal bastión del expresidente Álvaro Uribe, pero las pasadas elecciones en Medellín demostraron que no la tiene fácil, pues cada vez más crece una ciudadanía descontenta con su figura a escala nacional y el que no está con él está en contra de su candidato. Hoy es un día clave para ver como espectadores si en Antioquia el uribismo es un fervor de otrora o si, luego de cuatro años, logró consolidar sus bases para demostrarle al país que Uribe se reitera como profeta en su tierra.

Valle del Cauca y la perpetuación de Dilian Francisca Toro

En el Valle del Cauca para nadie es un secreto que quien tiene todo el aparato elector a su venia es la actual gobernadora Dilian Francisca Toro. Y la heredera de ese caudal político para los próximos cuatro años es su ahijada e íntima amiga, Clara Luz Roldán. De lejos, la exdirectora de Coldeportes se lleva en intención de voto al resto de los ocho aspirantes a la Gobernación. Aunque sus contradictores hablan de las investigaciones que cursan en su contra durante su gestión en la entidad deportiva del orden nacional, los expertos aseguran que la maquinaria clientelista de Toro —especialmente en los sectores de salud y deportes— trabaja eficientemente para perpetuar su poder en el Valle. Otra exministra del gobierno Santos, Griselda Janeth Restrepo, no ha logrado catapultarse para hacerle contrapeso. Y una de las razones es la preferencia de su partido, el Liberal, por Roldán.

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Para la Alcaldía de Cali el panorama no está despejado y durante el proceso electoral, en vez de aclararse, se oscureció en torno a la campaña del exalcalde Jorge Iván Ospina, quien se vuelve a presentar a la contienda en medio de un proceso judicial en el que tiene citación a juicio el próximo 15 de noviembre, por celebración indebida de un contrato firmado hace 10 años. Pese a su pasado, Ospina, avalado por los verdes y el Partido Liberal, lidera la intención de voto para suceder a Maurice Armitage. Muy de cerca le sigue Roberto Ortiz, que nuevamente se prueba en contienda electoral, esta vez llevando las banderas del uribismo. Por la tercería, Alejandro Éder, de Compromiso Ciudadano, está socavando en la Cali que votó “Sí” al plebiscito por la paz del gobierno Santos, en primera vuelta por Sergio Fajardo y en segunda por Gustavo Petro, para mover el voto de opinión como opción que lo impulse a obtener un resultado que sea la sorpresa.

El Caribe, el juego de las poderosas casas políticas

En Bolívar y Atlántico no hay mucha duda sobre quiénes llegarán al poder en las respectivas gobernaciones y las alcaldías de Cartagena y Barranquilla. En la capital de Bolívar se da por descontado que el alcalde será William García Tirado, a pesar de las acusaciones que hay a su alrededor y de que su campaña fue acompañada por lo más cuestionado de la clase política cartagenera. De hecho, es muy posible que Cartagena repita la historia ya conocida de un mandatario elegido y suspendido. Asimismo, en la Gobernación es muy seguro que quede Vicente Blel Scaff, hijo del condenado parapolítico Vicente Blel Saad. En Atlántico también la discusión es poca, con una poderosa casa Char que tiene todo el favoritismo. Elsa Noguera se perfila como la nueva gobernadora, frente a su rival Nicolás Petro, hijo del senador Gustavo Petro. En la capital, Barranquilla, es Jaime Pumarejo el que va solitario en la punta.

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En Santa Marta la disputa es entre dos grandes electores: Carlos Caicedo, candidato a la Gobernación, y la casa Cotes, que tienen de candidato a su heredero Luis Miguel “el Mello” Cotes. Las apuestas preelectorales de los conocedores de la política samaria concuerdan en que la Gobernación está cerca para el exalcalde Caicedo y que la Alcaldía de Santa Marta, ante el fracaso de unión entre los candidatos Juan Carlos Palacio y Aristides Herrera, le dejó el camino libre a Virna Lizi Johnson Salcedo, la candidata de Caicedo.
Tal vez es Córdoba en donde la pelea entre casas políticas está más apretada. El uribismo, los García Burgos, los Lyons, el grupo de Zulma Jattin y los “Ñoños” se la juegan por Carlos Gómez a la Gobernación y Salín Ghisays a la Alcaldía. Del otro lado están David Barguil, los Bechara, los liberales y los Besaile, que apoyan a Orlando Benítez a la Gobernación y a Carlos Ordosgoitia a la Alcaldía.

