Además de escritor, es sociólogo y musicólogo

Diego A. Rodríguez y el aterrador acto de escribir

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Acaba de publicar el libro “Cadáver y otros cuentos con sangre”, en el que explora la magia de los relatos de terror. Dice que desde la ficción se entiende mejor la realidad.

Durante su formación en la universidad escribía cuentos y luego lo dejó a un lado, ¿cómo fue volver a escribir después de tanto tiempo?

Fue muy interesante volver a los cuentos después de los años, editarlos y encontrar la misma emoción que al escribirlos. Eso fue en realidad lo que me dio el impulso para publicarlos, junto con la emoción de los cuentos adicionales que escribí. Creo que lo más valioso de ese proceso es que, a pesar del tiempo, con la revisión y reescritura, los relatos se hicieron más precisos. Tienen ahora una prosa más cuidada y vinculada a las demandas de cada historia.

¿De qué tratan las historias recopiladas en “Cadáver y otros cuentos con sangre”?

Cada cuento representa una amplia gama de emociones e ideas que van desde la demencia que genera la imposibilidad de amar, la pasión por la lectura que nos puede llevar a los límites de lo desconocido, los demonios que llevamos que pueden convertir una situación cotidiana en un crimen sin salida, hasta las consecuencias de un pensamiento monomaniaco. Cada emoción e idea se construyen con base en situaciones macabras en las que la oscuridad del lector es protagonista.

¿Por qué tituló así su libro?

Cadáver siempre fue un cuento que me obsesionó, y es el que representa la estructura de los relatos clásicos de terror. Lo veo como el cuento “viejo y sabio” del libro, y por eso su lugar privilegiado. Ahora hay una narración muy bella de él en el pódcast Alma de libros, de Luz Andrea Gómez. El complemento “con sangre” no es porque en los cuentos haya muchas situaciones sangrientas (aunque se encuentran), sino porque entiendo la sangre como metáfora del amor exacerbado y loco, de la pasión o de la desesperación.

¿Las historias son netamente ficticias o tienen alguna base real?

La ficción se alimenta de la realidad. Quizá la piensa, trata de comprenderla y hacerla más bella. Entonces sí hay experiencias personales que en la ficción se transformaron en situaciones crueles, macabras y desesperadas. Hay muchos juegos del pensamiento y expresión de emociones que se generan de la impotencia del amor, de la injusticia, de la soledad y la locura, pero sobre todo del asombro, la sorpresa y la curiosidad que nos lleva el oficio de leer. Los libros son un vehículo para entender la realidad desde una perspectiva más bella.

¿Qué autores lo inspiran?

En los cuentos encontrarán algunos fantasmas como Poe, Maupassant, Horacio Quiroga, Andrés Caicedo o incluso Chaparro Madiedo. Me inspiran ellos y otros como Cortázar, Borges, Thomas Harris y Oscar Wilde. Recientemente he descubierto muchos autores y autoras de Editorial 531 que me han impulsado a seguir escribiendo.

Como sociólogo y musicólogo, ¿le han permitido las experiencias de cada área escribir desde otras perspectivas?

Sin duda, así como uno lee e interpreta desde lo que ya sabe y experimenta, la escritura está embebida de la profesión y las pasiones. Quizás en Cadáver se encuentre más la relación con la música, porque estuve siempre acompañado de ella en la escritura. De hecho, hice una playlist que se puede encontrar en plataformas digitales y, como un bonus track, en los tres cuentos más largos agregué una pequeña partitura con una melodía macabra, cual mensaje secreto. Espero en futuros escritos involucrar más una perspectiva sociológica, quizás en una distopía.

Apenas está comenzando, ¿se visiona tomando la escritura como oficio?

En mi trabajo social escribo bastante y desde la musicología empecé a escribir cuando terminé la maestría en 2019. Desde esos lugares me interesa la investigación social/musical y continuar publicando en un nivel académico. En cuanto a la escritura literaria, la publicación de Cadáver ha generado el descubrimiento de un mundo maravilloso, en el que me dispongo a aprender, y sí, seguir escribiendo.

En 2020 se ubicó en el top 5 de libros más vendidos de la Editorial 531, ¿cuál considera el factor diferencial que le permite atraer al público?

Creo que la propuesta de la Editorial 531, de apoyar a nuevos autores y su diversidad literaria, encuentra eco en muchas personas que buscan innovación en sus lecturas. En cuanto a mi libro, me alegró sobre todo que llegara a personas que usualmente no leen terror, pues considero que el ejercicio literario se alimenta de muchas fuentes y los géneros son solo una forma de clasificar los libros, no una forma de condicionar o encasillar a los lectores. La booktuber Michelle Contreras hizo una reseña del libro en su canal Palabras de Otoño, donde gratamente encuentro reflejada esa idea.

¿Cómo nació la idea de crear canciones para acompañar cada cuento?

El resultado del libro es un bello objeto que intenta hacer uso de diversas expresiones estéticas para atraer, cual vampiro, a lectores igualmente diversos. Me encanta la idea Wagneriana de la “obra total”, un producto que integra diferentes artes en las que cada una aporta a la expresión estética final. Entonces en este libro quise hacer un pequeño ejercicio similar, integrando las partituras de melodías macabras, con breves sensaciones que no se pueden escribir con palabras, pero sí con notas. Otra integración mucho más poderosa fueron las alucinantes ilustraciones de Álvaro Gil Buitrago, que son parte fundamental de los cuentos. Álvaro es diseñador, ilustrador y un compañero creativo con el que seguro seguiremos trabajando.

¿Tendrá otros proyectos asociados a la escritura?

Cuando uno abre por primera vez un libro se mete en un viaje a lo desconocido. Creo que cuando uno publica pasa lo mismo, quizá con un mayor nivel de exigencia, pero estoy dispuesto a aprender. Ya tengo unas ideas y borradores sobre vampiros, robots, distopías y otras situaciones con sangre.

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