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La fauna de Amalia Low

Historias llenas de animales y cuadros que explotan en color y expresividad ocupan el quehacer de esta artista colombiana con herencia alemana, quien busca ofrecer una nueva mirada al mundo de niños y grandes.

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Dominique Lemoine Ulloa
03 de enero de 2009 - 04:00 a. m.
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Una pareja de hámsteres vecinos se odian a muerte y se dedican a mandarse las cartas más antipáticas con horribles poemas: “Eres fea, tu cara es aplastada como una oblea”.

Pero un día, el hámster deja de recibir cartas y empieza a sentir  un vacío terrible. Entonces sale de su guarida y cruza el río en busca de su vecina. La encuentra enferma, así que decide cuidarla y se enamora. No más cartas de odio, los hámsteres terminan mandándose poemas de amor.

Cuentos con historias tan hermosas como ésta e ilustraciones llenas de animales llevan la firma de Amalia Low. Esta historia le valió ser seleccionada en Francia entre un grupo de 600 personas por el concurso Figures Futures del Salón del Libro Infantil de París y entrar al mundo editorial de ese país. “Tuve citas con siete editores y a tres de ellos les gustó mi cuento de los hámsteres y las ilustraciones, así que tendré mi primer libro editado en Francia”, cuenta con emoción y sencillez.

De ancestros alemanes, y residente en Suiza por más de 15 años, Low es una pintora e ilustradora colombiana autodidacta, quien reparte su tiempo entre el piano y la pedagogía musical, los lienzos y su familia. Siempre estuvo inclinada por la pintura y las artes plásticas aunque estudió piano en el Peabody Conservatory de Baltimore (Estados Unidos) con “la típica profesora rusa y cruel”, quien, a la vez que le enseñó métodos interesantes, se encargó de tratar de convencerla de que tocaba el piano como el monstruo de las galletas. “Para mí es muy importante una actividad plástica para trabajar con mis emociones, necesito ese vehículo para equilibrarme”, confiesa.

Su pasión viene desde la adolescencia, cuando pintaba cuadros de estilo expresionista, llenos de colores fuertes que manifestaban angustia y dolor, los cuales le valieron obtener una mención en el Primer Salón de Arte Joven de Bogotá. Pero, poco a poco, los colores vibrantes y los animales amigables habrían de manifestarse en sus creaciones. “Durante ese tiempo hice pintura muy angustiada, pero de vez en cuando no me daban ganas de hacer algo así sino que salía algo más humorístico y, poco a poco, empecé a sentirme más en equilibrio”, cuenta Low.


Ahora, y desde hace ya un buen tiempo, conejos de orejas largas que tocan violín en medio de la primavera, gatos metidos entre las cobijas leyendo en un día de invierno, hámsteres que tocan chelo, pulpos que enseñan tap, leones cósmicos y toda una fauna llena de imaginación impregnan los cuadros de Amalia Low. “Son imágenes que nacen de la nada, el tema animal me gusta, me parece tierno, me gusta la forma de los gatos, de los conejos… Yo cojo el lienzo, empiezo a rayar y así empieza a aparecer el personaje, no planeo nada desde antes”.

De este arte pop e infantil, aunque no exclusivamente porque “todos tenemos, menos mal, un niño adentro”, era inevitable que se desprendiera la ilustración de literatura para niños. “La literatura infantil es algo que me fascina y he logrado ser muy cercana a mis hijos gracias a ella. Nuestro plan siempre ha sido arruncharnos a leer. Yo hacía cuenticos informales para ellos pero nunca había pensado en publicar”. 

Haber ganado la convocatoria del concurso de Fundalectura del año pasado fue el punto decisivo para lanzarse de lleno en la ilustración. Hizo los dibujos de Un ángel musical, libro para la promoción de lectura en pequeños, de la editorial McGraw Hill; concursó en las convocatorias de Orilla del Viento y de Norma-Fundalectura con seis proyectos terminados que, si bien no le valieron ningún premio en Colombia, sí le merecieron su futura publicación en Francia. 

 Arte nacido de la emoción desfogada que nos recuerda que todos somos niños, que queremos historias mágicas que nos sobresalten y enternezcan, colores que hablen de otros lugares; a fin de cuentas, que nacen de la imaginación, es lo que hace Amalia Low.

Por Dominique Lemoine Ulloa

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