Los roces electorales para controlar el Eje Cafetero

En Caldas, su clase política hizo lo que creía impensable: el Partido Liberal, fortalecido en la figura de Mario Castaño, se unió con el uribismo para conservar el poder e ir en contra la casa Lizcano. Se enfrentan por la Gobernación: Camilo Gutiérrez, un potencial delfín de cuna liberal-uribista, con la cara fresca de Luis Carlos Velásquez. Y la Alcaldía de Manizales se la disputan Jorge Hernán Mesa y Carlos Mario Marín, joven opositor cobijado por los votos que le pueden jalar los lizcanistas.

Y en Quindío la cosa no está fácil: la maquinaria liberal, que tiene en sus manos los votos de la Alcaldía de Armenia, está deteriorada y genera dudas por los escándalos de corrupción de los últimos años. Sin embargo, sus fichas a los altos cargos locales, que nunca han estado en un cargo de elección popular, llevan la delantera en las encuestas. Van con Roberto Jairo Jaramillo a la Gobernación y Piedad Correal a la Alcaldía. Se les enfrentan, respectivamente, Javier Ramírez y José Manuel Ríos. Este último cuenta con una campaña robusta y allí también caerían votos de Sandra Paola Hurtado, exgobernadora destituida, pero con fuerza política.

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En Risaralda, a los candidatos que podrían ganar las elecciones se les cuestionan sus compañías. En un entramado de rumores y acusaciones mayores, la desgastada casa Merheg, que tiene la Alcaldía y la Gobernación, apuesta con varias cartas. A ese escenario se suman los señalamientos sobre financiación del narcotráfico a las campañas, algo que se habla en las esferas del mundo político local y nacional. En las urnas, Víctor Manuel Tamayo, gobernador en 2007, busca repetir y se enfrenta al conservador Diego Naranjo. La Alcaldía de Pereira está entre Mauricio Salazar, que ha crecido en las encuestas, y Carlos Maya, liberal y quien representa el continuismo del alcalde Juan Carlos Gallo, suspendido por tres meses por presuntamente apoyarlo.

Norte de Santander, entre convulsión y continuismo

No solo el hecho de ser un departamento fronterizo, que ha padecido como ninguno la crisis política y social de Venezuela, explica la importancia que tienen estas elecciones para Norte de Santander. Detrás está también un creciente panorama de violencia derivado de la confluencia de factores como el narcotráfico, fortalecimiento de grupos armados y el “boom” de economías ilegales.

Para encarar estos desafíos y su eventual recrudecimiento son cuatro los nombres que figuran en el tarjetón; sin embargo, todo parece estar cantado para que el ungido —a punta de maquinaria y los pesados de la política regional— sea Silvano Serrano Guerrero, considerado el heredero del hoy suspendido gobernador William Villamizar.

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Muy al margen, pero con algún chance de revertir la tendencia, aparece el empresario Juan Carlos García Herreros, el candidato del uribismo y quien es el llamado a confirmar el respaldo que tuvo en el departamento el presidente Iván Duque en elecciones, donde obtuvo una cómoda ventaja del 77,8 %. Cierran la bajara otros dos candidatos cercanos al gobernador Villamizar y también de talante conservador: el médico y exsenador José Ramiro Luna y el ingeniero Martín Alfonso Martínez, los llamados a conquistar el voto de opinión.

La baraja en Cauca y Nariño

Con un contexto violento y siendo el cuarto departamento en riesgo de fraude electoral, según la Misión de Observación Electoral (MOE), están las elecciones en el Cauca. La Gobernación se la disputan, con opciones, Víctor Libardo Ramírez, avalado por el Partido Liberal, la Alianza Verde y Colombia Justa-Libres; y Elías Larrahondo, inscrito por firmas, con los coavales de la U, Cambio Radical y Colombia Renaciente.
A Ramírez le restan y suman votos los apoyos del senador Luis Fernando Velasco y del representante John Jairo Cárdenas. Y Larrahondo, con menos pesos pesados de su lado, los de los senadores Temístocles Ortega y Roy Barreras. Y según una fuente, su campaña tiene el apoyo de la actual Gobernación y la administración de Popayán. Para esa Alcaldía puntean Juan Carlos López, que cuenta con el apoyo de casi toda la clase política del departamento, y Rosalba Joaquí, cercana al actual burgomaestre, César Cristian Gómez, suspendido por tres meses por “presuntamente utilizar su cargo para favorecer a una candidata”, dijo la Procuraduría.

