14 Sep 2019 - 2:00 a. m.

“Los gatos son unos incomprendidos”: Andreina Solórzano

La periodista y presentadora venezolana vive hace casi once años en Colombia y tiene dos gatos: Tomás, un persa que llegó con ella desde su país, y Bella, una criolla que rescató en Bogotá.

La Red Zoocial

Andreína Solórzano viajó a Colombia desde Venezuela con Tomás y adoptó a Bella en Bogotá. / Cristian Garavito - El Espectador
Andreína Solórzano viajó a Colombia desde Venezuela con Tomás y adoptó a Bella en Bogotá. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Quiénes son Tomás y Bella?

Mis gatos: Tomás es mi primer amor, mi primera mascota, un persa que llegó conmigo desde Venezuela, hace más de diez años, y hoy ya es viejito: tiene como doce años. Y Bella, colombiana, es la gata joven, criolla rescatada, extravertida, otra personalidad totalmente diferente.

¿Hay un boom de mascotas en Colombia?

Pues sí es muy diferente que en Venezuela; allá, claro, hay mascotas, pero acá casi todo el mundo que conozco tiene una. Vas a los parques y hay personas socializando con sus perros. Es como más integrado a la cultura. Mi sueño es tener un perro, pero ahora por mi trabajo no he podido, por eso mis gatos son los ideales, porque casi que se cuidan solos.

Dicen que los gatos se llevan las malas energías... ¿Ha logrado comprobarlo con sus mascotas?

Sí, ellos tienen cosas medio holísticas. Por ejemplo, a veces hay gente que llega de visita y ellos son un encanto: amorosos, sociables, se enloquecen de alegría; pero hay otras personas que no les gustan y entonces no saludan y se van. Y esto pasa no necesariamente porque la gente tenga cosas malas o esto, pero ellos son así. Y personalmente lo que he encontrado es que cuando me siento mal, estoy enferma, tengo un cólico o algo así, Bella se me pone en el estómago y su cuerpo me calienta; además hace un ronroneo que da bienestar. Producen una sensación de paz y tranquilidad indescriptible.

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Cuéntenos un mito sobre los gatos que no sea verdad.

Lo más típico que dice la gente es que son traicioneros. No es cierto, lo que pasa es que hay que saberlos leer, ellos tienen sus momentos, pero son los más fieles de todos. Además, me parece lo más injusto de la vida que comparen al gato con el perro, porque son seres distintos. Cada uno tiene sus características, los gatos son unos incomprendidos.

¿Está de acuerdo con volver vegetarianas a las mascotas?

Mucha gente piensa que las mascotas no envejecen, ¿cómo se vive ese momento?

Tomás es mayor pero no parece, él sigue correteando, tiene espíritu joven. Lo que pasa es que ya no tiene dientes y le cuesta más comer, entonces lo que hago es humedecerle la comida, no le doy cualquier cosa porque sé que le hace daño. Él siempre ha sido un antojado y yo le doy un poquito de pollo o atún si lo estoy comiendo, muy poco como para darle ese gusto al antojo... pero ahora estoy más pendiente de esa digestión, porque también vomita y eso es porque está ya viejito.

¿Hay forma de prepararse para la muerte de una mascota?

Con Tomás siento que en cualquier momento se puede ir, entonces ese cariño se me ha mezclado con un poquito de nostalgia. Es que fue mi primera mascota en mi vida, y con él hemos visto pasar a otros gatos: un día llegó un hermanito de Tomás y se murió, también un gato que me dejó un amigo... él ha sobrevivido a varios y los dos hemos estado toda su vida juntos. Lo que trato de hacer es darle lo mejor posible, para que cuando se vaya yo tenga esa tranquilidad de haberle dado una buena vida.

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Muchas mujeres han convertido a sus mascotas en su mejor compañía... ¿Son el mejor remedio para la soledad?

Sí que sé yo de eso, porque cuando llegué a Colombia estaba absolutamente sola. Entonces llegaba a mi casa y primer Tomás y luego Bella me recibían con tanto amor, que me ayudaron mucho. Los domingos todo el mundo estaba con su familia y yo sola, entonces ellos dos fueron mi compañía y me dieron tanto amor, paz y tranquilidad.  Hoy ya mi mamá vive al frente de mi casa ya es diferente, incluso ellos van a visitar a su abuelita. 

Lo mejor de tener una mascota...

Yo siento que ellas son un pedacito de Dios con uno, un amor y compañía incondicional.

Lo más complejo...

No poder poner el mueble que quiero, porque sé que lo van a dañar.

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