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Otro departamento particular es Nariño, que ha estado gobernado por el ala alternativa durante 20 años, pero que en estas elecciones parece que cederá ante el poder tradicional conservador, que podría quedarse con la Gobernación y la Alcaldía de Pasto. La administración departamental está entre Damir Bravo, apoyado por los azules y Alexander Rojas, respaldado por la U y Cambio Radical, entre otros. Este último, según la MOE, tiene la campaña más cara de Nariño y la octava más ostentosa de la país. La Alcaldía de Pasto es una pelea reñida entre Nicolás Toro y Vicente Germán Chamorro de la Rosa. Sobre el primero, una fuente aseguró que tenía la fuerza económica para mover votos y que rifaba motos que le “donaban”. El segundo tiene de su lado a los congresistas conservadores. Los candidatos alternativos están de terceros en la carrera electoral.

Santander: las maquinarias y casas políticas que no ceden el poder

En Santander, son contados los aspirantes a los cargos de elección popular que pueden alzar las banderas de la independencia o asegurar que en su pasado no existe padrino político. Aquí las casas políticas y los apellidos cuentan para hacerse elegir y este año no es la excepción. La estructura del barón electoral, Hugo Aguilar, condenado por parapolítica, tiene su maquinaria para que su hijo, Mauricio, puntee a la Gobernación de Santander. Con él están el grupo del revocado candidato a la Alcaldía de Bucaramanga, Fredy Anaya; además de Cambio Radical, el parapolítico Luis Alberto Gil y las bases uribistas en el departamento. En la pelea por reemplazar a Didier Tavera, el exsenador Leonidas Gómez se muestra como la cara del antipoder, aunque con él está el popular exalcalde Rodolfo Hernández, que renunció para hacerle campaña a su amigo Juan Carlos Cárdenas, que quiere gobernar la capital.

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Precisamente, el panorama en Bucaramanga se ajustó la semana pasada con la revocatoria de Anaya, que se peleaba la tercería. Al no poder aspirar, las fichas cambiaron y Ariel Gerardo García, de las Autoridades Indígenas de Colombia (Aico) lidera las encuestas, una candidatura de la que muchos esperaban poco. Cárdenas le sigue ahora en intención de voto, por encima de Claudia Lucero López, del clan de los Tavera.

Tolima, pelea de castas

En el departamento de Tolima la contienda electoral la equiparan dos casas políticas tradicionales que les han ido cerrando espacio a las alternativas que insisten en abrirse un espacio. Por un lado figura todo el grupo político, la maquinaria y el poder burocrático que concentra el actual gobernador Óscar Barreto Quiroga, quien tiene puestos sus apoyos para su sucesión sobre José Ricardo Orozco, su exsecretario del Interior, y Andrés Fabián Hurtado, el ungido para la Alcaldía de Ibagué. Todos ellos son los llamados a preservar la hegemonía conservadora que ha caracterizado a la región en los últimos años.

El contrapeso a Orozco sería la excongresista Rosmery Martínez Rosales, apoyada no solo por Cambio Radical y el Partido Liberal, sino por la familia Jaramillo, de corte también liberal, que hoy tiene en la Alcaldía de Ibagué a Guillermo Alfonso Jaramillo y que se juega en esta contienda el recuperar el botín burocrático y político que otrora ostentó desde la Gobernación. Finalmente, por parte del uribismo, en el pulso por el primer cargo del departamento, aparece Agustín Mauricio Pinto, quien pese a ser muy cercano a Barreto, terminó en las toldas del Centro Democrático, argumentando “desencuentros” en la forma en que su grupo hacía política. Cierra un independiente al que no ven con muchos chances de poder hacer frente a las maquinarias: el diputado Jorge Enrique Palomino, de la Alianza Verde.

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-Redacción Política ([email protected])

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